Capítulo 3
Lina Dimettri
Termino el entreno antes de que amanezca. Hoy es un día importante y quería calentar motores antes de empezar.
Ser parte de la F1 no es moco de pavo. Y no lo digo por tener que desarrollar mi cuello hasta que parezca una columna romana, que también.
La fuerza física que te exige es casi inalcanzable para mí.
*Casi* es la palabra clave. Tanto que a veces me creo a todos esos que dicen que el cuerpo de la mujer no está biológicamente hecho para esto.
Si me oís reconocer eso en voz alta alguna vez, pegadme un tiro, gracias.
—¿Cómo me has visto, Arnold? —le pregunto a mi fisio, un hombre casado, con dos hijas, que lleva trabajando conmigo meses.
—Mejor que ayer y peor que mañana —me guiña el ojo y salgo del complejo deportivo.
Siempre sabe cómo darme ánimos.
Antes de subirme al coche, recibo un mail de mi profesor de derecho civil diciendo no sé qué sobre un examen. Pero si acaba de empezar septiembre, hombre.
Estudio en la UINS, la Universidad de Indiana - North Star. Voy a dos asignaturas por año, así que dentro de mil seré una mujer hecha y derecha graduada en derecho. Nunca mejor dicho.
Es una estupidez, una que no necesito, pero alguien a quien quería muchísimo le habría encantado verme allí.
Alzo la vista al cielo y sonrío.
—¿Y quién soy yo para negarte nada, a ver?
Me subo al coche y arranco.
Le pido a Alexa que me cuente todo lo que sabe sobre Lucian Hendrix, a quien he apodado como «mi salvador». No porque no sepa todo lo que hay que saber, sino porque me relaja oírlo mientras veo el logo de Leik-GP acercándose en el horizonte.
«El gran piloto tuvo que despedirse de su exitosa carrera a los veintiséis años, cuando un accidente fatal le destrozó el brazo y la pierna derecha, incapacitándolo de por vida».
—Alexa sáltate los detalles de ese día —pido apretando el volante, evitando esa palabra que empieza por «acci».
También veto impacto, mortal, hospitalización y similares. Ninguna son bien recibidas en este coche.
«Pocos pudieron prever que su mentalidad de ganador lo llevaría a otro tipo de éxito dos años después» dice Alexa en tono monocorde.
«A los veintiocho compró la escudería de Racing Z Pro, que se encontraba en su punto histórico más bajo, haciéndole dudar al público si merecía codearse con la élite de la F1.
La escudería renació bajo el nombre de Leik-GP con un nuevo equipo y un nuevo coche para competir que ha dado la talla desde entonces».
Le pido que me repita esa última parte hasta que llegamos.
Me vibra el móvil cuando aparco.
Doctora Ferrinol
Doctora Ferrinol
Estoy muy orgullosa de ti, Lina.
Mucha suerte hoy.
Tienes que molar mucho para que la doctora que te salvó la vida se acuerde de tus momentazos importantes. Le doy las gracias y salgo del coche.
Entro en las instalaciones y me dicen que me están esperando. Un tío simpático con acento sueco me lleva hasta el otro lado de las instalaciones, donde está el circuito, el coche y el equipo. El box. Estaba preparada para ver a Lucian Hendrix, pero es evidente que no para verle… a él.
Koven Alasdair.
Piernas kilométricas. Una espalda ancha adornada con un par de hombros fuertes. Tatuajes hasta donde alcanza la vista. Una chupa de cuero. Y lo peor de todo: unos ojos azules hipnóticos y odiosamente bonitos.
«—Alasdair debería llevar gafas de sol, mamá —digo señalando el televisor.
—¿Por qué, tesoro? —Me acaricia la espalda junto a mí, en el sofá.
—Para ocultarlos. ¿No sabe que la gente que le rodea se juega la vida y que las distracciones se pagan caras?».
Si a Lucian Hendrix lo considero mi salvador, este tío lo sigue de cerca. El director de la escudería me dejó claro que solo me dejaría ocupar la vacante en Leik-GP si Koven me aceptaba. Estuve a punto de ir a su casa a suplicar, pero Lucian dijo que ya lo había convencido él.
—¡Pero mira quién ha llegado! —Hendrix acalla al resto del equipo con una carcajada sonora y se acerca a mí para estrecharme la mano—. ¡Nuestra nueva estrella!
El equipo empieza a aplaudir y yo no sé dónde meterme. Son tan majos que oigo algún que otro «ha venido para llevar al equipo a la cima» y también «estás estupenda, Lina». Si no fuera por el aura gélida que noto taladrándome la mejilla derecha, ya me sentiría como en casa.
—Muchísimas gracias. Me muero de ganas de trabajar con todos vosotros.
—El coche ya está preparado, ¿qué te parece si calentamos motores y damos algunas vueltas? —propone Lucian y se me hace la boca agua.
—Me encantaría —incapaz de seguir oponiendo resistencia, desvío la mirada hacia Alasdair justo para descubrir que está mucho más cerca que hace un segundo.
—Fallo mío, no os he presentado oficialmente —dice Lucian y acto seguido me da una pequeña lista de cosas por las cuales este tío es la hostia.
Finjo no saberlas para no asustar a nadie. Me fascina saber más de lo que demuestro. Es como guardarte un as en la manga por si acaso.
Llega más gente, patrocinadores, y Lucian se acerca para recibirlos, pero yo me quedo donde estoy. Extiendo la mano hacia Koven antes de que se alargue el silencio.
—Muchísimas gracias por la oportunidad. No te defraud…
—No te he dado ninguna oportunidad —Alasdair dirige sus ojos de hielo y nieve hacia Lucian, pero pronto vuelve hasta mí—. ¿No te lo ha dicho?
—¿Decirme el qué? —me revuelvo nerviosa dejando caer un poco la mano.
Alasdair se acerca más a mí. Tanto que el olor especiado y cítrico que desprende me inunda los pulmones. Delicioso.
—Solo me he comprometido a estar aquí una semana. Dudo que necesite mucho tiempo para averiguar si lo que sufriste te dejó lo bastante hecha polvo como para que lo único que puedas hacer en la pista sea estorbar.
Alzo la barbilla aceptando el reto.
—Ardo en deseos de demostrarte que no.
Coge mi mano y la estrecha con firmeza. El contacto altera todas las células de mi ser como si las quemara.
Como si evaporara el oxígeno que tengo dentro del cuerpo.
Lo que sea que desprende este hombre, provoca que una vibración desconocida reverbere por mi piel y siento cómo se me ponen las orejas rojas.
Esto podría ser un problema.
Se la suelto en cuanto puedo. ¿Qué me acaba de pasar?
Es evidente que a este tío no le va hablar del tiempo ni trivialidades, y que su actitud hostil me ha dejado sin temas de conversación, así que tras una sonrisa incómoda me dispongo a seguir a Lucian, *el simpático del grupo* para que me siga presentando a gente.
No llego hasta él. Tropiezo con el cable de una manguera de aire comprimido, pero me recupero rápido. Mi dignidad no tanto.
—¿Le estás suplantando la identidad a Lina Dimettri? —la voz de Alasdair me llega desde algún lugar por encima de mi cabeza.
—Soy un poco torpe fuera de la pista.
—¿Un poco? Eso es ser generosa —alza una ceja de manera tan insolente que quiero caminar hasta él y bajársela con el dedo.
Nada hacía flaquear mi sonrisa, pero eso era antes de estar cara a cara con él. El peso de su mirada intimida a rabiar. Es como si estuviera viendo mis peores momentos y mientras hace una presentación Power Point me señala con el dedo diciendo «¿ves? Fallaste justo aquí».
—¿Sabes quién soy? —pregunta y tengo que esforzarme mucho en reprimir la carcajada.