Capítulo 4 3
Lina Dimettri
Han pasado dos días desde la fiesta que Keira y Darcy me montaron para celebrar mi tercera posición en Silverstone. Dos agónicos días en los que Hendrix me ha mantenido lejos del equipo, y con los focos y las cámaras apuntando a mi cara.
No he visto a Alasdair, pero mi corazón se salta un latido cada vez que veo a un tío con una chupa de cuero. Nunca me había fijado, pero en el mundillo de la F1, la gente parece tener predilección por ellas. Está claro que la suerte me persigue, pero yo soy más rápida.
La verdad es que no he dejado de buscarle en todas partes. Lucian me dijo que estaba en Leik-GP, con el equipo, trabajando día y noche. Con tal de mantener la mente y el cuerpo ocupados he ido a entrenar y a practicar con los simuladores, pero no le he visto. Tampoco es que fuera allí por eso.
Lo lógico sería tener un buen equipo en casa o ya puestos, no vivir de alquiler, pero mamá y yo siempre fuimos nómadas.
Teníamos algo parecido a un hogar en Italia, pero rara vez íbamos allí.
Estoy bastante segura de que todo lo relacionado con ese país le recordaba demasiado a papá, y eso le traía sufrimiento.
Por eso lo evitaba con tanto ahínco. Me pone un poco triste no tener un lugar al que volver, al que llamar hogar, aunque de más joven no me importaba. Me pasaba las horas de las comidas hablando con los ingenieros y las noches repasando carreras o entrenando con la Batak Board.
Siempre ha sido uno de mis ejercicios favoritos, así que tengo una en mi apartamento.
La primera vez que Darcy vio esa estructura diseñada para mejorar la velocidad de reacción, la coordinación y la visión periférica de los pilotos, lo llamó el Just Dance de la F1. Estos días no he podido verla, y la he echado mucho de menos.
Desconocido
Lina
Te encantan Keira y Darcy, ¿a que sí?
Estoy segura de que ya tienen todo tu cariño.
Llego a North Star y respiro agradecida por sentirme un poco más en casa, todavía empapada en sudor del episodio que he tenido hace un rato. No pasa nada, el dolor es parte de la vida.
Keira está entrenando en la pista de atletismo y Darcy está con los apuntes de psicología en las gradas, fingiendo que estudia mientras graba a su amiga con el móvil. Se pone muy contenta cuando me ve, como si en el fondo hubiera dudado si iba a presentarme. Me hace cosas raras en el corazón.
Saco mis apuntes de derecho, pero me embobo viendo a la corredora.
—Dios, es rapidísima.
—Por eso está preparándose para las olimpiadas —dice con orgullo—. Si me preguntas a mí, seguro que gana.
Sonrío. Darcy tiene fe en todos. Hay personas que vienen a este mundo a sembrar luz y nada más.
—He oído a Sant Delphi llamarla Lauren. ¿Por qué?
—Es su segundo nombre. Es una larga historia. Muy romántica. Te la contaré algún día.
—Mis padres también tuvieron una historia bonita. Mamá me dijo que sus años más felices fueron antes de que yo naciera.
—¿Eso te dijo tu madre? —Darcy arruga el rostro y se acerca a mí.
—Sí. Estaba loca por mi padre. —Recorro su expresión con la mirada y no la entiendo—. ¿Qué pasa?
—Siempre que mencionas a tu madre… —se revuelve incómoda, como si temiera decir algo equivocado—. No lo sé, Lina, no parecía merecerse todo tu cariño.
—No lo entiendes, ella era dura, pero era buena conmigo.
—¿Tú crees? Porque solo parece cierta la primera parte.
Ahora la que se revuelve incómoda soy yo. Me levanto, molesta.
—No me gusta que hablen mal de mi madre y menos todavía tú. Eres mi amiga, ¿no? Además, tú no la conociste, no estabas allí.
—Vale. Te creo. Lo siento. —Me coge de las manos y tira de mí para que me siente de nuevo—.
Es solo que me gustaría que hubiera usado palabras más amables.
Solo eras una niña. Una increíble con mucho potencial, sí, pero no era eso lo que te hacía merecedora de su cariño.
Y no entiendo cómo su mejor época pudo ser antes de tenerte cuando yo desearía haberte conocido a los tres años.
No puedo evitar sonreír.
—¿Por qué no antes?
—Estaba practicando mi labia y desarrollando mi personalidad, no querría que nadie me pillara en pañales. Literalmente.
Le estrecho las manos.
—A mí también me hubiera gustado mucho.
Pasamos un rato en silencio después de eso. No sé lo que Darcy necesita, pero sus palabras me han emocionado mucho y necesito tiempo para asimilarlas. También para reprimir las ganas de hacerle muchísimos regalos caros. Dios, ojalá se quede a mi lado.
—Eh, ¿y si mañana vamos al centro comercial? Necesito libros nuevos, el último sport romance me duró horas.
—Mañana vuelo a Bélgica —le recuerdo.
—Es verdad, es jueves, ya se me había olvidado. —Hace una mueca—. Odio que viajes tanto, aunque como mujer es genial que hagas historia. —Suspira de forma dramática—. Quizá debería buscarme amigas sosas sin aspiraciones. Por cierto, ¿vas a tardar mucho en contarme lo que te ha pasado con Koven?
—¿Q-qué?
—Venga ya, estáis rarísimos desde que llegasteis de Silverstone y tu fuente ilimitada de halagos hacia su persona está un poco seca. Tanto, que ni siquiera lo nombras.
—Anda, mira, Keira viene hacia aquí —carraspeo y aplaudo a la corredora que, sin saberlo, acaba de salvarme.
—Venga. Dímelo. Ambas nos morimos de ganas por saberlo.
No podré ganar una partida dos contra una.
—Follamos. Una vez. No volverá a pasar. Por favor, no digas nada —susurro a toda velocidad y a mi amiga parece que le explotan los pulmones dentro del pecho y que esa es la única razón por la que ahoga un grito.
—Darcy, ¿estás…? —La chica del pelo blanco frunce el ceño al mirar a su amiga, pero llamo su atención.
—Keira, tengo que pedirte algo importante. ¿Puedes sonreír? —Saco el móvil y le hago una foto—. Bien, ahora solo falta imprimir las camisetas.
La cara de la futura corredora olímpica es todo un poema. Me dan ganas de hacerle otra foto. Entonces me doy cuenta de que está flipando por otra razón.
—Isabella —dice Keira mirando a algún punto más allá de nuestras cabezas.
Frunzo el ceño mientras Darcy y yo nos levantamos.
—¿Quién es Isabella?
—Yo soy Isabella —dice una voz femenina.
Me giro y hay dos chicas desconocidas, ambas sonrientes.
—Ahhhh. —Le devuelvo la sonrisa y hago un gesto con la cabeza a modo de «encantada».
De repente veo que la pobre Keira se ha quedado más blanca que su pelo. Y eso no es todo, la cosa es que Darcy está igual. Entonces tartamudean simultáneamente:
—Eres Ca-Candy.
—Dios mío, eres Candy Forbes.
—¿Quién es Candy Forbes? —susurro a Isabella.
—Yo soy Candy Forbes —dice la otra chica.
—Esto está empezando a parecer una conversación de besugos —admito por lo bajini.
—¡Madre de dios! Eres una leyenda. No he ido a ni una sola fiesta de North Star en la que alguien no te mencione —dice Darcy con estrellitas en los ojos.
—Tus yurchenkos son increíbles —sigue la atleta.
Descubro que Candy es una medallista olímpica a la que Keira llevaba mucho tiempo deseando conocer. Ojito cómo se las gasta North Star.
Las palabras de Darcy se quedan conmigo toda la tarde. Horas después de llegar al pequeño edificio en el que alquilé un apartamento solo porque estaba cerca de la universidad, tengo una idea.
A la mañana siguiente me tiemblan los dedos cuando por fin me atrevo a coger el móvil.
Entro en el chat. En ese que me he quedado mirando noche tras noche sin escribir nada. En ese que ahora está lleno de tumbleweed3. Miento a Alasdair. Además, con descaro. Le digo que no tengo forma de ir al aeropuerto. ¿Y él qué responde?
Alasdair
Alasdair
Llego en cinco minutos.