Eres la razón de mi sonrisa 39
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Me parece un precio muy bueno, ya te dije que esta

tienda no era muy cara. Dile que sí y mañana por la

tarde irán a ponértelas. ¡Por fin tendrás cortinas!

Gracias por ayudarme, sin ti no lo hubiera

hecho. Mañana nos vemos. Un beso.

No le respondo más, quizá porque no paro de leer donde pone «un beso» una y otra vez. ¡Me ha mandado un beso! Madre mía, sí que estoy tonta, sí, parezco una adolescente, a mis años y con estas tonterías... «Flora, céntrate, por favor».

Saco del congelador medio pollo troceado para preparar mañana un arroz con pollo, que hace mucho tiempo que no se lo hago a las niñas. Y para cenar creo que voy a hacer una tortilla de patatas, que también hace semanas que no hago.

Cuando llega Ángel del taller, me pilla planchando la ropa y a las niñas haciendo sus deberes.

—¿Dónde están mis niñas? —pregunta en su tono de siempre, entrando en el salón.

—Hola, papi, estamos terminando todos los deberes —dice Delia con mala cara.

—Es que mami nos ha dicho que mejor que acabemos todos hoy y así no tenemos que hacer nada durante todo el fin de semana —explica Blanca.

—Pues sí, estoy de acuerdo con mamá, porque para este fin de semana tengo una sorpresa para vosotras —les dice, dándome las gracias con la mirada.

—¿Qué es? —preguntan las dos al unísono, dejando lo que tienen entre manos.

—Mañana, después de que me eche la siesta, nos vamos a pasar el fin de semana a casa de los abuelos, ¿qué os parece?

—¿Y vamos a dormir allí también? —pregunta Blanca, extrañada.

—Claro, y pasaremos todo el domingo. Así que es buena idea lo de los deberes, así no tenéis que cargar con la mochila. —Me vuelve a mirar y yo lo evito.

Las niñas se acercan a él y lo abrazan. Sé que les encanta estar allí con sus abuelos. Ellos les consienten todo, que para eso son sus abuelos y hacen muy bien. Me gusta ver a mis hijas felices, sea por el motivo que sea.

Cenamos un trozo de tortilla mientras Ángel se ducha y, cuando están las niñas lavándose los dientes, él viene a la cocina, donde estoy yo terminando de recoger.

—¿Te importa que mañana coma aquí en casa con vosotras? —pregunta muy serio, pero no de malas formas.

—No, no me importa —contesto un poco seca, pero es que no quiero que piense cosas que no son.

—Vale —asiente con un amago de sonrisa.

Después se va al sofá y yo me dirijo al cuarto de baño para lavarme los dientes y acostarme.

Este fin de semana va a ser bastante raro para mí, estoy convencida; eso de no tener a las niñas por casa va a ser de lo más extraño.

Aprovecharé para ir a comprar el sábado por la tarde y a empezar a organizarme la comida de Navidad, pero ¿qué es lo que vamos a hacer ese día?

No puedo concretar nada hasta que Ángel me diga algo.

Desde luego, no pienso cenar con él en Nochebuena o comer con él al día siguiente, eso sí que no.

Y con todos estos pensamientos dando vueltas en mi cabeza, me quedo dormida.