26 Kaia
KAIA
Tras esa primera noche en la que nos habíamos dejado llevar y River me había contado algo más sobre su pasado, había llegado a pensar que no tardaría en contarme el resto, en darme los detalles que necesitaba para adivinar en qué narices estaba metido.
Sin embargo, la realidad había sido muy distinta, hasta el punto de que mi paciencia casi infinita se estaba agotando y me costaba mantener la calma en su presencia.
El muy terco no soltaba prenda. Daba lo mismo si lo intentaba con amabilidad, si trataba de acercarme más de la cuenta, si buscaba una forma más ligera de hacerlo; nada lo instaba a compartir ni una pizca de información.
Lo castigué con mi silencio durante las dos horas que trabajamos en aquel lugar mientras nuestros compañeros charlaban animados.
Les gustaba que me uniera a ellos y procuraba alternar mi presencia entre ambos grupos según los proyectos, así como variar algunas posiciones para que todos trabajaran con todos.
El ambiente se había aligerado tras aquella discusión a raíz del robo de material que no llegué a denunciar para no perder tiempo, ya que eso habría implicado otro retraso adicional en la obra.
Preferí perder ese dinero que quedar peor con el cliente y de paso meternos en un lío de papeleo que no necesitaba en ese momento cuando ya tenía facturas y contratos que no cuadraban.
Eso me pasaba por querer gestionarlo yo a pesar de que la empresa había crecido mucho durante los últimos años.
Si supiera delegar, no tendría que encargarme de lo que más odiaba y menos conocimientos tenía.
Vamos, que era hora de revisar de nuevo las cuentas y pensar en ampliar un poco más el equipo, y no solo el que me acompañaba a las obras.
Intenté concentrarme en mi faena, lo intenté de verdad, pero su rostro ceñudo volvió a mi mente junto con esa expresión oscura que había mostrado al atender esa llamada de teléfono en el coche.
¿Con quién había hablado? ¿Con un antiguo compañero de prisión que ya había sido puesto en libertad? ¿Con alguien de la organización criminal a la que había pertenecido? ¿Con la persona que lo vigilaba desde la distancia?
Me había fijado en el coche que había conducido junto a la obra pocos días atrás.
Se trataba de otro distinto al de la primera vez, pero también había pasado muy poco a poco a la altura de River.
Como si quisiera entregarle el mensaje de que seguían sus movimientos.
Y también había visto su respuesta: su cuerpo se había tensado, su mirada se había detenido varios segundos en el conductor del coche y luego me había buscado casi con ansiedad, como si temiera que me hubiera dado cuenta de todo.
Me centré en mi trabajo antes de que sus ojos se posaran sobre mí, aunque no sé por qué lo hice. Quizá de lo contrario me habría contado quién era esa persona y por qué trataban de intimidarlo.
Solté un sonido de incredulidad que llamó la atención de mis compañeros, incluido River.
Sonreí de lado, negué con la cabeza e hice un gesto con la mano para indicarles que no me hicieran caso. Ellos sonrieron como si les hiciera gracia mi comportamiento, mientras que mi gruñón favorito frunció el ceño sin comprender qué pasaba por mi cabeza.
Ni siquiera yo misma lo sabía porque mi enfado hacia él ya había vuelto a desaparecer.
Una vez más, lo único que me apetecía en ese momento era acercarme de nuevo a su cuerpo y molestarlo un poquito para sacarlo de quicio con la esperanza de que sus ojos me dijeran lo que él no quería pronunciar con sus labios.
Siempre me había ocurrido lo mismo; me costaba mucho enfadarme y, cuando lo hacía, se me pasaba enseguida, algo que mis amigos y mi hija adoraban.
Dieron las cinco y todos nos apresuramos a guardar el material, lavar las herramientas y recoger lo que habíamos dejado por el medio.
Mis chicos desaparecieron con rapidez, ávidos por volver a sus casas dada la temperatura gélida de esa tarde, y yo me encaminé hacia el coche con un River incómodo detrás de mí.
Nos acomodamos en nuestros asientos; él encendió el motor y yo regulé la calefacción antes de ponerme una manta sobre las piernas.
Esperé su comentario sobre ello, pero no llegó.
Su mirada estaba fija en la carretera, sus manos apretaban tanto el volante que sus dedos permanecían blancos y su expresión mostraba una frustración exagerada.
Parecía un niño pequeño al que habían amonestado con dureza tras una travesura de la que se avergonzaba y arrepentía.
¿Cómo iba a permanecer enfadada con él cuando su imagen me llevaba a querer abrazarlo?
Solté un suspiro algo teatral para llamar su atención y procuré que mis facciones no delataran mis sentimientos.
Uno de sus ojos se fijó en mí durante un instante antes de volver a la carretera.
Abrí la boca para soltar la primera estupidez que se me ocurriera y acabar así con ese ambiente que aborrecía, pero mi teléfono fue el que rompió el silencio.
La llamada se descolgó de forma automática y se conectó a los altavoces del vehículo.
—¿Has terminado de trabajar? —preguntó Zion sin molestarse a saludar.
—Sí, vamos de camino a casa.
—Dirígete al bar. He encontrado información sobre los contratos que no cuadran.
—¿Son muy malas noticias? —Me mordí el interior de la mejilla nerviosa y River volvió a mirarme de reojo, esa vez más preocupado que frustrado.
—Te lo contaré todo cuando llegues. Nos vemos en unos minutos.
Me quedé con las ganas de replicar y hasta estuve a punto de llamarlo de nuevo para hacerlo, pero no serviría de nada. Zion no era muy amante del teléfono a pesar de que lo utilizara para trabajar.
—¿Son los mismos contratos de los que me hablaste hace varias semanas? —La voz de River sonó más suave de lo habitual y algo más gruñona también.
—Sí, pertenecen a empresas con las que no suelo trabajar y no recuerdo haberme puesto en contacto con ellas, al menos no con todas ellas.
Mi gestor necesita más información y no sé de dónde sacarla, así que le pedí a Zion que les echara un vistazo.
—Me mordí la lengua para no incluir una frase del tipo: «Aunque no debería contarte esto porque tú no me cuentas nada de tu pasado.
» Luego suspiré—. No es gestor ni abogado, pero se le da bien encontrar información.
—Podría ayudarte. Intentarlo al menos —aclaró en voz baja.
—También podrías hablarme de tu pasado.
Sus labios formaron una línea fina y sus dedos apretaron de nuevo el volante. No respondió y yo tampoco volví a hablar hasta que detuvo el coche frente al bar de Nyla.
—Solías decir que nuestros pasados no importaban —murmuró antes de que pudiera abrir la puerta.
Me volví hacia él y lo contemplé un instante antes de colocar mi mano sobre la suya, que descansaba en su muslo.
—Y no importa, al menos de la forma que crees.
No quiero saber qué te viste obligado a hacer para sobrevivir; lo que busco es comprender con qué tipo de gente estuviste y si esas personas todavía intentan ponerse en contacto contigo.
Si son las causantes de que terminaras en la cárcel, si continúan pendientes de ti, si estás en peligro.
Movió la cabeza como si no diera crédito a mis palabras y luego se movió tan rápido que me cortó la respiración. Su rostro apareció a escasos centímetros del mío, una de sus manos tomó mi mejilla y sus ojos escanearon los míos con fiereza.
—No tienes que preocuparte por mi seguridad. Eso es lo último que debes hacer —musitó sin apartar la mirada.
Uno de sus dedos se deslizó por mi mejilla mientras mi corazón retumbaba casi con agresividad. Ese azul tan intenso se oscureció cuando remojé mis labios, aunque no se desvió hacia ellos. Otro de sus dedos descendió por mi cuello, viró hacia la nuca y se perdió entre mi pelo.
—Voy a besarte —anuncié todavía sin aliento.
—No.
Su respuesta me hizo sonreír. También que se acercara cuando yo lo hice para encontrarme a medio camino.
Saboreé sus labios con lentitud y un deseo descomunal me invadió, aunque no me moví del asiento.
Saltar sobre su regazo, deshacerme de su camiseta y devorarlo como quería no era la mejor de las ideas cuando nos encontrábamos en el centro del pueblo; y menos delante del bar en el que mi hija estaba tras haber terminado sus clases.
—Hablaremos más tarde —jadeé al soltarlo—. Ve a casa, Farren y yo podemos volver caminando.
—Ni hablar. —Su ceño se frunció, aunque sus ojos seguían repletos de deseo.
—Pues entra conmigo. —Señalé el bar con la cabeza, pese a conocer su respuesta.
—Aprovecharé para hacer unas compras.
—Como quieras.
Abrí la puerta dispuesta a bajar, pero me volví sin pensar y deposité otro beso sobre sus labios antes de alejarme.
Aguanté mi sonrisa ante su expresión sorprendida y me adentré en el bar con el pecho lleno de emociones.
Farren no se encontraba allí, tampoco Reid, así que lo más probable era que estuvieran en el hostal frente a la chimenea.
Saludé a Nyla y Atlas con la mano, ya que ella se encontraba enfrascada en una conversación intensa con Loretta y él las contemplaba desde cierta distancia, y fui directa a nuestra mesa, solo ocupada por Zion, su ordenador y unos cuantos papeles.
—¿Qué has averiguado?
Me senté junto a él y miré su pantalla.
—Estos dos contratos pertenecen a empresas reales, pero con márgenes inflados. —Deslizó dos de los contratos hacia mí y luego puso la mano sobre los otros dos—. Y estas son empresas fantasma.
—¿Cómo?
Alterné mi mirada entre mi amigo y dichos papeles sin entender ni una palabra de lo que había dicho.
—Estos precios no coinciden con los que estas dos empresas anuncian en sus tarifas. He hablado con ambas y aseguran que estos no son los mismos contratos que firmaron en su día, sino estos. —Zion me tendió más papeles que revisé con atención.
—¿Cómo puede ser que tengamos dos versiones firmadas por ambas partes de estos contratos? Esta es mi firma —murmuré asombrada. Acerqué el papel a mi rostro para examinar los trazos y negué con la cabeza—. Lo es.
—No es complicado falsificar una firma. Me dijeron que el trato se hizo a través del correo electrónico, pero que las firmas se gestionaron por correo postal.
—No me gusta hacerlo todo por internet, me da mala espina, por eso siempre realizamos el papeleo en persona o enviamos los documentos por mensajería si no tenemos disponibilidad para reunirnos. Y hace varios meses que no la tengo.
—¿Recuerdas haber firmado estos? —Zion me contempló con el ceño fruncido.
—¿Quizá? He firmado muchos contratos en el último año.
¿De cuándo son estos? —Busqué las fechas en ellos—.
Hace tres y dos meses. Sí que me suena haber recibido varios sobres y haber firmado distintos contratos.
¿Pero qué significa esto de los precios inflados?
¿Nos han intentado engañar con estos dobles contratos?
—No lo sé. Ellos aseguran que el contrato que te enviaron y que luego ellos recibieron es el que contiene los precios reales.
Me han mostrado los correos electrónicos que compartisteis y todos ellos tratan las tarifas reales.
Necesitamos comprobar la cuenta bancaria de la empresa para confirmar estos datos.
—Zion me dio una palmada en la mano—. Dame acceso y yo me encargaré.
Asentí sin saber qué pensar, hasta que me acordé de la segunda parte de la frase con la que me había recibido.
—¿Qué es eso de las empresas fantasma?
—Estos dos contratos pertenecen a empresas que no existen realmente. Tienen una página web, sus datos en la red y hasta una oficina que aparenta ser normal, pero es todo una farsa.
—Pero he recibido el material que he pagado, de eso estoy segura —salté a la defensiva. ¿De verdad había sido tan tonta como para caer en una estafa de ese estilo?
—Sí, pero no proviene de estas empresas. Lo más seguro es que lo compraran a un precio menor y te lo entregaran para sacar beneficio.
—No me lo puedo creer —musité con un nudo en el abdomen.
—Es más común de lo que piensas.
—Por eso siempre trabajo con las mismas empresas. Si hay un contrato con estas, es porque las otras no tenían material suficiente para cubrirnos en algún momento y tuve que buscarlo en otro lado. —Me pasé una mano por la cara frustrada.
—¿Quién más, aparte de ti, tiene acceso a esta información? A los contratos y facturas.
—Solo yo. —Dejé caer la cabeza sobre mis brazos cruzados sobre la mesa—. Val y Marco me ayudan de vez en cuando, pero solo cuando se lo pido y siempre en mi presencia.
—¿Y dónde guardas estos documentos?
—En mi despacho. —Alcé la cabeza con el ceño fruncido y me adelanté a su siguiente pregunta—. Val tiene una copia de las llaves, pero ella jamás haría algo así.
—Deja que revise la cuenta bancaria y eche un vistazo a tu oficina.
—¿Debería interponer una denuncia? ¿Qué tengo que hacer con estas empresas?
Mierda, de pronto me sentía agotada y con una carga imposible sobre mis hombros. Definitivamente ampliaría el equipo para no verme envuelta en un asunto como ese nunca más.
—De momento continuaré con la investigación. Cuando tengamos todos los detalles, lo formalizaremos con la policía. —Zion dejó caer uno de sus brazos sobre mis hombros y me revolvió el pelo—. No tienes que hacerlo todo sola. Deja esto en mis manos, ¿de acuerdo?
Asentí con un nuevo nudo, esa vez en la garganta, porque conocerlos a ellos era lo mejor que me había pasado en la vida junto con dar a luz a mi hija. El rostro de River se coló en mi mente para recordarme que también consideraba su presencia un factor muy importante.
—Te quiero —musité sin mirar a mi amigo.
—Lo sé.
Una de mis comisuras se alzó ante su gruñido avergonzado y su imposibilidad por devolverme esas palabras.
No hacía falta, Zion, así como Crew y Dax, no eran dados a ir expresando sus sentimientos en voz alta, pero sí que los demostraban de muchas otras formas.
En el caso del mayor, era estando siempre ahí para nosotros, como en ese momento.