Capítulo 5 0
Lina Dimettri
P4. Quedo cuarta.
Estoy tan eufórica cuando me bajo del Fórmula 1 que al principio no me salen las lágrimas, solo me río como una puta chalada.
—Muy buen trabajo, Lina —dice Brutus en tono solemne, mientras JJ habla mucho más emocionado.
Pero yo apenas oigo nada más que dos palabras.
—Enhorabuena, Dimettri.
Entonces mis ojos se vuelven dos fuentes. Me bajo del monoplaza y pego el casco contra la carrocería. Lo hemos hecho. Me lo quito y beso el puto alerón delantero.
Siento que hasta el último de los gritos del público son para mí.
Mi corazón sabe bien quién es al primero que busco al llegar junto a mi equipo. Pero Alasdair no está por ninguna parte, así que me toca fingir, cuando abrazo a Brutus, que es él quien me sostiene.
—Sabía que podías —dice JJ, como un juramento y espero no abrazarlo con demasiada fuerza, pero no puedo controlarme.
Su voz se ha cortado a través de la radio antes de oír lo que le pedía, pero sé que estaba apoyándome contra Lucian, igual que Alasdair.
—Lo has hecho muy bien, Lina —oigo la voz del jefe de Leik-GP.
Me giro y antes de que pueda frenarle, me abraza. Lucian huele fuerte a colonia y su cercanía suele provocarme tos, pero esta vez los mocos me sirven de parapeto.
—Gracias por darme la oportunidad. Gracias.
—Has demostrado dar la talla —dice y no suena orgulloso, pero tiene que estarlo, ¿no?
Me ha separado de la P3 0,005 segundos. En cambio de Verxen y Alök han sido dos y tres generosos segundos enteros, respectivamente. Aun así, es mejor de lo que podría haber soñado. No consigo decirles eso a los que se me acercan con cámaras y preguntas, a duras penas me salen las palabras.
No puedo dejar de llorar. La emoción me sobrepasa. Estoy tan contenta.
Me dan varios intentos y logro recomponerme.
—Verxen ha hecho una carrera excepcional. Se merecía ganar. Por algo lleva ganadas la mayoría de carreras esta temporada, tengo mucho que aprender de él —digo al primero que me pone un micrófono en la cara porque lo pienso y porque me urge salir escopeteada hacia el otro lado.
—¿Cómo describirías a Koven Alasdair?
Altura intimidante, mandíbula marcada, tatuajes que nunca enseña del todo, camisetas negras ajustadas, chaqueta de cuero ancha, mirada que disecciona a cualquiera en un segundo… Es un hombre de hielo por fuera, hecho de pura tormenta por dentro y su humor es seco como el desierto.
—Es un gran mentor.
—¿Crees que va a enfadarse porque no hayas llegado al podio?
—Su ceño siempre está fruncido, es difícil distinguir cuando no está enfadado. —Sonrío y me marcho de allí más contenta que unas castañuelas.
El ambiente es increíble. Una de las cosas que más me gustan y más me han divertido desde siempre, es que no somos solo los pilotos los que lo pasamos en grande.
La gente lo celebra como si fueran con nosotros dentro del monoplaza y eso me hace sentir muy especial.
Camino deprisa para llegar hasta donde las cámaras no enfocan, a donde solo esté…
Alastair me ve a mí antes que yo a él. Es más alto de lo que era antes de esta carrera. Por lo menos, cinco metros más. Todavía hay mucha gente cerca, así que su mirada se mantiene severa, rozando la inexpresividad.
—Cuarta posición —oigo el deje de orgullo en el tono, uno que me quema viva.
—¿Decepcionado? —me acerco más.
—Horrores. —Se le curva la sonrisa y genera una inundación inmediata entre mis piernas, y al mismo tiempo un nudo en mi garganta.
—Debería haberme pasado más horas entrenando en el simulador. ¿Qué me lo impediría? —me tapo la boca fingiendo que voy a toser—. Quiero abrazarte, por favor.
Me hace un gesto distante y cordial para que me acerque y aunque yo me aferro a él con desesperación, él se mantiene sereno. Salvo por el ligero detalle que me susurra:
—Siempre supe que podrías hacerlo.