Capítulo 3 7
Lina Dimettri
No sé qué hacer con mi tiempo. Este rato antes de la carrera siempre se lo dedico a Alasdair, pero hoy no puede ser. Empiezo a deambular por ahí sin rumbo ni sentido.
JJ presencia una de las simpatías de Mikel cuando nos cruzamos poco antes de que empiece la carrera. Lo ignoro y tengo la delicadeza de no escupirle en esa cara de snob que tiene.
—Mikel te tiene envidia.
—Todavía no he hecho nada lo bastante guay para que me la tenga. —Sacudo la cabeza.
—Ya lo creo que sí. Tienes a Koven de tu parte.
Mikel, igual que muchos otros pilotos, estuvo persiguiéndolo durante mucho tiempo, pero Koven ni siquiera le devolvía las llamadas.
En cambio tú sales del hospital y sin saber cómo, lo consigues.
No me malinterpretes, Lina, yo apuesto por ti.
Pero en este ambiente tan competitivo, ya se sabe —se encoge de hombros y se va a lo suyo.
Saco el móvil a la desesperada.
Darcy
Lina
Rápido, ¿cómo evito una sesión de telemetría juntos?
Darcy
¿Una qué?
Lina
Rápido!!!!!!!!!
Darcy
Cuando quiero evitar algo que no quiero hacer finjo estar enferma.
O dolores menstruales, eso suele incomodar mucho a la peña.
Estamos hablando de Koven?
Por qué quieres evitarlo?
Lina
Es una larga historia y no tengo tiempo
Y esa excusa no me sirve!!!!
Darcy
Solo se me ocurre UNA razón por la que no te serviría.
Y es que ÉL sepa MÁS de ti de lo que debería.
NECESITO DETALLES CON URGENCIA!!!
Guardo el móvil cuando lo veo de espaldas. Y menuda espalda. Parece una montaña. Una a la que quiero hacerle cosas.
—¿Cómo lo llevas? —le pregunta Brutus sin dejar de mirar los monitores.
—Bien.
—¿Y tu estómago?
—Estoy bien.
¿Su estómago? ¿Le pasa algo? ¿Ha ocurrido algo que yo no sepa?
—¿Estás malo, Koven? —pregunta un tío que trabaja mucho con JJ, cuyo nombre no recuerdo.
Alasdair maldice a Brutus con una mirada.
—Estoy perfectamente. ¿Dejamos el tema?
Carraspeo para llamar la atención del hombre que llevo horas evitando a toda costa.
—Habíamos quedado para… —No termino la frase.
Él suelta un «sígueme» monocorde y se va sin despedirse de nadie. Brutus me lanza una mirada de «siento la que te espera, maja», pero me lo merezco porque si está así es todo culpa mía.
—Loïuan quería acompañarnos. Aprender de lo que hacemos en las sesiones de telemetría —digo a la desesperada, en voz alta para que los dos implicados en esa frase me oigan.
—Lo siento, Lina, George me necesita. Otro día me das esa clase magistral —Loïuan me guiña el ojo y con una mueca de disculpa se larga en dirección a todo su equipo.
Me muero de la vergüenza a un nivel de «tierra trágame» como poco.
La mirada que me lanza Alasdair es equiparable a que te caiga un rayo en plena tormenta. Más bien dos rayos. Quizá tres.
Creía que me esperaría en la puerta obligándome a lidiar con su cercanía y su mirada recriminatoria, pero cuando entro en la sala, él ya está junto al ordenador.
Este tipo de salas de telemetría siempre me han parecido demasiado grandes para su utilidad, pero hoy tengo la sensación de que las paredes se me echan encima.
—Cierra la puerta —dice en tono inexpresivo, rellenando las claves para que se abran las pantallas adecuadas.
Revisar carreras anteriores con él solía darme paz. Es algo que hacemos en otros momentos, pero siempre, siempre, antes de una carrera. Una tradición que hoy no me apetece nada.
Alasdair mira el asiento a su lado y me percato de que aún sigo de pie.
—No me vendría mal estirar un poco las piernas antes de la carrera.
Vuelve la vista al monitor y oigo un par de clics del ratón.
—¿Y desde ahí cómo vas a ver las gráficas?
La verdad es que no. Carraspeo y ocupo el asiento intentando alejarlo un poco de él en el proceso sin que se note. Se nota y cuando me siento el olor a cítricos, a limpio y a hombre me asfixian las neuronas.
La última carrera es una peliaguda y aunque hemos hablado mucho de ella, no la habíamos analizado juntos al detalle… Por el accidente. Tengo que empezar a perderle el miedo a esa palabra.
—Centrándonos en las primeras vueltas, ¿sabes cuáles fueron tus errores?
Me quedo mirando su perfil cuando habla y desvío la mirada cuando me toca hablar a mí. Analizamos hasta la vuelta número siete. Tres minutos y medio, eso es todo cuanto soporto.
—¿Sabes? No he podido dormir mucho esta noche, ya sabes, los nervios antes de la carrera.
—Tú, tú y tú, impregnado en mis sábanas—.
El caso es que he estudiado mucho esta carrera en concreto y creo que preferiría irme a meditar antes que repetirlo todo otra vez.
—Ya me estoy levantando—. Puedo pasarte mis propias gráficas, si quieres.
Y si te viene bien, podrías enviarme un email con las conclusiones que saques.
Alasdair no mueve ni un músculo.
Intento traspasar esa máscara de inexpresividad para saber si le parece bien o no, pero no logro hacerlo.
—¿Hay algo que quieras decirme, Lina?
Sacudo la cabeza desde la puerta.
—Ya te avisaré si hay algo de lo que quiera hablar. Hasta luego, Koven.
Venga, si te esfuerzas, puedes estar todavía más rara.
Ya estoy subida en el monoplaza cuando le oigo a través de la radio.
—Lina.
Todo mi cuerpo se tensa con el sonido de su voz. Es tan profunda y gutural que me eriza la piel con solo cuatro letras, sobre todo, esas. Giro la cabeza en su dirección, en el pit wall.
—¿Sí, jefe?
Endurece la mandíbula.
—Céntrate en la carrera.
—¿En qué iba a centrarme si no?
No responde. Me revuelvo incómoda por el poco espacio que tengo y salgo del box a pista obligándome a sacar todo el ruido de mi cabeza fuera del monoplaza.