Capítulo 3 4
Koven Alasdair
Sábado, horas después de la clasificación.
Yo venía a hablar con ella, solo a hablar. Así que no sé cómo he acabado abriéndola de piernas contra el escritorio de su habitación de hotel y frotando mi erección contra su centro.
—Vamos a ver, te estaba diciendo que el programa de mañana…
—Quiero que me folles con la rabia con la que me odiabas —susurra de forma obscena.
—Joder, Lina. Yo nunca te he odiado.
—Me gustaría quitarme la camiseta, ¿puedo hacerlo? ¿O vas a pedirme que me la deje puesta cuando la tenga a medias de quitar?
—Dimettri.
—¿Y las bragas? Me gustaría que las vieras, pero no sé si me dará tiempo a bajarme…
Tiro de su culo y la froto contra mí con severidad.
—Ya solucionamos ese tema.
—Sí, pero sorpresa, sorpresa, puedo seguir siendo odiosa, esta vez por las razones correctas. —Saca la lengua y la desliza por mi mandíbula, probándome despacio como si fuera un puto helado.
No debería tocarla.
No deberíamos seguir con esto.
No está bien. Nada bien.
—Me gusta que me aprietes tanto contra ti, que me claves los dedos como si temieras que fuera a desaparecer. —Se inclina hacia delante para rozar sus pechos contra mí—. Es muy sexy.
Los pezones se le marcan a través de la camiseta y creo que podría morirme. Pero hay mucha distancia entre nosotros. O debería haberla. Diez kilómetros como mínimo. O diez mil.
—Nada sería suficiente —susurro succionando la piel de su cuello.
—¿Piensas dejarme chupetones por todo el cuerpo o hacer que me corra? —pregunta en tono divertido y cantarín cuando me alejo.
La beso hasta perder el norte, hasta que gime, hasta que se enreda en mí con desesperación.
—Voy a esperar a que estés tan mojada que lo único que salga por tu boca sean súplicas porque tome lo que es mío. A ver quién de los dos puede ser más odioso. —Mezo sus caderas contra mí.
—¿Lo que es tuyo? —susurra y temblorosa se sacude por la fricción que se está llevando su clítoris—. En tus sueños, chaval.
Le subo la camiseta hasta que sus pechos quedan al descubierto y succiono sus pezones de manera reverencial mientras mis afortunados dedos se cuelan en su centro.
Con un par de centímetros compruebo que está mojada. Mucho. Está tan lista que la polla me da una sacudida brusca en los pantalones. ¿Su piel va a dejar de ser tan jodidamente suave y dulce en algún momento o me voy a tener que morir?
—Serías más convincente si no fuera por la erección que noto contra mí. Dudo mu… mucho que puedas aguantar hasta… ahhh, que yo suplique.
Tiene razón, si se hace la dura no voy a aguantar una mierda. Pero no importará porque si me corro volveré a estar duro en cero coma.
Lina se retuerce contra mí, su perfecto coño palpitando cada vez más deprisa contra mis dedos que no dejan de penetrarla. Se me va a ir la puta olla.
—La tienes muy gruesa y larga. Podrías callarme con ella si me la met…
Curvo los dedos y acelero el ritmo en que se los meto y los saco.
—Qué sabrás tú sobre cómo tengo la polla, Dimettri. —La ataco con la rabia que me da no estar de rodillas con la cara enterrada entre sus muslos.
Antes de que se corra salgo de ella y llevo los dedos hasta su mejilla. La acaricio con ellos, humedeciéndole la cara.
—La he sentido contra mí en anteriores ocasiones —responde aprovechándose de la fricción contra mí, la que sea.
—Sé una buena chica y pídemelo. —La acaricio por encima de la tela notando como se humedece gracias a esas dos palabras.
Se le acaba la rebeldía cuando mi pulgar dibuja círculos preciosos contra su clítoris hinchado y sensible. Lo único que quiero oír el resto de mi vida es a Lina gemir.
—Tú ganas, por favor, te lo suplic…
Le succiono el pezón con un hambre que debería darle miedo y esta vez cuando encuentro su entrada le meto los dedos hasta el fondo.
—¿Tres? ¿Puedo meterte tres?
No responde, así que no lo hago.
Ni siquiera tengo oportunidad de desvestirla del todo. Lo estoy haciendo mal, pero es que necesito que me empape los dedos, necesito sentir cómo el orgasmo le retuerce hasta las entrañas.
Entonces pasa. La forma que me aprisiona contra ella, que se desborda de placer perdiéndose en un beso sucio contra mi boca, me deja sin palabras. Que le den por culo a la Fórmula 1, esta es mi nueva pasión.
Lamo su sabor de mis dedos fingiendo tener algo de control mientras ella se recupera.
—Bien. Ahora podemos empezar a jugar en serio.
—¿Empezar? —se baja del escritorio rozándose contra mí—. Pero si yo ya he acabado. —Se desnuda de cintura para abajo y dice dándome la espalda—. Voy a darme una ducha.
Tiro de ella y mi intención solo era atraerla hacia mí, pero opone resistencia y acabamos en la cama. Enseguida nos hace girar. Se tumba sobre mí haciendo uso de su fuerza y habla a un palmo de mi boca.
—No me gusta que me den órdenes, Alasdair. Y vas a aprenderlo por las buenas o por las malas.
Intenta quitarse de encima, pero pongo las manos en su culo para impedírselo.
—¿Y si prefiero entenderlo por las malas?
—Entonces vas a estar duro muchas más veces de las que te vas a correr.
—¿Y si a mí solo me importa que te corras tú?
Se petrifica. Se queda sin fuerzas al tiempo que se abren los ojos tanto que pasan a ocuparle toda la cara. Pero no con sorpresa, con miedo. Si me preguntas a mí, alcanza un nivel nuevo de belleza.
—¿Q-qué acabas de…? ¿Qué?
Tiro de ella. La hago resbalar por mi cuerpo hasta que su delicioso centro está en mi boca. Una vez allí, le succiono el clítoris antes de que tenga oportunidad de encontrar las palabras que le faltan.