6 Kaia
KAIA
Me apresuré a cruzar la calle principal, saludé a un par de vecinos sin detenerme y entré en Red Fox Brews sin aliento y agotada.
Varios pares de ojos se centraron en mí, pero yo busqué los que eran idénticos a los míos y los hallé junto a la dueña del local.
Suspiré cuando ambas me dedicaron la misma sonrisa ladeada, casi demoníaca.
—Ya era hora —se quejó la que era como mi hermana mayor.
—Qué vergüenza, abandonar así a tu propia hija —añadió la aludida con todo el teatro del mundo.
La atraje hacia mí y la abracé sin hacer caso de sus quejas. Cuando le di una ristra de besos por toda la cara, sus lamentos se intensificaron.
—Jo, ma, no hagas eso. Tengo una reputación que mantener.
Farren, la niña preadolescente que lo era todo para mí, miraba a nuestro alrededor con el ceño fruncido como si quisiera asegurarse de que nadie había visto el momento vergonzoso.
—¿Qué reputación es esa? —inquirió Reid sonriente.
—La de tía independiente, dura y autosuficiente —respondió mi demonio.
Me dejé caer en mi silla mientras varias voces se alzaban.
—¿De dónde saca ese vocabulario?
—¿Y esas ideas?
—Es como volver a ver a Nyla con nueve años —se quejó Reid.
—Farren es mil veces más tranquila —la defendió Dax.
—E inteligente. —Nyla asintió con orgullo.
—Por eso infunde más miedo. —Reid le guiñó un ojo y mi hija sonrió satisfecha.
Zuri me tocó una mano con suavidad para llamar mi atención.
—¿Todo bien?
Una punzada de nervios se adueñó de mi abdomen. Era incapaz de mentirle; yo y cualquiera, porque Zuri leía tan bien a las personas que era imposible que no se diera cuenta de lo que la otra persona sentía en cada momento.
Escogí asentir y busqué mi plato entre todos los contenedores de cristal que había repartidos por la mesa.
—Me muero de hambre, ¿cuál es el mío? —pregunté. No era una mentira; de hecho, mis tripas escogieron ese momento para vibrar, como si quisieran ayudarme a convencer a Zuri de ello.
No debía ser la única en sentirme famélica; la discusión se apagó de inmediato y toda la atención recayó en repartir los contenedores que Eden había preparado en el hostal del pueblo donde trabajaba como cocinera.
—¿Cómo está Revel? —Faith fue quien pronunció las palabras aquella noche. Desde hacía unas semanas, habíamos acordado sacar el tema de forma recurrente para que perdiera ese velo de tabú que se había formado a nuestro alrededor desde su secuestro hacía algunos meses.
Dax había rescatado a su melliza de una organización criminal de trata de personas en la que había nacido, crecido y vivido toda su vida hasta que había logrado dar con ella.
La había traído al pueblo, Revel se había integrado a la perfección y había luchado por dejar atrás aquel horror, pero la persona que la había retenido los últimos años logró dar con ella y atraparla de nuevo.
Fueron unas horas llenas de terror que nos mantuvieron a todos en vilo y que hicieron que Revel diera varios pasos atrás en su recuperación.
—Hoy ha preferido quedarse leyendo. —Eden sonrió con ternura antes de fijar su mirada en Zuri—. El libro que le prestaste ayer la tiene absorbida; lo ha tenido todo el día abierto bajo el mostrador.
—¿Cuál es? —inquirió mi pequeña, siempre atenta a cualquier tema de conversación.
—Es una historia muy bonita sobre una guerrera que debe dejar su pueblo atrás para ir en busca de su mejor amigo y…
—Ya sé cuál es.
Solté un suspiro largo.
—Ya no sé dónde esconder los libros.
—No parece una mala historia —comentó Faith.
Zuri enrojeció, Nyla se echó a reír como respuesta y yo negué con la cabeza.
—La protagonista descubre que él es un príncipe del infierno y que su reino es el de uno de los siete pecados capitales —explicó Farren con la boca llena.
—Así que es de fantasía. Soy más de romance contemporáneo, pero puedo probar con ella si me la recomiendas. —Faith sonrió.
—¿De qué pecado estamos hablando? —interrumpió Zion.
—De la lujuria.
Reid soltó una carcajada explosiva que contagió a Nyla y luego a Faith cuando se recuperó de la sorpresa inicial. Los chicos gruñeron, Zion me taladró con su mirada y mi hija se limitó a sonreír de oreja a oreja.
—No es para tanto —insistió ella.
—Dudo que ese tipo de libros sea para menores —masculló el mayor del grupo y el que siempre había cuidado de todos nosotros.
—Mi edad intelectual ronda los dieciséis por lo menos.
—Farren se limpió las comisuras con su servilleta para hacer un descanso teatral en su discurso mientras la mayoría de sus tíos la contemplaban con el ceño fruncido.
En eso no podía rebatirla, era muy madura para su edad, siempre lo había sido—.
Además, si lo que te preocupa son las escenas íntimas, puedes quedarte tranquilo porque me las salto.
Son la parte menos interesante de la novela.
Noté como se me escapaba una sonrisa, igual que a Zuri y Faith.
—También me preocupa la violencia que pueda haber entre esas páginas. No entiendo la fascinación que sentís por las novelas cuyos protagonistas son mafiosos, asesinos y psicópatas. —Zion miró primero a Zuri, aunque luego saltó a cada una de nosotras.
—Es algo que no queremos en la vida real, pero que disfrutamos en la ficción. —Nyla se encogió de hombros.
—Hay información útil sobre cómo luchar —añadió Farren.
—Te ayuda a detectar comportamientos sutiles que acompañan a la personalidad de estas personas. —Faith se sumó a la lucha.
—Ahora resulta que leéis romance oscuro para saber de qué huir en el día a día, ¿no? —Reid enarcó una ceja y todas asentimos, incluso Farren. Luego nos echamos a reír.
Cómo los adoraba a todos.
Pasaron diez minutos antes de que me percatara de que Zion me observaba más de la cuenta. Lo hacía con su disimulo habitual, pero parecía estar algo distraído y preocupado, y eso me hizo tensarme, porque solo podía deberse a un detalle.
Intenté no prestarle atención, pero cada vez me resultó más complicado, y más cuando Reid se sumó al juego de las miradas.
Sus ojos iban de Zion a mí, como si quisiera averiguar qué ocurría.
Y Dax y Gael fueron los siguientes en contemplarnos, y el último, también a Zuri, sentada a mi lado.
Sin embargo, ese no era el motivo, sino que ella se tensara antes incluso que yo, porque mi amiga había tenido un ojo puesto en mí desde el momento en el que me había sentado a la mesa.
—¿Qué narices está pasando?
Ahogué la respiración cuando Nyla puso las cartas sobre la mesa. Eden, Atlas, Faith y Farren fueron los únicos que la miraron con un asombro real.
—¿Qué quieres decir? —preguntó la última integrante del grupo.
—¿Qué son todas estas miradas raras y mal disimuladas? —inquirió ella con los brazos cruzados—. ¿Quién está ocultando un secreto que Zion ha descubierto y no le hace nada de gracia?
Odiaba la intuición de Nyla. Tenía un don para detectar las situaciones más incómodas y empeorarlas.
Paseó su mirada por cada uno de nosotros y, aunque se detuvo un buen rato en Zuri, que contemplaba sus propias manos con el labio inferior atrapado entre sus dientes, saltó sobre mí.
—Tú.
Puse los ojos en blanco, pero no funcionó. Me conocían mejor que nadie.
—No es asunto vuestro —aseguré.
El rostro de Zion se oscureció un poco más y los de Dax, Crew y Reid mostraron preocupación. Zuri parecía estar a punto de vomitar, así que agarré una de sus manos por debajo de la mesa y sentí como se relajaba. Nyla continuaba con su mirada fija en mi rostro.
—No hay secretos entre nosotros —me recordó.
—Quizá prefiere un poco de intimidad —añadió Eden a media voz.
Reid colocó uno de sus brazos sobre sus hombros y yo suspiré. La pobre pensó que no quería hablar por no revelar mi supuesto secreto delante de las parejas de mis amigos, hermanos.
—No la prefiero. Confío en cada uno de vosotros por igual. —Su semblante se suavizó y sentí un apretón por parte de Zuri. Rebusqué en mi bolso hasta encontrar el sobre que había ido a recoger a la oficina de correos y se lo tendí a mi hija—. Ha llegado esta carta para ti.
Ella frunció el ceño un instante antes de adivinar de quién se trataba. Me la arrebató de un movimiento rápido, saltó al suelo y corrió hacia la mesa más alejada y solitaria.
—¡Eh! ¡Es tu primera carta de amor! ¡Queremos saber qué pone! —exclamó Nyla dispuesta a ir tras ella, pero Atlas la atrajo hacia su pecho.
—¡Espero que no sea de amor o no tendrá respuesta! —vociferó Farren desde el otro lado de la sala.
Varias cabezas se alzaron para mirarnos y sonrieron al descubrir que se trataba de ella. Todos en el pueblo la adoraban.
—¿Es la primera carta que le envía el sobrino de Cal? —inquirió Faith.
—Esperemos que haya una segunda. —Reid sonrió con diversión.
Callum era su amigo y socio, tenía dos hermanos más idénticos a él, y uno de ellos tenía un hijo de la misma edad que la mía.
Durante la última visita de Cal salió el tema de que ambos niños deberían conocerse, así que quedaron en que Cian le enviaría una carta escrita, ya que ninguno de los dos tenía ordenador o teléfono, y Farren decidiría si responderle o no.
Me di cuenta de que el silencio se había adueñado de nuestra mesa y de que todas las miradas estaban fijas en mi hija, que leía el escrito con la expresión más seria del mundo. Luego, una de sus comisuras se alzó, dejó el papel sobre la mesa y volvió hacia nosotros.
—¿Qué te dice? —preguntó Nyla de inmediato.
—Cosas privadas. —Lo dijo con tanta dignidad que se me escapó una nueva sonrisa. Farren abrió la mochila del colegio, sacó una libreta de ella, agarró su estuche y volvió a la mesa en la que había dejado la carta.
—Tiene buena pinta —comentó Faith sonriente.
—Muy buena —asintió Reid.
—¿Conocemos los antecedentes de ese niño?
Varias carcajadas femeninas se alzaron ante el comentario de Crew.
—Es de la familia. Cal y Mad aseguraron que es un crío excepcional —le recordó Reid.
Dax miró a Zion de reojo y trató de ocultar una sonrisa.
—Ni se te ocurra investigarlo.
El otro puso los ojos en blanco, pero no prometió nada, lo que hizo que los demás volviéramos a reír. Mi sonrisa se apagó cuando sus ojos perforaron los míos y mis labios se abrieron sin mi permiso, como siempre ocurría cuando Zion usaba esa mirada en cada uno de nosotros.
—River ha salido hoy de la cárcel y le he ofrecido un puesto en mi empresa.
Joder.
Si Zuri tenía un don para saber cómo te sentías en cada momento, Zion lo tenía para hacerte confesar hasta tus secretos mejor guardados.
Reid, Crew, Nyla y Zuri me devolvieron una expresión de absoluto asombro que pasó a ser de preocupación extrema. Los demás me contemplaron sin saber de qué hablaba.
—¿Quién es River y por qué querrías trabajar con él después de haber estado en la cárcel? —Dax fue el primero en preguntar.
Eché un vistazo rápido a Farren para asegurarme de que seguía enfrascada en la carta y no podía oírnos.
—¡¿Es él?! —Faith se llevó una mano a la boca en un intento de frenar sus palabras. Me miró a mí, luego a mi hija, a mí otra vez.
—¿Cuánto tiempo ha estado encerrado? ¿Y por qué? —siseó Dax sumando dos más dos.
Sentí una presión intensa en el abdomen porque odiaba las situaciones incómodas y más cuando me incumbían a mí misma. Zuri apretó de nuevo mi mano.
—No solo los culpables van a prisión —comentó sin mucha convicción.
—Diez años —soltó Reid haciendo cálculos.
Varios rostros se ensombrecieron al comprender que una pena tan elevada solo podía estar relacionada con un crimen mayor.
——¿Qué narices, Kaia? —masculló Crew entre dientes.
Desvié la mirada hacia mi comida y sentí como esa sensación me sacudía por dentro.
—No conocemos todos los detalles de la historia —saltó Zuri sin soltarme la mano.
—Dudo que lo encerraran durante diez años por no cometer ningún delito. —Nyla soltó un suspiro, así que la miré y ella arrugó el ceño—. ¿Por qué le ofrecerías un puesto en tu empresa? ¿Por qué querrías tenerlo cerca de nuevo? ¿Es por Farren? ¿Quieres que se relacione con una persona así?
Un sudor frío e invisible cubrió mi piel, el síntoma que me zarandeaba cuando me sentía abrumada. Era mi versión personal de lágrimas, ya que no podía llorar; había perdido esa habilidad en algún momento durante mi infancia.
—Ese hombre es peligroso. —La voz de Zion fue más suave de lo que esperaba.
—Kaia tiene derecho a tomar sus propias decisiones. Igual que ese hombre tiene derecho a saber que Farren es… —Zuri se interrumpió cuando apreté su mano.
Tomé una bocanada de aire y miré a mis amigos.
—Sé lo que pensáis de él, lo que ya pensabais cuando lo conocí.
Sé que creéis que me equivoqué entonces, que cometí un error al confiar en él, que quedó patente cuando lo juzgaron por homicidio en primer grado y lo condenaron por ello.
Y una vez más cuando no accedió a mis visitas.
—Pronuncié cada palabra con calma, como si no fuera un hervidero de nervios, dolor y vergüenza por dentro—.
Le he dado trabajo porque ha cumplido su condena y necesita empezar de nuevo, necesita que alguien le dé una oportunidad para continuar con su vida. A nosotros nos la dieron.
—No es la misma situación —siseó Zion.
—Lo sé, pero es mi decisión. —Aguanté su mirada unos segundos antes de pasearla por la mesa.
No quise decirles que creía conocerlo, que no me había sentido en peligro en su presencia, al contrario, me había vuelto a sentir…
segura. Era una locura, era consciente de ello, pero no había podido mantener la cabeza fría después de sentirme viva de nuevo tras tanto tiempo—. Y por eso debéis respetarla.
—Son escasos los criminales que no reinciden al salir de prisión. —Mi amigo no quería herirme, lo sabía, solo buscaba prevenir mi sufrimiento.
—Puede que no fuera culpable —insistió Zuri una vez más.
Aquello era lo que le había repetido mil veces cuando lo habían encarcelado, y era lo que todavía pensaba, por mucho que hubiera intentado convencerme de lo contrario todos esos años.
Y pensaba que había tenido éxito, pero solo había necesitado ver sus ojos de nuevo para saber que él jamás haría algo así.
Sin embargo, no pensaba compartir mi pensamiento en voz alta porque era consciente de lo ingenua que me hacía parecer.
—Hallaron pruebas en la escena del crimen y luego confesó.
Fijé la mirada en Zion.
—¿Cómo sabes eso?
—Leí los informes de la investigación.
—¿Por qué? —pregunté con un hilo de voz. Si Zion me decía que las pruebas eran reales, entonces no me quedaría más remedio que creerlo…
—Quería ver si se había hecho correctamente.
—¿Y se hizo? —Dax se me adelantó.
—A medias.
Solté una buena bocanada de aire.
—¿Qué significa eso? —Nyla apoyó los codos sobre la mesa y se inclinó hacia delante.
—La escena del crimen debería haber estado más detallada en el informe, igual que las fotos deberían haber contemplado más ángulos, pero la confesión era sólida.
—Eso no significa nada —se me escapó demasiado rápido.
Zion pasó una mano por su cara antes de mirarme de nuevo.
—Solo ve con cuidado.