Capítulo 2 4
Lina Dimettri
Darcy.
Darcy está aquí. Junto con otros dos desconocidos. Un tío altísimo y fuerte de narices y una chica monísima que reconozco de las fotos de Instagram.
Mi buena amiga colisiona contra mí al darme un abrazo y enseguida empieza con las presentaciones.
—Él es Alek Sant Delphi —Darcy señala al tío buenorro que por lo visto es profe en la uni en la que estudio.
Es evidente que derecho no tiene salida laboral. ¿En qué estaba pensando? Mmm, ¿qué dijo Darcy que enseñaba este hombre? North Star, solicito un cambio de grado pero ya.
—Hola, encantada, he oído hablar mucho de tus dóberman.
—Es algo que me dicen a menudo. Es un placer, Lina Dimettri —la forma que tiene de darme la mano y de pronunciar mi nombre me hace sentir importante, como si molara o algo.
No habrá oído las noticias. Mi carrera está acabada.
—Y ella es Keira L. Sant Delphi. Mi hermana, aunque no le gusta reconocerlo —dice Darcy y puede que esté fatal que sienta una punzada de celos porque la llame hermana cuando solo son amigas, pero la siento y mi humor cae un par de escalones más hacia el infierno.
—Hola, encant… —dejo de hablar cuando lo primero que hace la preciosa chica de ojos azules y pelo blanco es desabrocharse la chaqueta y enseñarme la camiseta con la que llevo durmiendo dos semanas.
Esa en la que se puede leer «odio a Koven Alasdair».
Me quedo sin palabras. Boquiabierta y muda. Keira se pone roja. Darcy la mira con orgullo.
—Soy tu fan —dice Keira—. Eres un alucine absoluto.
—¿Q-q-quieres ser mi hermana también? —tartamudeo tan flojo que creo que no lo oye.
Y menos mal, de hacerlo tendría que mudarme de continente.
Por suerte, Alasdair ha escogido ese momento para carraspear ofendido y la pobre Keira ha tenido que desviar su atención hacia él.
—¿Presión de grupo? —ladea la cabeza en plan «¿me perdonas?», pero en los brazos de su marido no parece que nada malo pueda pasarle.
—Como excusa deja mucho que desear —dice él.
—No necesita ninguna excusa. —Darcy ancla su brazo con ella y conmigo, y luego lanza una mirada desafiante a Alasdair—. Nosotras tenemos claro lo que significa ser un equipo. Vámonos, chicas, vamos a ver las instalaciones de Leik-GP.
—Uy, no lo sé —giro sobre mis talones y lo busco a él—.
¿Puedo ir, jefe? ¿O cambiarás de opinión y me harás volver antes de que llegue a ninguna parte?
Quizá podría enseñarles todo esto si tu vinieras conmigo.
O quizá la única opción que tenga sea dejarte hablar a ti.
Porque en este equipo solo tú tomas las decisiones, ¿verdad?
No he tenido nada más que inexpresividad monosilábica exasperante durante días, así que digamos que me sorprende mucho cuando la máscara se rompe y su expresión se llena de enfado, me coge de la muñeca y tira de mí sin miramientos.