Eres mi ilusión (Sweet Meadows 6) 36 Kaia
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Habíamos organizado todas las herramientas en dos montones; uno contenía las que todavía podíamos utilizar y el otro las que tendríamos que reemplazar lo antes posible. También habíamos hecho una lista con los materiales que necesitábamos ese mismo día.

—Me encargaré de llamar a todos nuestros proveedores en cuanto abran —comentó Marco. Él, igual que yo, iba lleno de polvo y tierra—. ¿Estás segura de que no quieres que avisemos a la policía?

—La señora Bells se muere de ganas de volver a su casa. No quiero que la fecha se vea atrasada por algo que de todas formas no va a solucionar nada.

Volví a mirar el reloj. Necesitaba ponerme en marcha si quería que nadie notara mi ausencia.

—Ve tranquila, seguiré recogiendo hasta que lleguen los chicos. —Mi amigo sonrió.

Mi teléfono se encendió en el bolsillo de mi pantalón.

Fruncí el ceño al ver que se trataba de Zion. Descolgué la llamada y no tuve tiempo ni de responder antes de oír su voz.

—¿Kaia?

—Claro, me estás llamando a mí —respondí sorprendida.

—¿Dónde estás?

Dudé un segundo, solo uno, lo que tardó en volver a gruñir.

—¿Dónde narices estás?

—En una de mis obras —admití con un suspiro.

—Envíame la ubicación.

Zion no estaba de buen humor y eso sumado a esa llamada solo significaba que River se había despertado sin encontrarme y que se había puesto en contacto con él. Aunque me extrañaba que no me hubiera llamado él mismo. Entonces recordé que me había llevado el único teléfono que había en casa.

—No hace falta, vuelvo ahora mismo.

—No, quédate ahí hasta que vaya a buscarte.

—No seas ridículo, necesito volver a casa ahora para llevar a Farren al colegio. —Puse los ojos en blanco cuando Marco me miró y me dedicó una sonrisa amable.

—Farren está con Reid.

Mi abdomen se contrajo.

—¿Qué hace con él a esta hora?

—Ha ocurrido algo. Te lo contaré cuando te recoja.

Esa sensación amarga se intensificó.

—Zion. —Mi voz tembló pese a mis esfuerzos por mantener la calma. Marco frunció el ceño y se acercó a mí—. ¿Qué ha pasado?

—Unos hombres entraron en tu casa y Farren salió corriendo mientras River se enfrentaba a ellos.

Abrí la boca para decir algo, pero ningún sonido salió de ella. Mi amigo agarró mi teléfono y conectó el altavoz.

—Hola, soy Marco. ¿Qué ocurre?

—¿Qué hacéis ahí tan temprano? —rugió Zion.

—La alarma de la casa saltó hace unas horas. Un animal salvaje entró y ha causado un desastre. Dime en qué puedo ayudar.

—En nada, voy para allá. Dame la dirección.

Marco empezó a dársela, pero lo interrumpí.

—¿Dónde está River?

—No lo sé. Espera a que llegue y…

—¡No voy a esperar aquí! ¡Necesito ver a mi hija y encontrar a River!

Salí del garaje sin importarme que Marco todavía sujetara mi teléfono.

Oí sus pasos rápidos a mi espalda y las voces de ambos mientras discutían.

Alcancé mi coche y traté de desbloquear las puertas, pero las llaves se escurrieron entre mis dedos.

Solté una maldición que se mezcló con una especie de sollozo, pese a que no había lágrimas en mis ojos, y volví a intentarlo, esa vez con éxito, pero Marco me quitó las llaves de un movimiento.

—Iremos en mi coche.

—¿Zion está de acuerdo? —pregunté sin aliento.

—No, pero sé que no puedes esperar a que llegue, así que te acercaré donde me digas.

Entramos en su vehículo y tomé una bocanada de aire mientras nos poníamos en marcha.

—A casa de Reid —murmuré sin fuerzas.

Él asintió, me dio una palmada en la pierna y luego agarró el volante con ambas manos. Recuperé mi teléfono y llamé a mi amigo, que respondió al primer tono.

—¿Kaia?

—¿Dónde está Farren? —Mi voz tembló de nuevo.

—Está con Eden en la cocina —susurró—. Está bien, solo asustada por lo ocurrido. Y muy preocupada por River.

—¿Qué ha pasado?

—Te daré todos los detalles en persona. ¿Dónde estás? Zion casi incendia el pueblo al enterarse de que no estabas en casa.

—Necesito hablar con ella.

—Voy a buscarla.

Asentí a pesar de que no podía verme. Esperé unos segundos hasta que oí una respiración al otro lado del teléfono.

—Ma…

Se me rompió el corazón al oír su voz.

—Pequeña, ¿cómo estás?

—Bien, pero River no lo está. Eran muchos y tenían armas. —Farren se echó a llorar—. Ma, tenemos que ayudarlo.

—Lo vamos a hacer —aseguré con un hilo de voz.

Sentía una presión muy fuerte en el pecho, la garganta y detrás de mis ojos.

—Tío Reid fue a buscarlo cuando llegué a su casa, pero no lo encontró. Esos hombres se lo llevaron y le estarán haciendo mucho daño.

—River es el hombre más fuerte que conozco. Y sabe cuidar de sí mismo. —No sé si lo dije para convencerla a ella o a mí misma.

—Nos necesita. Me dijo que me fuera para pedir ayuda a tío Reid, pero no sirvió de nada.

—Eso no es cierto, cariño. Aunque Reid no lo encontrara en casa, ahora ya lo está buscando junto con Zion. Y ellos lo van a encontrar muy rápido.

—¿Lo crees de verdad? —Su vocecilla se clavó en mi corazón.

—Lo sé a ciencia cierta. Farren, tus tíos son los mejores y estoy segura de que ya deben tener alguna pista. Pásame a Reid.

—¿Dónde estás?

—Estaba en una de las obras. Voy de camino a casa, no tardaré nada en llegar.

—Vale. —Oí como sorbía una vez más—. Te quiero, ma.

—Y yo a ti, cariño. Más que a nadie.

—Zion está que trina porque no lo has esperado para volver. —Oí como Reid daba unos cuantos pasos—. ¿Habéis salido ya de allí?

—Sí, Marco está conduciendo lo más rápido posible. —Le lancé una mirada y él asintió con una expresión seria antes de concentrarse de nuevo en la carretera.

—Me alegro de que no estés sola, aunque no deberías haberte marchado sin avisar. Zion me ha puesto al día de todo.

—Era muy temprano, no quería molestar a nadie y solo iba a ser un momento. —Me pasé una mano por la cara—. Hablaremos cuando llegue.

—Ten cuidado.

Dejé el teléfono entre ambos asientos y solté una bocanada de aire. Luego cerré los ojos, traté de no pensar en nada e ignoré el dolor que me perforaba el abdomen cuando mi imaginación me devolvía una película de lo que habría ocurrido en mi casa en mi ausencia.

Sabía que Grant estaba detrás de todo, que quizá estuviera castigando a River por no dar su brazo a torcer. Y como yo, Zion también pensaría lo mismo y ya se habría puesto en marcha para encontrarlos a ambos.

Dios, esperaba que River estuviera bien, que ese hombre solo quisiera asustarlo, que mis hermanos lo encontraran lo antes posible.

Ahora que todas las piezas del rompecabezas parecían haber encajado, necesitaba más que nunca que todo funcionara. Nos merecíamos nuestra oportunidad, merecíamos ser felices juntos, los tres.

Abrí los ojos cuando noté que nos desviábamos hacia la derecha y me encontré con un camino desconocido. Uno muy estrecho de tierra en el que nunca me había fijado a pesar de hallarse en la carretera por la que pasaba cada día.

—¿Marco? —murmuré confundida.

—Es un atajo. Da al bosque que hay detrás de tu casa. Así no tendremos que pasar por el pueblo.

Asentí, aunque mi abdomen se contrajo inseguro.

Contemplé el paisaje durante varios minutos antes de volver a hablar.

—¿Cuánto queda para llegar?

—Unos dos minutos.

Fruncí el ceño. No sabía a qué altura nos habíamos desviado, pero para llegar en dos minutos deberíamos encontrarnos ya dentro de Sweet Meadows.

El camino se ensanchó un poco, los árboles se fueron espaciando y un edificio bastante grande apareció frente a nosotros. Parecía una nave industrial, aunque no había ningún cartel que lo identificara. Marco detuvo el coche frente a la puerta metálica y sonrió.

—Necesito hacer una parada muy rápida.

Agarró ambos teléfonos, que descansaban juntos entre los asientos, y salió del vehículo. Comprobé que se había llevado las llaves con él, así que me apeé yo también. Esa sensación cruda se había intensificado hasta ocupar todo mi cuerpo.

La puerta metálica se abrió antes de que Marco llegara hasta ella y el mismo hombre que había acudido a mi oficina el día anterior se detuvo frente a nosotros.

—Qué alegría verte por aquí, Kaia.