Eres mi ilusión (Sweet Meadows 6) 21 River
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21 River

RIVER

Joder.

La descarga eléctrica que me recorrió al sentir sus labios de nuevo fue tan exagerada que por un momento todo se apagó, incluso mi mente. Se quedó en completo silencio mientras un millón de sensaciones me bombardeaban desde todas direcciones y creaban el caos más absoluto en mi interior.

Las noches que había soñado con aquello, las veces que lo había imaginado, incluso mis propios recuerdos no hicieron justicia a la suavidad de su roce, a las caricias de sus manos, al calor de su cuerpo.

Mis dedos se clavaron en su piel con una necesidad apabullante y mi corazón perdió el ritmo cuando su lengua se abrió paso entre mis labios.

Ni siquiera me había percatado de que había dejado de respirar.

Pegó su cuerpo al mío como si quisiera fundirse con él y mis manos fueron directas a su trasero.

La alcé con la misma facilidad con la que solía hacerlo; sus piernas rodearon mi cintura y ambos ahogamos un gemido cuando encajamos a la perfección.

Intenté no perder el control, no convertirme en un puñetero salvaje que llevaba anhelando aquello diez años, pero el mordisco que me dio en el labio inferior me lo impidió. Hundí mis dedos entre su pelo, profundicé el beso y busqué su piel bajo su sudadera.

Kaia soltó un gemido que me incendió, se aferró a mis hombros con fuerza y empezó a moverse contra mí.

El gruñido que abandonó mi garganta fue casi animal y eso pareció gustarle porque dejó mi boca atrás, descendió con sus labios por mi mandíbula y se detuvo en mi cuello, en esa zona que sabía que me perdía.

Tras unos besos delicados, clavó sus dientes y mi abdomen se contrajo.

Tiré de su pelo con suavidad para alzar su rostro y durante un segundo solo nos miramos, ambos sin aliento. Sus pómulos estaban encendidos, sus ojos brillaban como dos jodidos faros en mitad de la oscuridad y sus labios formaron la sonrisa más sensual que había visto jamás.

No sé quién salvó la distancia, pero me perdí en su boca de nuevo y esa vez no me importó ser delicado.

La besé como lo había imaginado cientos de veces y ella respondió como si hubiera anhelado aquello tanto como yo.

Sus brazos permanecían alrededor de mi cuello, sus piernas, a la altura de la cintura, y sabía que estaba a punto de saltar al vacío.

La conocía, sabía en qué punto se encontraba porque había dedicado todo mi tiempo con ella a aprender sus reacciones y…

—¡Ma! ¡River! ¡Ya he puesto la película!

Kaia cortó el beso, aunque no me soltó. Volvimos a contemplarnos con el mismo deseo que antes, incluso más, ya que sus ojos estaban desenfocados y podía ver como la frustración empezaba a cubrir su rostro.

Me adueñé de nuevo de su boca, la apreté todavía más contra mi cuerpo y retomé el movimiento rítmico que ella había iniciado sin darse cuenta. Sus piernas se tensaron, ella jadeó y yo me esmeré todavía más en dirigirla hacia ese punto de no retorno.

Sus uñas se clavaron en mi espalda, sus labios soltaron los míos y enterró el rostro en mi cuello en el instante en el que todo su cuerpo se puso a temblar descontrolado.

A punto estuve de lanzarme al vacío con ella, pero logré contenerme.

La abracé mientras la oleada de placer la recorría y ella intentaba no romper el silencio más allá de nuestra respiración agitada.

—¡Ma!

—Joder, no tengo fuerzas para responder —susurró contra mi piel.

—¡River!

Oí el golpe de una puerta en la lejanía, así que dejé a Kaia en el suelo y miré mi entrepierna con el ceño fruncido y sin saber qué hacer. Ella soltó una risita adorable, avanzó hacia la puerta del garaje y la abrió en el instante en el que Farren llegaba a ella.

—¿Qué hacéis?

—No encuentro las llaves de casa.

—Claro, porque me las has dado a mí para que entrara —respondió la niña con cara de circunstancias.

—Tienes razón, vamos.

Kaia la empujó hacia dentro, pero ella se resistió.

—¿Y River?

—Detrás de nosotras.

Mi anatomía parecía haber vuelto a la normalidad, así que me situé tras ellas y la pequeña me sonrió.

—He escogido una película que estoy segura de que te va a encantar.

Asentí porque mi cerebro parecía encontrarse todavía apagado.

—Antes de eso iremos a la ducha —sentenció su madre.

—Entonces se hará demasiado tarde y me mandarás a dormir —se quejó la otra.

—Te prometo que veremos la película, pero antes necesitamos ducharnos. Me he pasado ocho horas trabajando en la obra y necesito deshacerme del sudor y la suciedad. Y seguro que River también.

Me miró para que le diera la razón, pero mi maldita ceja se elevó sin mi permiso y su rostro enrojeció.

—¿Ves? Él tampoco quiere ducharse. —Farren le dedicó una mirada victoriosa.

—Sí que quiero —hablé al fin.

Y lo que más deseaba en ese momento era hacerlo con Kaia, aunque eso no lo dije, por supuesto.

—Ve tú primero. Mientras tanto, nosotras prepararemos algo para picar —propuso ella.

—¡Algo con mucho azúcar!

La pequeña corrió hacia la cocina y desapareció. Kaia enrojeció un tono más, se mordió el labio inferior sin darse cuenta y mi cuerpo respondió de forma desmesurada. Ahogué una maldición y me marché antes de cometer una nueva locura.

Conocía aquella casa porque me había invitado en un par de ocasiones cuando todavía la compartía con sus amigos, con algunos de ellos, así que fui directo al aseo y me situé bajo el chorro de agua antes de que se calentara.

Eso sirvió para cortar todo tipo de pensamientos durante dos segundos completos, aunque hice lo posible por ignorarlos cuando volvieron y salí de allí con una toalla rosa atada a la cintura.

Dejé un reguero de gotas de agua a mi paso hasta que llegué a la cocina y ambas se giraron a la vez para mirarme con los mismos ojos, solo que los de Kaia se llenaron de deseo y esa vez fue mi corazón el que reaccionó.

—Juraría que todavía tengo algo de Zion en casa —murmuró sin apartar la vista de mi pecho. Se volvió hacia la niña y alzó el dedo índice—. ¿Puedo dejarte sola un minuto sin que te comas todo lo que encuentres?

—Claro, ma. —Ella puso los ojos en blanco, aunque detecté una mota de diversión en su rostro.

—No puedo —suspiró su madre.

—Que sí. —Farren la empujó con sus dedos llenos de chocolate—. Prometo no comer nada hasta que vuelvas.

Kaia negó con la cabeza, me encaró de nuevo y sus ojos descendieron por mi cuerpo antes de que subieran de forma abrupta a los míos.

La seguí en silencio y a una distancia prudencial para no atraparla entre mis brazos y llevarla de nuevo al límite.

Llegamos a una habitación bastante simple; ella rebuscó en el armario y sacó un pantalón y una sudadera que dejó sobre la cama.

Cuando se volvió hacia mí, todos mis músculos se contrajeron porque conocía muy bien esa sonrisa ladeada.

Contemplé como se acercaba a mí de esa forma tan delicada, como si fuera la gacela más perfecta de la sabana frente al león rudo y peligroso que había caído rendido a sus pies desde el primer momento, el que haría cualquier cosa por protegerla y mantenerla a salvo, incluso de él mismo.

Sus manos fueron las primeras en llegar hasta mí. Las colocó sobre mi pecho, una de ellas encima de mi corazón, y luego apoyó su cuerpo en el mío. Su mirada era tan clara, sincera y cálida que sentí un tirón en el abdomen y la necesidad de rodearla con mis brazos, pero me contuve.

Debería decirle que no podíamos repetir el error del garaje, que no era buena idea cruzar la línea de nuevo, que yo era su peor decisión. Sin embargo, no lo hice. Era un jodido egoísta que no podía mantenerse alejado de ella ni aun prometiéndose que lo haría.

Se puso de puntillas y yo me incliné de forma automática.

Nuestros labios se encontraron de nuevo, aunque esa vez fue de forma suave, tierna, bonita.

Una sensación asfixiante se adueñó de mi pecho, pero la ignoré.

Llevé una mano a su rostro y lo acaricié con cuidado.

Ella sonrió todavía con los ojos cerrados y dejó que la explorara durante unos segundos más; luego se separó.

—Tengo que volver a la cocina o ese demonio se lo comerá todo antes de llegar al sofá.

Asentí, incapaz de hablar.

Un calor extremo se había adueñado de mí y no sabía qué hacer con él.

—No tardes.

Depositó un beso suave sobre mi corazón, sonrió una vez más y salió de la habitación, dejándome a solas con todas esas emociones.