Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 5 6
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Capítulo 5 6

Koven Alasdair

JJ tiene pinta de estar a punto de vomitar y Brutus tiene tantas ganas de partirle los dientes a Lucian como yo.

—Tiene mucho aguante —dice Mikel con pesar en el tono.

Ha ganado la puta clasificación, no debería estar aquí. Esto es un puto pulso de poder, porque le hemos ocultado la verdad. Lucian siempre ha sido un gilipollas y ahora es un gilipollas con poder al que quiero matar.

Si no fuera por la rabia que siento ya estaría vomitando.

—Pediría ayuda si la necesitara, es lo que hace —dice Brutus, pero yo no las tengo todas conmigo.

Porque aunque la necesite, si esta es la única manera que tiene de pilotar mañana, Lina pasará por el aro. Y yo voy a morirme escuchando sus gritos.

Veinte putos minutos después empiezan a salir los médicos de la sala. Me choco con uno al entrar dándole un golpe tan fuerte que se estampa contra la pared.

—Está bien —asegura Lucian.

Ni siquiera lo miro.

La encuentro en la camilla en la que la he abandonado, y está ojerosa y pálida como una muerta. El pelo se le ha pegado a la cara y sus ojos ya no relucen en su tono turquesa habitual.

—Puedo correr mañana —susurra con una sonrisa cansada, pero enseguida se desvanece.

La cojo en brazos.

—Te has pasado de la raya —la voz de Brutus es gélida como la nieve y está llena de filos.

—Se que todos tenéis una opinión el respecto, pero según creo no sois vosotros quienes tenéis la última palabra, ¿a que no? Tenía que asegurarme de que no ponía en riesgo al resto de pilotos, podrían habernos demandado por millones. Lo primero es lo primero.

Quiero coger su bastón y atravesarle la puta garganta con él. No, los huevos.

—¿Te puedo coger en brazos? Quiero sacarte de aquí.

—Sí, por favor —su cuerpo tiembla marchitándose en mis manos.

—Koven, he hecho lo que tenía que hacer, no creas que he disfrutado de ello —dice Hendrix, pero ni siquiera espero a que termine de hablar.

Salgo del hospital con ella en brazos y busco un taxi. Uno en el que poder meterme con ella sin soltarla.

—¿Te duele mucho?

—No, ya… estoy bien —está a punto de quedarse dormida, apoyada contra mi pecho. Nunca he sentido tanta impotencia—. Eres… Eres…

—¿Qué dices? —acerco la oreja a sus labios, habla muy flojo.

—Eres mi sueño. Eres más de lo que podría desear y aun así estás aquí… No… No me creo que sea yo la que puede tenerte. Tú, Koven Alasdair… eres mi maldita pole position.

Se deja ir en mis brazos así que no oye lo que le contesto.

Al llegar al hotel, estoy a punto de dejarla en la cama cuando se despierta. Me detengo con ella en brazos, dudoso.

—¿Puedo acostarte? ¿Necesitas ir al baño? ¿Una ducha?

—Cama, por favor. Y… agua.

Sonrío contento de que me pida algo. De que hable siquiera.

Ha estado callada en el trayecto hasta aquí, a medio camino entre el sueño ligero y la vigilia.

Sigue pareciendo tan frágil. Lo odio. Me siento a su lado en la cama y le aparto el pelo de la cara.

Se le ha secado el sudor de la piel, pero su ropa sigue empapada.

—¿Me dejas cambiarte de ropa?

—Con las sábanas serán suficientes.

La desvisto con cuidado. Recorro su piel marcada con los dedos odiando las rojeces nuevas.

Como si no hubiera sufrido ya suficiente.

Me hierve la sangre solo de pensar en la de veces que Ferrinol ha dicho que no hacían falta más pruebas.

Si no fuera porque echaría a perder todo el sacrificio de Lina, le habría dado tal paliza al cabrón de Hendrix hasta el punto de que agradeciera estar en un hospital.

—No quiero que tengas dolor de estómago por esto. Por favor, no lo tengas. Tú tienes que ser el sano de los dos.

Le sonrío, encierro una de sus manos entre las mías y se la beso repetidas veces. Es una suerte que a duras penas abra las ojos porque solo con verme la cara ya tendría la respuesta a eso.

La desnudo y la dejo solo con la ropa interior.

—Lina, escúchame —le acaricio la frente y se la beso—, ¿te han hecho alguna oferta?

—¿Ehhh? —frunce el ceño y cuando entiende el mensaje, abre los ojos.

—Sé cómo te miran el resto de escuderías. Han tenido que decirte algo.

—No pienso traicionar a nuestro equipo. Son familia.

—Lucian no. —No sé cómo cojones voy a volver a mirarle a la cara después de lo de hoy.

Lina hace una mueca.

—Me va a dejar correr. Es todo cuanto quiero, Alasdair. Por favor, vamos a dormir. Estoy muy cansada. —Su tono se vuelve jodidamente convincente cuanto más agudo y triste suena.

No creía que nada en el mundo pudiera dejarla sin fuerzas, pero sí, ha pasado.

Me tumbo a su lado intentando no tocarla mucho. Ella se acomoda contra mí, apoya la cabeza en mi cuello y se queda dormida en mis brazos.

Y yo paso horas concentrado en su respiración.