Capítulo 7
Lina Dimettri
Me levanto con todo el cuerpo temblando.
Los recuerdos que intento bloquear se suceden ante mis ojos como flashbacks. Sacudo la cabeza intentando que algo me ancle al presente.
—Dimettri. —La voz de Alasdair me ayuda sin saberlo.
—Estoy bien, no ha sido nada. —Me giro al oír las sirenas de la ambulancia—. ¡Estoy bien! Estoy bien… Joder, qué idiota soy.
Llego al pit wall y me disculpo con Brutus y Lucian por lo que acabo de hacerle al coche.
—No es nada que no se pueda arreglar —dice Lucian—. Lo importante es que tú estés bien.
Pero esos ojos azules que se acercan a mí como la tormenta, no parecen opinar lo mismo.
—Has hecho unos muy buenos tiempos —dice JJ, todavía un poco pálido.
Casi como si creyera que iba a palmarla o algo. El dolor de cabeza que me acompaña cada día me late en el cráneo avisándome de lo que estar por venir.
¿En serio? ¿Ahora? Desvío la mirada en busca de un lugar por el que escabullirme sin llamar mucho la atención.
—Podrías haberlo hecho mejor al principio, con los duros. Te has distraído —me recrimina Alasdair desde las alturas y su cuerpo de montaña reduce el tamaño del mío al de un mosquito—. Y luego lo has vuelto a hacer.
—Señor Alasdair, he hecho buenos tiempos, ¿no es lo importante?
—No. Y no me llames eso.
—Como dijo Sonny Hayes, nadie puede elegir sus apodos —sonrío, pero él no me corresponde.
—¿Te lo tomas a broma? Conduces como si tuvieras prisa por morir joven.
—¿Tú única manera de comunicarte son los comentarios mordaces?
—Mucho talento y poca paciencia. Es una muy mala combinación a trescientos veinte kilómetros por hora.
—Trescientos cuarenta y dos, en realidad.
—Si la arrogancia sumara puntos…
—Solo estaba constatando hechos. No me gusta que me subestimen. —El dolor de cabeza aumenta, no me queda tiempo.
Mierda, mierda.
—No voy a subestimarte nunca, Lina Dimettri. Y tú no vas a mentirme. ¿En qué estabas pensando?
—En eso no —digo sintiendo que la palabra que evito, ese recuerdo y todo lo que vino después, es tan impronunciable como Voldemort en Hogwarts.
—He dicho que no me mientas —reprocha en tono más grave y seco—. Lo que he hecho ahí fuera, lo de distraerte, ha sido como ponerle ruedines a tu puta bici para que no te cayeras. No puede volver a pasar.
—¿Soy la primera piloto con la que trabajas que tiene ruido en la cabeza después de un accidente?
Dios, que no digas esa palabra, Lina. Voldemort, ¡Voldemort!
Se acerca más a mí. Tanto que puedo contar las motas grises y blancas que arañan la belleza de su iris azul. Es una suerte que el resto del equipo esté muy ocupado yendo a ver el estado del coche como para reparar en nosotros.
—No. Eres la primera piloto con la que acepto trabajar después de jurar por mi vida que no volvería a esto.
El corazón se me contrae con violencia. Durante un segundo lo único que oigo son nuestras respiraciones.
—Estaré a la altura —prometo.
Asiente despacio. Todavía no va a tirar la toalla conmigo. Menos mal.
—Si te digo que aceleres, tú aceleras.
—Con todos mis respetos, soy yo la que conduce.
—¿Y eso significa que lo sabes todo?
—No, pero si voy a matarme por un error, más me vale que sea yo quien lo cometa.
Sé que la he cagado a lo grande en cuanto esas palabras salen de mi boca, pero no tengo tiempo a solucionarlo porque se larga.
Decirle eso a alguien como él, sabiendo por qué dejo el mundillo, es de ser una idiota rematada.
Pero no puedo perseguirle. La cabeza me da el último aviso y sé que debo buscar una sala donde esconderme antes de que pase.
Me empapo en sudor por el miedo a pesar de que sé que no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Cierro la puerta y mi infierno se desata.