Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 4 1
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Capítulo 4 1

Koven Alasdair

Brutus y yo llegamos con los demás cuando casi todos han embarcado ya. La veo hablando con JJ con sumo interés. Tiene el ceño fruncido y me dan ganas de ir hasta ella y pasar el pulgar por su frente hasta que se relaje.

Mi campeona. Mi cerebrito de la F1. Qué bien lo has hecho hoy.

De repente, se gira hacia nosotros y me lanza una mirada envenenada.

—¿Pero qué le he has hecho? —murmura Brutus antes de que dejemos de estar a solas.

—¿Dónde estabas?

—¿Cuándo? —pregunto.

—Ahora —su mirada pasa por mi cara buscando pruebas.

En serio, estoy intentando no demostrar que sus deseos de ignorarme después de lo de ayer me han dejado hecho polvo, pero me lo está poniendo difícil.

Nunca he sido fan del contacto físico gratuito, pero con ella es diferente. Me duele el cuerpo de las ganas que tengo de tocarla. Aunque sea cogerle las manos.

—Estaba con Brutus.

—¿Y estás bien? ¿No estás… mal?

—¿Por qué iba a estar mal?

—Por nada, por nada —dice Jonathan Jonathan—. Nadie ha dicho nada raro.

—JJ me ha dicho que has estado enfermo.

Lo deja boquiabierto, y cuando miro a Brutus con recriminación, él se lleva a JJ pasándole un brazo por el cuello. Menuda panda de cotillas.

—No fue nada.

—¿Dónde estabas cuando he llegado al parc fermé?

—Viéndote desde el paddock.

—¿Me estás mintiendo? ¿Te encontrabas mal?

Joder, Lina. ¿Por qué te empeñas en ser tan preciosa? ¿Por qué insistes en destrozarme del todo?

«Última llamada para el vuelo con destino a Indiana» suena por los altavoces.

—Vámonos ya o se irán sin nosotros.

—¿Por qué no me llamaste a mí si estabas enfermo?

No quiero ser ese tío. Ese que no sabe aceptar un no y se toma el más mínimo interés de la otra persona como una chispa que haga arder la llama de su esperanza. No, cuando tenemos que trabajar juntos los próximos ocho meses. Así que le doy lo que necesita de mí.

—¿Por qué iba a hacerlo? Soy tu jefe, no tu amigo. —La dejo atrás sintiéndome como un gilipollas, rezando por haber hecho bien.

¿Pero cuando la veo entrar al avión cabizbaja y los ojos un poco rojos? Dios, entonces me siento la peor escoria de todas.