Eres mi ilusión (Sweet Meadows 6) 32 Kaia
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Llegamos al bar cogidos de la mano. Reid enarcó una ceja al vernos y Nyla sonrió de lado. El rostro de Farren se iluminó, acudió a nosotros a la carrera y chocó contra mi abdomen. River mantuvo mi equilibrio con su propio cuerpo tras el mío.

—¿Sois novios?

Lancé una mirada hacia atrás y me mordí el labio inferior al ver que sus orejas comenzaban a enrojecer.

—No lo hemos hablado —admití como si nada.

—Los amigos no entrelazan los dedos. —Mi hija señaló nuestras manos unidas—. Y sois mayores.

—¿Qué significa eso? —Fingí ofenderme.

—Que nadie os obliga a daros la mano como sí hacen con nosotros en clase de educación física.

Farren me soltó al fin, dio un paso hacia River y lo miró sonriente.

—¿Os vais a casar?

Su expresión no varió, aunque vi el pánico en su mirada, lo que me provocó una carcajada.

—Vas demasiado rápido. ¿Por qué no acompañas a River hasta nuestra mesa?

—Pero Reid está en la barra.

—Recógelo también.

—¿Vas a convocar una reunión? —Sus cejas se alzaron hasta el cielo—. ¿Para contarles a los demás que ahora sois novios?

—Algo así.

Ella me devolvió una sonrisa algo demoníaca antes de aferrarse a River y arrastrarlo con ella.

Nyla, Atlas y Reid los siguieron con la mirada hasta la barra; el más simpático de los tres asintió cuando mi hija le dijo algo y los acompañó hasta nuestra mesa mientras los demás alternaban su atención entre nosotros.

Saqué mi teléfono del bolsillo y seleccioné el contacto de Zion.

—Tengo que hablar contigo —dijo él a modo de saludo.

—Nosotros también.

—¿Nosotros?

—River y yo. —Hubo un silencio corto—. Te esperamos en el bar.

Soltó una mezcla de gruñido, suspiró y colgó.

Al pasar por delante de la barra, Nyla me cerró el paso.

—¿Tienes algo que contarme? ¿Has averiguado algo más?

—Todo.

—¿Y?

—Zion está de camino. Necesitaré que distraigas a Farren para que podamos hablar con él.

—Ni hablar, que lo haga Reid. Yo quiero enterarme de todo.

Puse los ojos en blanco.

—Eres la única que puede distraerla durante más de tres minutos sin que se percate de ello.

—Lógico, la ha enseñado la mejor. —Nyla sonrió antes de lanzar una queja lastimera—. Pero cuéntamelo todo después.

Saludé a Atlas con la cabeza de camino a la mesa. Reid sonreía divertido, Farren charlaba sin parar y River parecía estar a punto de salir huyendo.

—Puedo ayudarte con el anillo, ¿sabes? Conozco a mi madre mejor que nadie —estaba diciendo el pequeño terremoto.

—No va a haber ningún anillo —suspiré al sentarme con ellos.

—¿No quieres casarte? —Mi hija me miró sorprendida.

—No lo sé, pero desde luego todavía no. —Me volví hacia River—. ¿Todo bien?

Él solo asintió. No parecía molesto ni afectado; al menos su rostro no mostraba nada de eso, aunque sus hombros estaban algo tensos. Coloqué una mano sobre su pierna y la suya la cubrió de inmediato.

—¿Cómo ha sido? —inquirió Farren.

—¿El qué?

—¿Cómo os habéis hecho novios?

—No nos hemos hecho novios. Los adultos no se hacen novios.

Mi hija miró a Reid.

—¿Tú no le pediste a tía Eden que fuera tu novia?

—No exactamente. —Él disimuló una sonrisa traviesa. Le di una patada por debajo de la mesa y soltó una carcajada—. No hace falta hacer esa pregunta para iniciar una relación.

—¿Y cómo sabe la otra persona que ha entrado en ella? —Mi hija nos miró a los tres con su ceño fruncido—. Sé que no es con un beso porque tía Nyla le dio besos a muchos chicos antes de que llegara tío Atlas y no eran sus novios.

—Eh —se quejó ella. Acababa de aparecer con algunas bebidas.

—Es verdad.

—Quizá sea al revés —sugirió Reid—. Puede que ella tuviera que dejar claro que ese beso no significaba algo serio.

Farren lo pensó durante un instante y su rostro adquirió un deje de pánico.

—¡Necesito ir a buscar a Logan!

—¿Quién es Logan? —Dos voces masculinas gruñeron al unísono. Reid y River se miraron con el ceño fruncido.

—¿Has compartido un beso con ese tal Logan? —Nyla se sentó junto a Farren sonriente.

—¡Me lo robó en el pasillo! ¿Ahora soy su novia? —preguntó horrorizada.

River se tensó a mi lado y Reid se puso en pie de un salto.

—Voy a averiguar ahora mismo quién es ese mocoso —masculló furioso antes de desaparecer a toda velocidad.

Nyla se echó a reír como una loca, Atlas llegó hasta nosotros sin saber qué estaba ocurriendo y River estaba a punto de lanzar la mesa por los aires.

—¿Qué pasa? —preguntó el recién llegado.

—Farren ha dado su primer beso y Reid ha perdido los papeles —resumió Nyla.

—No se lo di, me lo quitó. Por eso se llevó una paliza después.

—Bien hecho. —Mi amiga alzó su puño para que mi hija lo chocara—. ¿Qué le hiciste?

—Le di un puñetazo en el cuello, como me enseñaste.

Santo Dios.

—¿Se lo dijiste a la profesora? —pregunté.

—Claro que no, ma. No soy ninguna chivata, aunque el muy idiota se fue llorando porque decía que no podía respirar, así que la directora me llamó a su despacho y le tuve que decir el motivo de mi puñetazo.

—Farren negó con fastidio—. Nos castigaron a los dos, pero a él le quedó claro que no podía ir robando besos por ahí.

Cian me dijo que había hecho lo correcto.

—Así que Cian, ¿eh? —Nyla le pasó un brazo por encima de los hombros y la atrajo hacia su cuerpo—. ¿Es tu novio?

—¡Qué asco, tía Nyla! ¡Claro que no! Es mi amigo.

—¿Estás segura de ello?

—Nyla —suspiré.

Mi hija le dedicó una mueca de disgusto.

—Jamás voy a tener un novio. Huelen mal, son idiotas y les falta medio cerebro —sentenció con una seguridad apabullante.

—Solo los adolescentes apestan —aclaró Atlas.

Farren lo miró un instante antes de acercarse a River y enterrar su cara en su cuello. Hasta yo la oí aspirar con fuerza.

—Tienes razón. —Colocó una mano en la mejilla de su padre—. Tú hueles bien, Riv.

Él asintió, más tenso que un palo.

Zion se detuvo frente a nosotros y contempló durante más tiempo del necesario a River. Nyla se levantó como un resorte.

—¡Mierda! ¡Hoy debía hacer el inventario del almacén!

Todos la miramos con distintos grados de sorpresa.

—Yo te ayudo, tía Nyla.

—Menos mal. Vamos.

Atlas las siguió hacia la barra y nosotros nos quedamos a solas.

—Primero vosotros. —La voz de Zion fue grave y algo tensa.

Miré a River de reojo, sujeté sus dedos bajo la mesa y asentí.

—Hoy he recibido una visita inesperada. Un hombre que se ha hecho pasar por un cliente —aclaré tras soltar una bocanada de aire.

—Su nombre es Grant Olson y es el líder de una organización criminal en Bartlett.

Zion frunció el ceño, yo contuve el aliento y River procedió a contarle todo lo que me había explicado hacía poco más de media hora.

Mi amigo le hizo mil preguntas que él respondió con una calma fingida mientras el otro lo anotaba todo en una libreta.

Riv le contó todos los detalles sobre la organización, describió a Grant y le habló de algunas tareas que solía hacer para él cuando formaba parte de su equipo.

También relató lo ocurrido la noche que lo detuvieron y mi abdomen se contrajo cuando analizaron la escena del crimen.

Pasaron más de veinte minutos antes de que Zion se diera por satisfecho con su explicación.

—He averiguado algo más sobre esos contratos —comentó de pronto.

—Eso no es importante ahora —aseguré. ¿Qué me importaba en ese momento haber sido engañada por unas decenas de dólares? Había un criminal que quería apoderarse de River.

—Creo que podría estar conectado.

—Esos contratos son previos a la llegada de River.

—Grant tiene varias empresas fantasma relacionadas con la construcción con las que blanquea su dinero —admitió él—. Todas ellas con sede supuestamente en Bartlett.

—Hay algo más. —Zion deslizó un documento sobre la mesa en nuestra dirección—. Esta otra empresa también fue arrastrada a este lío. Firmó varios contratos con estas compañías fantasma sin saberlo. Cuando se dio cuenta de que algo no cuadraba, comenzó a investigar y poco después la empresa cerró.

—¿Quebró? —Mi corazón se saltó un latido.

—No, el dueño sufrió un accidente laboral y murió.

Se hizo el silencio de nuevo, esa vez uno mucho más denso.

River apretó una de mis piernas con su mano.

—¿Puedo ver la información que has recopilado? —preguntó en un susurro letal.

Zion asintió, le ofreció una carpeta llena de documentos y durante unos minutos nadie habló. Riv hizo dos montañas con los papeles y su mirada se centró en mi amigo.

—Estas empresas son de Grant. Ya las tenía cuando trabajaba para él. —Puso su mano sobre el montón más pequeño—. Estas otras no las conozco, pero tienen su firma.

—No lo entiendo, esto es anterior a tu llegada —murmuré con un hilo de voz.

—Creo que Grant ha estado utilizando tu empresa por el mero hecho de pertenecer a la construcción y estar ubicada cerca de su núcleo de acción.

Lo miré con un nudo en la garganta.

—Lo más probable es que Bobby también estuviera en su punto de mira y lo hiciera quebrar —añadió mi amigo.

—¿Bobby? Él cerró porque quiso jubilarse antes de tiempo… —Me detuve al comprender que aquello había sido muy extraño. Nuestro antiguo jefe adoraba su trabajo. ¿Por qué querría abandonarlo antes de tiempo?

—Quizá Grant metió a alguien allí cuando me condenaron —sugirió River.

Era posible. Cada año entraba alguien nuevo al equipo.

—¿Cuál es el siguiente paso? —River se adelantó a mi propia pregunta.

—Hablaremos con la policía y le entregaremos toda la información recopilada. —Zion se volvió hacia él—. ¿Estás dispuesto a colaborar?

Asintió una única vez.

—¿Podemos hacerlo mañana? Me da la sensación de que han pasado quinientos años desde que salí de casa a primera hora.

Ambos fruncieron el ceño, aunque mi amigo accedió.

—Pero no iréis a trabajar. Os recogeré en tu casa e iremos juntos a la comisaría.

—Necesito abrir la obra antes. Solo yo tengo la llave; de una de ellas al menos. Marco tiene la otra porque la ha cerrado hoy para hacerme un favor.

—En ese caso te llevaré. —Decidió Zion. River gruñó por lo bajo y él lo miró—. Os llevaré a ambos.