Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 3 9
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Capítulo 3 9

Lina Dimettri

Silverstone, Reino Unido

Oh. Dios. Mío.

*Infarto*. ¡¡¿TERCERA?!!

El parc fermé es una zona de seguridad y control dentro del circuito donde van todos los pilotos que acaban la carrera y donde se estacionan los coches justo al terminar la carrera.

En cuanto me bajo del monoplaza, miro al cielo y se lo dedico a mis padres.

Me llevo una grata sorpresa cuando veo que buena parte del equipo de Leik-GP está aquí esperándome.

He celebrado victorias antes, pero no así.

Es como si estuviera rodeada de familia, como si no se alegraran por ellos mismos, sino por mí. Nunca he sentido nada parecido.

—Eres increíble.

—¡Ha sido una carrera brutal!

—Te los has comido con patatas.

Los cumplidos se solapan unos con otros y llega un punto que ya no sé a quién estoy abrazando, pero se me saltan las lágrimas.

No dejo de buscar a Alasdair con la mirada, pero no le encuentro.

Pregunto por él entre todo el griterío, pero me felicitan como respuesta.

Me obligan a subir al podio antes de poder encontrarlo.

Es una pena porque a pesar de que tengo muchas personas a las que agradecerle esto, él es el primero de la lista.

El ascensor metálico me lleva hasta el mítico lugar con el que soñé noche tras noche en el hospital.

Oigo los vítores antes de salir y son como una ola que rompe contra mis costillas.

No sé si es la adrenalina o las lágrimas acumuladas, pero tengo un nudo en la garganta y las piernas temblando.

Necesito verte, Alasdair. Esto es gracias a ti.

El público ruge cuando me asomo. Me vuelvo una niña pequeña celebrando su victoria, no puedo parar de reír, gritar y emocionarme. Estés donde estés, mamá, espero haber conseguido una razón para que te sientas orgullosa de mí.

Lean Eriksen y Alexander Olsen aparecen casi a la vez. El público se vuelve loco. Cuando me subo al podio sigo buscando esos ojos azules entre las caras de la gente.

No los encuentro.

Para cuando termina la rueda de prensa, estoy muy agradecida, satisfecha y un poco cabreada. O mucho. ¿Dónde narices se ha metido Alasdair?

Es lo que no dejo de preguntarme cuando vuelvo con el resto acompañada de Lucian, quien ha demostrado lo mucho que le gustan las cámaras.

Yo prefiero estar con el equipo comiendo pasteles alemanes, pero entiendo que es parte del trabajo.

Además, no todos los periodistas son desagradables, algunos no me recuerdan que perdí a mi madre el mismo día que todos dieron por acabada mi carrera.

Al llegar el buen ambiente me recibe como una taza de café caliente, pero verle apoyado en una pared, hablando con Loïuan como si nada, es como una jarra de agua fría acompañada de un manto de cactus y un par de puñales.

¿Acaso no sabe que he quedado tercera? ¿Que me han dado una copa y bañado en champán?

No espero a que terminen de hablar, voy hasta ellos, tiro de su chaqueta para llamar su atención y en cuanto se gira, intento sonar lo más neutra posible, pero me oigo vulnerable, recriminatoria y dolida a rabiar.

—¿Dónde estabas?

—Uy, me llaman creo que tengo que irme a hacer… algo. Lejos. Adiós. —Se excusa Loïuan, en la cúspide de la discreción.

—Felicidades por tu victoria —dice y es como si intentara mantenerse distante, pero el orgullo y la alegría le desbordan los ojos.

—Nuestra —le corrijo, sintiendo como el castillo de naipes de furia se me desmorona.

No hace ningún comentario al respecto, solo alarga la mano hacia mí, como si fuera a acariciarme el brazo, pero se lo piensa mejor.

—Te veré en el avión.

Quiero que me abrace, pero en vez de hacerlo, se marcha.

—Alasdair. —Le sigo, pero alguien me reclama, Lucian, y tengo que frenar mis pasos.

Por suerte él también. Se gira hacia mí, clava sus ojos azules en algún punto de mi rostro y dice:

—Me has estado evitando. He pillado el mensaje —sacude la cabeza—. No quiero estropear tu momento. Has trabajado mucho para llegar a ese podio, Lina. Disfrútalo. Te veo luego.

Se aleja de mí, justo lo que he intentado conseguir todo el día.

Y aun así siento que me están arrancando la piel a tiras.