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Menuda pinta más buena tiene, ojalá lo pudiera
probar, pero ya me contareis vosotras como está
de rico. Feliz Navidad para vosotras también.
Y después de leerlo Blanca en alto, empezamos a dar buena cuenta del postre.
—Esto es lo más rico que he comido nunca —asegura Delia con la boca llena, maldita costumbre.
—Mami, está delicioso —afirma Blanca con la cara manchada de chocolate.
—La verdad es que está buenísimo, ¿queréis más?
Y corto otros tres cachitos más, está para chuparse los dedos.
Después recogemos la mesa y nos ponemos a jugar al parchís y a las cartas, hasta que empiezan a tener sueño y se van a la cama.
Yo me quedo en el sofá y me pongo a ver la foto que ha mandado Bruno.
A su derecha están su padre y su madre, y a su izquierda hay una chica más o menos de su edad, que imagino que será su hermana por el gran parecido físico que tienen; al lado de ella un hombre, también de edad similar, y dos niños.
Uno de ellos tendrá unos cuatro años o así y el otro unos dos años más.
En la foto parecen mucho más pequeños que las gemelas.
Bruno aún no me ha hablado de ellos. Todos sonríen y parece que se lo están pasando bien.
Después me pego el móvil al oído y vuelvo a oír el mensaje que mandó antes.
Cómo me gusta escuchar su voz; me hace sentir tan bien…
Cuando veo que las niñas están dormidas, les dejo en el árbol de Navidad un par de cosas que les he comprado de parte de Papá Noel. Sé que mañana, lo primero que harán será ir al árbol para ver qué les ha dejado.
Después me voy a la cama y sigo pensando en Bruno y en lo mucho que le echo de menos. Me da mucha pena haber borrado sus mensajes, pero creo que ha sido lo mejor. De todas formas, ahora tengo su voz también, por lo tanto le podré escuchar cuando quiera. Espero no tener que borrarlo.