Eres la razón de mi sonrisa 56
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Cuando entramos en la cocina, veo a Nieves bastante liada. Tiene la mesa de la cocina llena de táperes y los está cerrando con cuidado.

—¿Te echo una mano? —pregunto, mirando todo lo que hay.

—Estoy preparando las cosas para que os llevéis mañana —explica con una sonrisa—. Bruno me ha dicho que te gustan mucho las croquetas, así que te he llenado un táper; solo tendrás que freírlas. Ya verás cómo les gustan a las niñas.

—Muchas gracias, Nieves, pero no tenías que molestarte tanto.

—Si no es molestia, a mí me encanta estar entre fogones —afirma, sacando una fuente del horno—. Mira lo que he hecho con el molde que me has regalado.

—¿No será un bizcocho de pera? —pregunto mientras se me hace la boca agua.

—Sí, te he hecho uno para que se lo lleves a las niñas de nuestra parte —asiente con una sonrisa de lo más maternal.

—Muchas gracias, de verdad, por todo. Me habéis hecho sentir como una más de la familia. —Aprovecho que Nicolás acaba de entrar en la cocina para que él también lo sepa. No me dicen nada, pero tampoco hace falta: solo sonríen y en sus ojos veo emoción y agradecimiento a partes iguales.

Cenamos una buena ensalada y unos bollos preñaos, que son como bocadillos pequeños de pan con un chorizo dentro, pero no se abren y se rellenan como cualquier bocadillo; por lo visto, los chorizos se meten en la masa antes de ser horneada y el resultado es impresionante.

¡La de cosas que he aprendido en estos días sobre la gastronomía asturiana!

A las niñas les hubiera gustado mucho probar todo lo que yo he comido durante el viaje; quizá pueda ser en otra ocasión.

Tras la cena, antes de irnos a la cama, nos sentamos un rato delante de la chimenea. Es mi última noche aquí y, la verdad, es que tengo un poquito de pena por marcharme.

Acomodamos a la perrita en un cajón de madera que nos ha dado Nicolás y la cubrimos con una mantita para que pase la noche. Aún no tiene nombre; hemos decidido dejar la elección en manos de las niñas.

Nos levantamos a las ocho para poder desayunar tranquilos.

Sus padres ya están levantados; casi siempre lo hacen sobre las siete de la mañana, sobre todo Nicolás, que le gusta ir temprano al huerto para sacar a las gallinas y que campen a sus anchas por el terreno.

Nieves está en la cocina haciendo café; el aroma inunda toda la estancia.

Desayunamos casi en silencio; se nota la tristeza en el ambiente.

Después, cargamos las maletas y todas las bolsas que llevamos en el coche.

Tanto los asientos de atrás como el maletero van hasta arriba de cosas.

—No os dejéis nada —avisa su padre cuando sale por la puerta de casa con la perrita en los brazos.

—Tranquilo, Nicolás, que no nos podemos volver a Madrid sin ella. —Sonrío y la cojo.

—Cuida mucho a mi hijo. Es muy buen niño y sé que te quiere —afirma Nieves y me abraza con tanto cariño que hace que me emocione.

—Venga, muyer, déjala o al final terminaremos llorando todos —la regaña Nicolás.

El abrazo de Bruno y de su padre es la cosa más bonita y emotiva que he visto en mucho tiempo entre dos hombres. Ahora ya sí que no puedo evitar llorar; han conseguido emocionarme del todo.

El viaje de vuelta a Madrid lo hacemos escuchando a Queen y Guns N’ Roses, son los grupos preferidos de Bruno. Aunque no dejamos de hablar y cantar en todo el trayecto, sé que él vuelve con un poco de pena, y es normal.

—Tienes una familia estupenda, me han hecho sentir como una más.

—Gracias a ellos yo soy como soy. Siempre me han dejado tomar mis propias decisiones, aun sabiendo que podría equivocarme, pero han preferido que aprendiera por mí mismo de mis propios errores —comenta con una sonrisa—. Eso me ha servido de mucho.

—Es genial que os llevéis todos tan bien, ya me hubiera gustado a mí...

—Bueno, la vida da muchas vueltas. Quién sabe si en un futuro las cosas pueden cambiar para ti y tus padres; el tiempo lo dirá.

De momento, solo te puedo decir que mi familia es la tuya, sé que les has gustado mucho, los conozco —asegura, cogiéndome la mano y haciéndome sentir de nuevo que junto a él nada malo me va a pasar—. ¿Por qué sonríes así?

—Porque tú eres la razón de mi sonrisa.