Eres mi ilusión (Sweet Meadows 6) 4 Kaia
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KAIA

Dios.

Había pasado tanto tiempo, casi diez años desde la última vez que lo había visto y, aun así, apenas había cambiado. Su mirada azul tenía la misma intensidad que me había llamado la atención el primer día que lo vi, su ceño fruncido, los labios apretados.

Su rostro era más maduro y tenía varios tatuajes nuevos.

Además, su cuerpo era mucho más voluminoso que en el pasado, la ropa le apretaba demasiado para resultarle cómoda y la reconocí al instante, dado que ya la había visto antes.

O no tenía dinero para adquirir nuevas prendas o acababa de salir de la cárcel.

La fecha cuadraba con la que yo misma había calculado y que siempre había tenido en mente.

Sus labios volvieron a abrirse en un nuevo intento de decir algo, y esa vez tuvo éxito.

—No sabía que eras la dueña de esta empresa.

Sentí un sinfín de emociones en mi abdomen ante esa voz ronca tan familiar que solía llenarme de calor.

—¿Cuándo has salido?

—Hoy.

Mantuve la calma a pesar de sentirme al borde del abismo. Di otro paso hacia él y evité cruzarme de brazos. No quería demostrar lo mucho que me afectaba su presencia y más en mi oficina. Sus ojos hicieron un descenso fugaz por mi cuerpo antes de mover su silla a un lado.

—Mi intención no era presentarme en tu trabajo —murmuró mientras rodeaba la mesa.

Mis pulsaciones se aceleraron ante su proximidad y una furia intensa me invadió cuando intentó mantener la mayor distancia posible conmigo para llegar a la puerta.

—Me dejaste claro que no querías saber nada de mí las veces que rechazaste mis visitas. —Mi voz sonó clara y calmada.

Se detuvo frente a la puerta, como si le hubiera disparado un dardo. Luego se volvió y mi abdomen se encogió ante su expresión llena de dolor.

—Era lo mejor.

—De acuerdo. —Me encogí de hombros como si no me importara nada. Apoyé el trasero en el respaldo de la silla que tenía detrás y crucé las piernas—. Buscas trabajo.

—Iré a ver a Bobby. —A pesar de sus palabras no se movió, continuó girado hacia mí con la mano sobre el pomo de la puerta.

—Bobby se retiró y su empresa cerró. Wildwood Constructions es la única empresa de construcción y reformas del pueblo.

Su mandíbula se tensó.

—Seguro que encontraré algo en Bartlett.

Lo estudié unos segundos en los que su mirada permaneció en mi rostro, como si no pudiera apartarla de él.

—¿Has vuelto a la cabaña?

Se encogió de hombros, lo que en su lenguaje quería decir que lo había adivinado, pero no quería confirmarlo. Tampoco mentirme.

—Deberías hablar con Loretta, la alcaldesa. —Esperé un instante a que hiciera algún gesto más, pero permaneció inmóvil—. Aunque supongo que es mejor que antes consigas un trabajo.

River mantuvo su silencio unos segundos más y luego abrió la puerta.

—Cuídate, Kaia.

Sentí una oleada de pánico al ver que se marchaba y actué sin pensar. Salté delante de él para bloquearle el paso y coloqué una mano sobre su pecho en un intento de detenerlo. Lo logré, aunque su cercanía revivió mil sensaciones en mi cuerpo.

La sorpresa llegó a sus ojos, aunque la cubrió con la indiferencia tras la que siempre se había escondido. Llevó su mano a la mía, pasó un dedo por mi piel y luego me apartó con suavidad.

—Tú necesitas trabajo y yo necesito a alguien con urgencia —solté sin aliento. Su ceño se frunció todavía más—. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte?

—No lo sé.

—Me sirve. —Coloqué ambas manos sobre su abdomen y lo empujé hacia la sala—. Hablemos de las condiciones.

—No es una buena idea. —A pesar de la convicción que destiló su voz, su cuerpo enorme se hizo a un lado antes de dar un paso hacia la habitación.

—Tu trabajo era excepcional, necesito a alguien así en mi equipo. Y no te preocupes, esta vez no quiero ni siquiera ser tu amiga.

Vi el dolor en su rostro. Entró en la sala, se sentó en el mismo lugar en el que lo había encontrado al llegar y yo lo hice frente a él después de cerrar la puerta.

Tomé una bocanada de aire y la solté poco a poco.

—Tenemos un par de proyectos a medias y otros cuatro en espera. Uno de ellos va a retrasarse al menos dos semanas y me he quedado sin uno de mis compañeros esta mañana. Necesito contratar a alguien hoy mismo.

—Me cuesta creer que no haya candidatos.

—Los que hay no cumplen con los mínimos.

—¿Cuáles son esos?

—Buen comportamiento, respeto hacia los demás, ganas de trabajar bien.

Su rostro se arrugó un poco más ante mis palabras y sentí una punzada en el pecho al adivinar la tensión en su cuerpo.

—Mi equipo es pequeño, pero todos son leales, educados y comprometidos con su trabajo. Eso es lo más importante para mí. Necesito que haya confianza y buen ambiente para que todo funcione bien —continué.

—Sabes que tengo poca experiencia.

—También sé cómo trabajas y cómo te comportas en los proyectos.

¿Por qué narices me estaba matando en convencerlo para que aceptara trabajar para mí cuando debería estar haciendo lo contrario?

—Han pasado muchos años, ya no soy la misma persona.

—Solo me importa tu responsabilidad en el trabajo —afirmé muy segura, demasiado para resultar creíble.

River me estudió en silencio unos segundos en los que debió comparar los pros y los contras de aceptar mi oferta. Podía ver cuánto necesitaba esa oportunidad y la poca gracia que le hacía que estuviera relacionada conmigo.

Mi abdomen se contrajo ante ese rechazo que ya había sufrido tanto tiempo atrás y dejé que recorriera cada centímetro de mi ser con la intención de que me devolviera la cordura.

Pensé en cómo había terminado todo, permití que el dolor llenara mi pecho y apreté los labios con una fuerza de voluntad renovada para decirle que tenía razón y que lo mejor era que desapareciera.

—De acuerdo —soltó de pronto.

Me desinflé como un maldito pez globo; todas esas sensaciones desaparecieron para dar paso al nerviosismo que me había golpeado al verlo, el mismo que había experimentado tantas veces años atrás.

—No te he hablado del sueldo —carraspeé.

—No importa, aceptaré el que sea.

—Tampoco hemos discutido el horario.

—Tengo disponibilidad completa.

Controlé mi respiración lo mejor que supe y me llevé una mano al pelo para apartar el mechón que volaba delante de mi cara. Él siguió el movimiento con sus ojos.

—¿Y este cambio de opinión?

—Tú necesitas a alguien y yo necesito dinero. Funciona para ambas partes. —Se encogió de hombros como si no fuera lo mismo que le había dicho yo unos segundos antes para convencerlo.

Me puse en pie.

—Val preparará el contrato. Espera unos minutos y…

—¡Lo tengo aquí! —La única integrante femenina del equipo, además de mí, por mucho que había intentado contratar a más mujeres, entró en la sala como un torbellino con unos papeles en la mano.

Los dejó sobre la mesa, los empujó hacia River y sonrió de forma exagerada—.

Solo necesitaré tus datos para completar el contrato, aunque prefiero que lo leas primero por si tienes dudas o quieres que revisemos algún punto aprovechando que tenemos a K en la oficina.

—Genial —murmuré entre avergonzada e incómoda. Él no había despegado sus ojos de mí, como si quisiera comprender la locura que era mi relación con ella—. Necesito terminar un asunto.

—Quizá el señor… —Val lo miró y él tardó un par de segundos en decirle su nombre—. Puede que el señor Rake necesite volver a hablar contigo para firmar el contrato.

—No será necesario —dijimos los dos a la vez.

Mi compañera y amiga disimuló una carcajada de forma pésima. Lancé una última mirada a River, quien seguía con sus ojos fijos en mi rostro, y sentí un burbujeo conocido en el abdomen.

—Mañana a las ocho en la dirección que Val te indicará.

Asintió una sola vez con la cabeza y yo me marché a paso firme, pero con el corazón desbocado. No me detuve hasta llegar a mi despacho, cerré la puerta con suavidad y me apoyé en ella con una mano en el pecho.

¿Qué narices acababa de hacer?