10 Kaia
KAIA
Detuve el coche frente al Ayuntamiento, me apeé de él sin perder tiempo y corrí hacia la puerta enorme de madera que permanecía abierta a modo de invitación.
Eché un vistazo a mi reloj y maldije entre dientes.
No quería llegar tarde, no el primer día que Loretta y Nyla ofrecían esa actividad.
Era importante que nos uniéramos a ella para demostrar a los demás que también podían hacerlo.
Y de paso, para ayudar, si era posible, a las supervivientes con las que llevaban trabajando varios meses.
Nuestra alcaldesa había iniciado ese proyecto social para que víctimas de violencia de género, abusos o incluso trata de personas tuvieran un espacio en el que socializar, aprender nuevas habilidades y sentirse más seguras con sus propios cuerpos y ante los demás.
Se impartían talleres y clases de todo tipo, aunque la más importante era la de defensa personal, ya que proporcionaba una medida de defensa que ellas podían aplicar si se encontraban ante una situación complicada, algo que era poco probable.
Sin embargo, las hacía sentirse mejor consigo mismas dado que les generaba más seguridad.
Y a pesar de que el proyecto social iba viento en popa, Loretta no podía quedarse quieta más de dos minutos; por eso había decidido abrir ciertas clases para que cualquier persona del pueblo y alrededores pudiera acudir si así lo deseaba.
Por un lado, esperaba que las supervivientes socializaran con gente que no hubiera sufrido lo mismo que ellas y, por otro lado, quería que todo el que quisiera aprender a defenderse pudiera hacerlo.
Frené en seco al llegar a la sala enorme en la que tenía lugar la clase.
Todavía no había empezado, aunque todo el mundo se encontraba en su lugar.
Nyla estaba sobre la tarima con Zion, Dax, Reid y Aldric.
Ella charlaba con las mujeres que se habían situado en primera fila y reía despreocupada; Reid escuchaba a Loretta y asentía de forma solemne, y los demás permanecían en silencio con sus expresiones hoscas habituales.
—¡Ma!
Mi mirada fue directa a la voz de la persona más importante de mi mundo.
Mi hija alzó la mano y la movió de un lado a otro para llamar mi atención.
Me mordí el labio para no sonreír cuando se puso a saltar, haciendo reír a los que se encontraban a su alrededor.
Zuri y Faith se encontraban junto a ella.
Farren me tendió su puño a modo de saludo, pero la ignoré y la atraje hacia mi cuerpo para darle un abrazo; luego peiné su cabello y le di un beso en la frente. Ella puso los ojos en blanco, aunque no se separó de mí.
—¿Dónde están los demás?
—Tío Atlas se ha quedado al frente del bar, tío Crew ha dicho que tenía un cliente y tío Gael no ha cogido el teléfono.
Mis amigas sonrieron de la misma forma.
—Vamos, que se han acobardado —adiviné.
Las tres asintieron a la vez.
—Están hechos el uno para el otro. —Zuri soltó una risita y Faith le guiñó un ojo.
—¿Y Eden? —Fruncí el ceño al no verla.
—Debería haber llegado ya. —Faith miró hacia la puerta, sus labios formaron una sonrisa orgullosa y eso me instó a buscar la causa.
Eden acababa de entrar con Revel. Ella la seguía de cerca con los ojos fijos en el suelo y una expresión que dejaba entrever la tensión que sentía.
Algunas vecinas las saludaron cuando pasaron junto a ellas; Eden sonrió como siempre y Revel asintió nerviosa.
Luego desvió la mirada hacia un lado y su rostro se relajó antes de que sus mejillas se sonrojaran.
Seguí sus ojos y me encontré con Aldric, que la contemplaba con una intensidad que me dejó sin aliento.
Centré mi atención en ellas de nuevo y me mordí el labio para no sonreír.
—Lo siento, me entretuve con la preparación de la cena —soltó Eden al llegar hasta nosotras.
Revel abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar.
—Habéis llegado en el momento perfecto —aseguró Zuri situándose al lado de la melliza de Dax.
Su hermano también la observaba desde la tarima, aunque su rostro mostraba una mezcla de preocupación y sorpresa ante su presencia.
Revel no había vuelto a pisar aquella sala desde su secuestro, que había deshecho todo lo que había conseguido las semanas previas y había incluso logrado que se retrajera todavía más en ella misma.
Sin embargo, Zuri había acertado insistiendo en que cuidara de Mina, la loba que pretendía hacernos creer que era un perro, y sabía que Aldric le había dado alguna clase más de defensa personal en el hostal.
Así que su presencia era todo un logro que debíamos celebrar cuando termináramos.
—Bien, vamos a empezar. Algunas de vosotras ya sabéis cómo funciona esto.
—Nyla sonrió hacia las supervivientes, que se mantenían juntas en un lateral de la sala—.
Sin embargo, hoy es un día especial porque hemos abierto esta clase para todo el que quiera o necesite aprender a defenderse, que en mi opinión deberíamos ser todos.
»Somos cinco instructores, así que formaremos cinco grupos. Si os fijáis, nosotros ya estamos posicionados, así que solo tenéis que escoger a uno y situaros frente a él, aunque procurad que los grupos sean equitativos.
La mayoría de las supervivientes ya se encontraban cerca de Nyla, aunque había otro grupo frente a Zion y alguna más cerca de Dax.
Aldric solo contaba con un par en su lado.
Zuri se dirigió hacia él sin decir nada y las demás la seguimos.
Nuestras vecinas también escogieron a su favorito; todo quedó en silencio y Nyla nos lanzó esa sonrisa que prometía más guerra que paz.
Fue entonces cuando me percaté de que Farren saltaba frente a ella y algunas de las supervivientes sonreían ante sus gracias.
Mi pequeño terremoto inició una charla con ellas sin saber lo que su personalidad transmitía a los demás: confianza, felicidad, comodidad.
—Creo que Farren ha escogido el grupo correcto —comentó Zuri con una sonrisa.
—Esa niña es una bendición —murmuró Eden con una expresión repleta de amor.
Mi pecho se llenó de calidez y yo asentí.
—¿Tú no deberías estar en otro grupo? —Faith disimuló una sonrisa diabólica al dirigirse a ella.
Reid la miraba fijamente desde la tarima.
—Ya hay mucha gente allí…
—Tu prometido te quiere en sus filas —aseguré.
Ella alzó la vista, pero dudó, hasta que él carraspeó. Luego hincó una rodilla en el suelo y el murmullo dio paso a las exclamaciones de sorpresa. Eden se puso más roja que nunca mientras él sonreía de forma abierta.
—Eden Moore, ¿quieres formar parte de mi equipo?
—Dios mío —murmuró ella avergonzada.
Nuestras vecinas comenzaron a corear su nombre y ella intentó hacerse más pequeña. Zuri la contempló con las mejillas encendidas y una mueca de angustia.
—Ya me dijiste «sí» una vez —continuó él.
—Fuiste tú el que lo dijo.
Me sorprendió que lo rebatiera delante de todos. Negó con la cabeza y caminó hacia su prometido, que ya se había levantado y la esperaba con los brazos cruzados y la sonrisa más grande del mundo.
—No volverás a adelantarte a mis peticiones —aseguró.
Loretta se pasó una mano por la cara como si no pudiera creer que la liáramos en cualquier situación, al menos Nyla y Reid. Los demás éramos capaces de comportarnos.
—Empecemos con la clase —dictó y cada instructor se dirigió a su grupo.
Aldric se colocó en el centro del nuestro y gruñó algunas instrucciones.
Nos propuso formar parejas, aunque al ser impares, una quedaría libre.
Zuri dio un paso hacia Revel, pero la intercepté.
Frunció su ceño, miró a nuestro alrededor y le lancé una mirada a Faith para que escogiera a una de las vecinas.
Sin embargo, Marjorie fue directa a Aldric.
—Somos impares, ¿serás mi pareja? —preguntó con voz alta y clara. Luego batió sus pestañas.
¿En serio?
—¡Yo puedo ser tu pareja! —saltó Faith de inmediato. Se aproximó a ellos y sonrió como una lunática antes de señalar su cuerpo—. Medimos y pesamos más o menos lo mismo; eso nos hace la pareja ideal.
—Tiene razón —masculló Aldric. Aprovechó la confusión para acercarse a nosotras, extendió su mano hacia Revel y ella la tomó sin vacilar—. Dejad un metro de distancia entre vosotras: una será la atacante y la otra la víctima. Luego cambiaremos roles. Empezad.
Nos dio la espalda como si no le interesara lo más mínimo ver nuestros movimientos y se centró en Revel, que lo contemplaba con timidez a la par que confianza. Sus mejillas habían subido un tono, pero ya no había rastro de la tensión que se había aferrado a su cuerpo al llegar a la clase.
Alcé una ceja y disimulé una sonrisa que Zuri imitó.
Practicamos y repetimos un movimiento tras otro, ambas con nuestra atención puesta en la pareja, que parecía ajena a lo que ocurría a su alrededor.
Mi abdomen se encogió al pensar en ese sentimiento, uno que había sentido en infinidad de ocasiones con cierto hombre que aseguraba ser un asesino.
Nos despedimos de los demás al terminar la clase y nos encaminamos hacia el bar para cenar.
Aldric y Revel fueron los primeros en desaparecer hacia el hostal, seguidos de Eden y Reid, que quisieron ir a por la cena con Zion y Dax.
Faith, Nyla y Farren caminaban delante de nosotras mientras charlaban entusiasmadas, y Zuri y yo permanecíamos unos pasos por detrás en silencio.
—Me alegra ver que Revel confía en Aldric —murmuró a media voz.
—A mí también, aunque no sé cómo se lo tomará Dax.
Ella sonrió confiada.
—Irá bien.
—¿Cómo puedes saberlo todo siempre?
—Mis poderes —bromeó con una risita.
—Te envidio. Me encantaría tenerlos en ciertas ocasiones. —Me mordí el labio para no decir nada más, aunque era inútil; ella no necesitaba más para comprenderme.
—Todo el mundo los tiene, solo que algunos están más acentuados que otros.
Sus dedos rozaron los míos, así que la cogí de la mano y sonreí para tranquilizarla.
—Tienes razón.
Giramos la esquina en ese momento y, como la estaba mirando, no vi que alguien apareció frente a nosotras hasta que mi rostro impactó en su pecho.
Un olor conocido me envolvió, igual que sus manos, que me aferraron de la cintura para estabilizarme.
Llevé las mías hacia su abdomen y las apoyé sobre él sin pensar.
Luego alcé la mirada y me encontré con la suya, tan azul y tan intensa.
Su rostro mostraba sorpresa y tensión, aunque se recuperó al instante. Su ceño se frunció, sus dedos soltaron mi cuerpo y dio dos pasos atrás. Sus ojos se posaron sobre Zuri, que permanecía junto a mí.
—Lo siento, no estaba mirando —murmuré entre avergonzada y nerviosa.
Él volvió a mirarme, me estudió un instante y negó con la cabeza.
—Iba demasiado rápido.
Di un paso hacia Zuri y tomé su mano de nuevo. Ella la apretó con suavidad.
—¿Recuerdas a Zuri?
River tardó un par de segundos en desviar la vista hacia ella y asentir.
—Me alegro de verte. —Ella susurró las palabras con una sonrisa, aunque pude ver que estaba nerviosa.
Él volvió a asentir.
—Tengo que irme. —Vaciló una milésima de segundo como si quisiera decir algo más, pero me rodeó con rapidez y desapareció.
Zuri soltó una bocanada de aire y a mí se me escapó una risita extraña.
—Impone todavía más que antes —comentó en voz baja.
—No sé qué narices debe comer —bromeé para calmar mis nervios. Sin embargo, mis manos habían comenzado a temblar.
Zuri me dio un nuevo apretón y se situó frente a mí.
—No lo temes.
No fue una pregunta, pero negué de todas formas.
—Debería hacerlo. La semana pasada me aseguró que había cometido ese crimen. —Algo no funcionaba en mi cerebro, estaba claro.
—Pero no lo creíste. —Sus ojos me perforaron—. No del todo.
—No sé qué pensar —admití en un susurro.
—No tienes que hacerlo. —Llevó una mano a mi pecho y la situó sobre mi corazón—. Solo sentir.
—¿Y si me equivoco? ¿Otra vez?
—¿Fue una equivocación la primera?
—No. ¿Cómo podría serlo si me dio lo que más quiero? —Sonreí al pensar en Farren y Zuri me devolvió el gesto.
—Confía en tus instintos, en tus poderes. —Me rodeó con sus brazos y apoyó su nariz en mi cuello, así que la abracé por la cintura con fuerza—. Yo tampoco me he sentido en peligro.
Mi abdomen se contrajo y una oleada de alivio cruzó mi cuerpo. No tenía ningún sentido, pero eso fue todo lo que necesité para dejar ir la duda diminuta que se había instalado en mí tras la conversación que habíamos tenido aquel día.
Desconocía si estaría equivocada o no, pero que Zuri estuviera de mi parte me llenó de esperanza y tranquilidad. También de confianza.