Eres mi ilusión (Sweet Meadows 6) 13 River
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RIVER

Su voz fue la habitual, calmada y suave, pero adiviné una nota de furia en ella. Larson dio dos pasos atrás para dejarle espacio y algunos desviaron la mirada hacia el suelo. Ella no se movió; su calor entró poco a poco en mi cuerpo y me calmó casi al instante.

Coloqué una mano sobre su cintura y la aparté a un lado. No necesitaba protegerme de nadie, mucho menos de ese capullo y sus amigos.

—¿Alguien va a dignarse a hablar? —Su tono se volvió afilado.

—Ha desaparecido uno de los palés de baldosas. —Marco dio un paso hacia ella y le tocó un brazo para llamar su atención. Mi abdomen se contrajo ante el gesto, pero permanecí inmóvil.

—¿Entero? —preguntó sin comprender.

—Incluido el palé —confirmó él.

—Jamás nos había pasado algo así; qué casualidad que ocurra a las pocas semanas de que él se una al equipo —soltó Larson con rabia.

—¿Acaso ha dado River alguna señal de que no se pueda confiar en él?

—preguntó Kaia con la mirada fija en sus trabajadores.

Nadie respondió, aunque las expresiones fueron claras—.

Que yo sepa, ha realizado las tareas igual que los demás, no ha faltado ni ha llegado tarde nunca ni ha causado ningún problema.

Entonces, ¿por qué pensáis que puede haber sido él?

De nuevo, un silencio tenso se adueñó de la sala.

—Sabemos que ha estado en la cárcel, así como el motivo de su estancia allí —murmuró Alan sin atreverse a mirarme.

—Ya ha cumplido su condena.

A nadie le tranquilizó ese hecho.

—Todo el mundo puede equivocarse. —Marco trató de calmar los ánimos.

—Eso no es una equivocación —gruñó Larson—. No quiero trabajar junto a él.

Noté como mi mandíbula se movía de un lado a otro debido a la tensión del momento, y supe lo que iba a ocurrir a continuación. Kaia se vería obligada a ceder ante sus protestas porque tenían razón y yo me quedaría sin trabajo y sin la excusa que me permitía verla cada día.

—River no es un peligro para nadie —aseguró ella. Su voz tembló en la última palabra, aunque dudaba de que alguien se hubiera percatado de ello.

—No nos sentimos seguros con él —insistió Larson, y los pocos que todavía mantenían su mirada fija en ella asintieron.

—¿Os sentís todos así? —Ante la pregunta directa, solo Alan respondió. Los demás se mantuvieron inmóviles con los rostros repletos de incomodidad. Kaia dio un paso hacia ellos—. Os aseguro, os prometo, que podéis estar tranquilos. River es responsable, leal y…

La tomé de la muñeca y ella se volvió con el rostro enrojecido.

—Lo mejor será que me marche. —Mi tono fue bajo, solo para que lo oyera ella.

—Ni hablar. —La furia volvió a sus ojos y yo sentí una punzada de calor en el pecho—.

¿Sabes por qué somos un equipo tan pequeño a pesar de la cantidad de proyectos que manejamos?

¿De los que podríamos llevar a cabo si los aceptara todos?

Porque escojo a mis compañeros con mucho cuidado, porque no ofrezco un contrato hasta que no he hecho las entrevistas suficientes para saber cómo son, porque busco ciertas cualidades no solo en el trabajo, también en sus personalidades.

Kaia se volvió hacia los demás. Ya nadie miraba el suelo; todos los ojos estaban fijos en ella.

—No busco trabajadores que sepan hacer bien su trabajo; busco personas leales y amables que estén dispuestas a aprender y a formar parte de un equipo en el que haya confianza y respeto por encima de todo.

¿Alguno cree que le habría ofrecido un contrato a River si no supiera que cumple con todo ello?

¿Queréis saber la verdad? —Se le escapó una sonrisa que me encogió las tripas—.

Tuve que insistir mucho para que aceptara el trabajo porque no quería crear problemas, porque sabía que no todo el mundo entendería su situación.

Como Marco ha dicho, todos nos equivocamos en mayor o menor medida y no conocemos los detalles de esos errores.

Sé que algunos no pueden perdonarse y cada uno es libre de decidirlo por su cuenta.

Yo lo he hecho y esta ha sido mi decisión.

Podéis aceptarla, trabajar a su lado y ver si tengo razón o desestimarla.

Me entristecerá llegar a ese punto porque sabéis que os considero parte de mi familia, pero tampoco quiero que esto suponga un problema para vosotros.

Apreté la muñeca que todavía sostenía entre mis dedos y luego la solté.

Me sentía hasta mareado después de su discurso, con una sensación asfixiante en el pecho y el estómago revuelto.

¿Por qué narices tenía que defenderme?

Di un paso hacia la puerta, pero ella fue quien me sujetó a mí. Sus dedos se cerraron sobre los míos y tiró con fuerza de ellos para que me detuviera.

—Ni se te ocurra dar un paso más —siseó.

La intensidad de su mirada me paralizó.

—Yo no tengo ningún problema en trabajar con River —soltó uno de ellos de pronto—. Siento todo el lío.

—Yo tampoco.

Más voces se unieron hasta que el silencio volvió a rodearnos. Solo Larson y Alan habían mantenido sus bocas cerradas.

Kaia se volvió hacia mí y habló con claridad, todavía sin soltarme.

—¿Has robado el material?

Fruncí el ceño.

—No.

Ella se volvió hacia Marco.

—¿Y tú?

—Claro que no —respondió él sorprendido.

—¿Alguno de vosotros lo ha robado? —inquirió al encararlos de nuevo.

Esa vez todos respondieron y lo hicieron de forma negativa.

—Y yo tampoco he sido —aclaró casi con sorna—. Os creo, a todos, así que supongo que alguien habrá visto el cartel de construcción y se habrá llevado las baldosas.

—El palé se encontraba en el interior de la casa y la puerta y ventanas no estaban forzadas —apuntó Larson de inmediato—. Eso significa que tenía acceso.

—¿Tienes tú una copia de la llave de la casa? —Kaia volvió a hablar y él arrugó la nariz, pero negó con la cabeza—. Solo yo tengo la copia, y la tengo aquí.

La sacó del bolsillo y la mostró.

—Pocos clientes nos dan una copia de la llave y, cuando lo hacen, Kaia es la única que las custodia —aclaró Marco.

—Puede que se la robara. —La voz de Larson sonó más débil.

—No voy a seguir con este asunto, así que quien se sienta cómodo que vuelva al trabajo. Tenemos unas fechas que cumplir y un material que reponer.

Me soltó antes de darse la vuelta y acercarse a Marco.

—¿Puedes encargarte de solicitar un nuevo palé, por favor?

—Por supuesto. —Llevó una mano a su brazo, pero Kaia le dio la espalda y caminó hacia mí de nuevo.

Se detuvo al ver que Larson y Alan eran los únicos que seguían parados en el mismo lugar.

—Me gustaría que le dierais una oportunidad, pero estáis en vuestro derecho de no hacerlo. —Su voz volvía a ser suave, casi suplicante, lo que me llenó de furia porque yo era el causante de todo aquello.

—Lo haremos —dijo Alan.

Larson apretó los labios, pero asintió, y ambos se alejaron sin lanzarme una última mirada. Marco también lo hizo con el teléfono pegado al oído.

—Debería marcharme —repetí cuando Kaia se detuvo frente a mí.

—Tú no has robado ese material.

—¿Cómo puedes estar tan segura? —gruñí exasperado. ¿Por qué narices tenía esa confianza ciega en mí incluso después de haberle asegurado que había cometido el crimen?

—Porque me lo has dicho. Además, no tienes coche, ¿cómo ibas a llevarte todo eso a mano?

—Se lo podría haber vendido a alguien y que esa persona se encargara del transporte.

Ella enarcó una ceja y soltó un sonido similar a una risa incrédula.

—Por favor.

La tomé de la muñeca cuando fue a girarse y esa vez procuré que mi rostro evidenciara mi naturaleza.

—No soy una buena persona.

—Eso lo decidiré yo, igual que hice hace diez años. —Su voz se endureció, pero no se alejó, tampoco se tensó.

—Ya viste el resultado entonces.

Sus comisuras se alzaron en una sonrisa que me dejó sin aliento.

—Que cada uno crea lo que quiera y tome las decisiones que más le convengan.

—Giró la muñeca, así que la solté de inmediato.

Alzó la mano poco a poco hacia mi rostro mientras mis pulsaciones se aceleraban y una presión infinita se adueñaba de mi cuerpo.

Cuando posó sus dedos sobre mi mejilla y tiró de mí hacia ella, dejé de oír el sonido que nos rodeaba.

Me incliné sin poder pensar en nada; ella se puso de puntillas y rozó la otra mejilla con sus labios, luego los acercó a mi oído—. Te conozco, River, y confío en ti.

Me soltó con la misma lentitud, me sonrió de un modo que demostró la tristeza que sentía en ese momento y se alejó como si no acabara de destruir las barreras que me había costado tantos años reconstruir.