Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 3 6
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Capítulo 3 6

Koven Alasdair

El domingo me levanto con una sonrisa de tonto cosida en la cara que no puedo con ella. Y parecía que nada podía quitármela, pero desaparece del todo cuando me doy cuenta de que Lina me está evitando.

Mierda.

Es evidente que se arrepiente de lo de ayer, porque esta mañana en los entrenamientos pre-carrera que hago con ella, apenas me ha mirado.

Por no hablar de que también ha invitado a Loïuan y JJ, cosa que nunca hace, con tal de no estar a solas conmigo.

Y estaba más que desesperada por meterlos en la conversación. O mejor dicho, en no hablar conmigo.

Por ejemplo, antes de subirse a la cinta de correr he visto que tenía una de las deportivas desabrochadas y me he agachado delante de ella para atarle los cordones, ha saltado como un gato asustado.

Ha empezado a hablar de las ventajas de correr descalza y cuando estaba a un par de metros de mí, se los ha atado a toda prisa.

Ha sido doloroso de ver.

El resto de la mañana trabajo en algunos asuntos de entrenador que no consiguen ocuparme en absoluto la cabeza en una sala cualquiera que me ceden y al acabar me acerco al box. Lina y yo solemos calmar los nervios de los domingos estudiando carreras pasadas, aunque dudo que hoy le apetezca.

Me la encuentro en un pasillo cualquiera.

—Ho-hola. Voy a… Brutus creo que me necesita. Hasta luego.

Doloroso.

—Lina.

Mi voz suena más severa de lo que pretendía y ella da un respingo, casi como si me tuviera miedo. Estoy a punto de decirle que entre a la sala conmigo cuando Hendrix aparece de la nada y se la lleva para que le infle el ego a no sé qué inversor de Leik-GP.

Odio lo aliviada que se muestra ella ante la idea.

—Es curioso, ¿no crees? —Mikel Andrews pasa por delante de mí segundos después y yo sigo anclado en el pasillo.

—¿El qué?

—Lina no ha hecho ni diez carreras, ¿y ya ha acabado el hospital? Pfff, qué mal pronóstico de temporada. ¿Será por eso que te evita?

Le lanzo una mirada que haría callar a cualquiera con dos dedos de frente.

No es su caso.

—Empiezo a pensar que eres la cruz de los pilotos con potencial, y no la estrella. Al final va a resultar que me libré de una buena cuando no me elegiste.

Aprieto los puños y hago algo que haría sentir orgulloso a mi terapeuta, Beckham.

Me largo en vez de dejar a Leik-GP sin un piloto.