Eres mi ilusión (Sweet Meadows 6) 37 River
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RIVER

Me desperté de golpe cuando el agua helada impactó en mi cara.

Me costó dos segundos enfocar la mirada en los dos hombres que se encontraban frente a mí con sonrisas burlonas.

Sus rostros empezaban a amoratarse de la pelea que había tenido lugar en casa de Kaia, y el mío debía presentar una apariencia similar.

Moví mis brazos con brusquedad para descubrir que estaba atado de manos, pero no de pies. Ellos sonrieron más, como si eso les hiciera mucha gracia.

Paseé la mirada por la sala vacía y polvorienta sin ver a los demás y mi mente comenzó los cálculos de forma automática. Estaban armados; veía los objetos que sobresalían de la cinturilla de sus pantalones. Sin embargo, podía con ellos dos, aunque uno de ellos fuera una montaña andante.

Antes de que pudiera ponerme en pie, otro más accedió a la sala. Su lenguaje corporal me indicó que se encontraba confiado y relajado. Sus ojos se posaron sobre mí y soltó una carcajada antes de escupir a mis pies.

—Es hora del reencuentro.

Los otros dos me sujetaron cada uno de un brazo y me alzaron con facilidad. Trastabillé los primeros pasos para hacerles creer que me encontraba débil, cuando la realidad era que la adrenalina fluía por mis venas y estaba preparado para enfrentarme a ellos.

Dejé que me arrastraran por un pasillo oscuro y estrecho; uno soltó una risita por lo bajo cuando llegamos a la única puerta cerrada y mi corazón se detuvo cuando la empujó y dejó a la vista lo que había al otro lado.

—¡River!

Kaia se llevó ambas manos al rostro y sus ojos espectaculares me devolvieron una mirada de terror, una muy parecida a la que había visto en el rostro de mi hija un rato antes.

La busqué por la habitación y me tranquilizó no encontrarla allí. Eso significaba que había logrado escapar y que probablemente Zion ya estaría al tanto de lo ocurrido.

Quien no esperaba descubrir allí fue a Marco, que permanecía junto a Kaia. ¿Lo habían secuestrado también?

Mi chica dio un paso involuntario hacia mí, pero él la detuvo. Clavé mi mirada en la persona que había trabajado con ella durante tanto tiempo y una carcajada resonó en la estancia. Grant avanzó hacia el centro, se detuvo junto a ellos y alzó una mano hacia el rostro de Kaia.

—Ni se te ocurra tocarla —gruñí entre dientes.

Eso provocó que su risa se intensificara y que Marco murmurara algo por lo bajo. Ella intentó apartarse de ellos, pero no se lo permitieron. Sus ojos verdes brillaban con furia y miedo y los dirigía una y otra vez entre las personas que nos encontrábamos allí.

—Ahora que ya estamos todos, podemos empezar la reunión. —Grant les hizo un gesto a los dos imbéciles que todavía me sujetaban para que me acercaran al centro de la sala.

Kaia se sacudió del agarre de Marco y mi antiguo jefe fue el que le colocó su mano encima, lo que hizo que saliera disparado hacia él, aunque sus hombres lograron evitar el impacto.

La osadía fue castigada con un puñetazo en la cara y el grito de terror de Kaia, que se quedó inmóvil a escasos centímetros de mí.

Marco volvió a agarrarla del brazo y Grant negó con la cabeza.

—Solo quiero que hablemos.

—No pienso hablar de nada contigo —escupió ella.

Sentí una punzada de orgullo, aunque enseguida fue reemplazada por una oleada de miedo cuando Marco la zarandeó de mala manera. Kaia le dedicó tal mirada llena de desdén que él se puso rojo y temí que fuera a atacarla.

—¿Qué quieres, Grant? —Lo último que me apetecía era seguirle el juego, pero no podía permitir que ella saliera herida de ese encuentro. Necesitaba hacerme con las riendas de la situación para sacarla de allí lo antes posible.

—Tu chica va a tener que formar parte de la reunión si queremos que esto salga bien —suspiró él de forma teatral.

—Me querías a mí y ya me tienes. Ella no tiene nada que ver —mascullé.

—¡No! —Kaia intentó zafarse de nuevo de Marco y él la zarandeó sin miramientos. Ella lo miró a los ojos con una expresión herida—. ¿Por qué haces esto? Pensaba que éramos amigos.

—Lo somos.

Grant se echó a reír, pero Marco permaneció serio con la mirada fija en Kaia. Su mandíbula tensa reflejaba la furia que sentía, así como algo más, aunque no me permití adivinarlo porque necesitaba alejar la atención de ella.

—¿Qué quieres, Grant? —Hice un esfuerzo por centrarme en él.

—Quiero que vuelvas al equipo, por supuesto, pero también estoy interesado en la empresa de tu chica.

—No es su chica —siseó Marco.

Grant enarcó una ceja en su dirección, Kaia volvió a tirar de su brazo para que la soltara y yo apreté los dientes como nunca para no reaccionar como un salvaje, que era lo que mi cuerpo me pedía.

—Tenía entendido que vivían juntos.

Conocía ese tono. Grant lo utilizaba cuando quería manipular a alguien, cuando se burlaba de una persona para después demostrarle quién mandaba allí.

Lo más inteligente era no responder, permanecer callado, bajar la cabeza y dejar que charlara cuanto quisiera.

De esa forma la tormenta pasaba antes y no había tantas consecuencias; al menos eso era lo que siempre me había funcionado.

Sin embargo, Marco cometió el error de dar un paso hacia él y bajar la guardia con Kaia.

—Solo se instaló en su casa cuando quemé su cabaña roñosa. De no haberlo hecho, jamás se habrían acercado de nuevo —gruñó con el rostro enrojecido.

Eché un vistazo a los dos imbéciles que todavía me sujetaban; ellos también estaban distraídos con la conversación, y confirmé que los demás se encontraban apoyados en la pared más lejana. En guardia, aunque a varios metros de distancia, y por lo que había visto, ninguno llevaba armas de fuego.

—Trabajan codo con codo —continuó Grant sin perder su sonrisa.

No esperé a que Marco fuera tan idiota como para responder; salté hacia delante, lo pateé en la rodilla para que cayera al suelo y me situé delante de Kaia, que me rodeó con sus brazos. Sentí su rostro en mi espalda mientras su cuerpo temblaba, aunque su agarre era firme.

—Sabes de lo que soy capaz, así que diles a tus perros que no se acerquen ni un milímetro más —advertí con voz letal.

—Ahí está mi River. —Grant se relajó en lugar de tensarse, al contrario que todos los demás. Su sonrisa se amplió y me miró casi con admiración—. No he encontrado a nadie como tú. Te necesito de nuevo en mis filas, como mi mano derecha.

—Yo soy tu mano derecha —gruñó Marco con la mirada fija en él.

—Eres un buen soldado, pero nunca estuviste a su altura. Entenderás que quiera al mejor a mi lado.

—Llevo años trabajando para ti, haciendo todo lo que me pides, viviendo como quieres que lo haga. —Marco empezó a temblar de rabia—. Te lo he dado todo para obtener esta posición, incluso a ella.

—Y has hecho un buen trabajo. —Grant le dio una palmada en el hombro antes de centrarse en mí de nuevo—.

¿Seguimos con la reunión? Estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo.

Todos saldremos ganando con este trato. Tú vuelves conmigo y tu chica me entrega su empresa y a cambio yo prometo no volver a acercarme a este pueblo.

—¿Igual que lo prometiste hace diez años? —siseé.

Grant soltó una carcajada.

—Cumpliste tu parte al confesar un crimen que no habías cometido para que yo dejara a tu chica en paz.

Y por eso no le hice nada todos estos años, pero no contaba con que crearía una empresa tan exitosa en tan poco tiempo.

—Se acercó un paso más a nosotros—. Conoces mis negocios, sabes que necesito blanquear mi dinero y que estas compañías son perfectas para ello.

Tengo hombres infiltrados en las mejores del estado y la de tu chica es solo una más.

—No es cierto. —Kaia me soltó para salir de detrás de mi cuerpo y encararlo con rabia—. Wildwood Constructions es una empresa pequeña, familiar. No contamos con cientos de trabajadores ni movemos tanto dinero como la mayoría.

—Pero es confiable. Es la que mejor nota tiene, la que deja a sus clientes más satisfechos, lo que lleva a que la lista de espera sea cada vez más larga. Además, todos los proveedores quieren trabajar con vosotros.

—¿Cómo sabes todo eso? —murmuró ella acongojada.

—Marco es un gran compañero. —Grant le pasó un brazo por encima de los hombros, pero él se lo sacudió—.

Al principio estaba designado a la empresa en la que conociste a River, pero luego lo mandé contigo.

Lo hice solo porque no tenía ningún otro negocio al que enviarlo y resultó ser la mejor decisión de todas.

—No pienso darte mi empresa. —Kaia pronunció las palabras de forma lenta y clara.

Grant sonrió de lado y yo me tensé.

—Creo que vas a cambiar de opinión muy rápido.

Mis instintos me hicieron actuar sin pensar. Salté hacia delante para que no pudieran llegar hasta ella e impacté contra Marco. Caímos juntos al suelo y, a pesar de que continuaba con las manos atadas a mi espalda, fui capaz de golpearlo con la cabeza antes de ponerme en pie.

Kaia soltó un grito cuando los otros dos cayeron sobre mí.

Pateé como un animal salvaje, logré quitarme de encima a uno y fui a por el segundo, pero un puñetazo impactó en mi rostro.

Marco sonrió de lado cuando caí al suelo de espaldas y los otros dos me levantaron mientras mi chica trataba de zafarse del agarre de otro más, que la mantenía alejada de mí.

Grant le lanzó una navaja a Marco, que la agarró al vuelo.

—Ya sabes lo que tienes que hacer.

—Quiero una garantía de que no seré reemplazado como tu mano derecha —masculló él.

Él sonrió todavía más.

—De ti depende. Haz un buen trabajo y serás recompensado.

Marco le devolvió el gesto. Menudo idiota, ese desafío iba a costarle la vida y ni siquiera era consciente de ello. Abrió la navaja, la acercó a mi cuello y rasgó mi camiseta ante el grito de Kaia.

Rompió la tela con ambas manos, de forma que dejó mi torso al descubierto y me dedicó una mirada triunfal.

Mi chica detuvo sus gritos cuando vio las heridas ensangrentadas que había recibido en su casa, meros cortes superficiales, pero de los que había brotado el líquido rojo.

Su piel empalideció, sus ojos se volvieron vidriosos y su cuerpo se paralizó.

—Estoy bien —aseguré sin apartar mis ojos de ella. Los suyos volvieron a mi rostro y me confirmaron que no me creía—. De verdad.

—Pero pronto dejará de estarlo si no accedes a mi petición. —Grant sonrió casi con amabilidad—. ¿Me entregas tu empresa a cambio de mantener a tu novio con vida?

—No —respondí yo por ella.

Marco negó con la cabeza, acercó el cuchillo de nuevo a mi cuello y esa vez lo deslizó con suavidad sobre la superficie. Apenas sentí dolor, pero Kaia gritó de nuevo al ver el reguero de sangre que se deslizaba por mi pecho.

—¡No! ¡Para, por favor! ¡No le hagas daño!

—Intentó luchar contra el hombre que la sujetaba, aunque era mucho más corpulento que ella y no logró soltarse de su agarre.

Se movió frenética con la mirada clavada en mí, una llena de terror—.

¡Por favor! ¡No me importa mi empresa! ¡Es tuya, pero no le hagas más daño!

Marco clavó un poco más la punta, furioso por sus palabras, aunque Grant lo detuvo con una sonrisa.

—En ese caso, formalicemos el acuerdo.

Sacó unos papeles del bolsillo trasero de sus pantalones, los desdobló y se los tendió a Kaia junto con un bolígrafo.

—No firmes nada, Kaia —gruñí mientras tiraba de mis brazos sin éxito.

Marco volvió a acercarme el cuchillo al cuello y ella agarró los papeles con rapidez.

—Kaia, no lo hagas —siseé con la mirada fija en su cuerpo tembloroso.

La punta de la navaja se clavó una vez más en mi piel, pero no me importó. Lancé una pierna hacia atrás para patear a uno de ellos, que soltó un alarido de dolor, y yo me quedé sin aliento cuando Marco apretó un poco más contra mi piel ya perforada.

Ella firmó el documento de cualquier manera y se lo devolvió a Grant, quien sonrió satisfecho.

—Ha sido un placer hacer negocios contigo, Kaia. —Luego se volvió hacia nosotros—. Soltadlo.

Dos pares de manos lo hicieron al instante, pero Marco no se alejó. Su mirada se volvió más oscura, sus labios formaron una sonrisa y el cuchillo se deslizó de nuevo por mi piel, esa vez con mucha más fuerza.

El grito de Kaia acompañó mi caída al suelo y silenció el resto de sonidos. No sentí el golpe, tampoco ningún dolor que no fuera el que se extendía por mi cuello. Mis ojos la buscaron con frenesí porque temía no volver a verla.

Allí estaba. Corría hacia mí con el rostro desencajado y esa mirada verde tan increíble llena de lágrimas.