Eres la razón de mi sonrisa 19
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Ángel se levanta casi a la vez que las niñas, demasiado pronto para ser domingo.

Después de desayunar, las lleva a montar un rato en bici, momento que aprovecho para planchar la ropa que tengo acumulada de toda la semana.

Ni qué decir tiene que mientras plancho, Bruno me vuelve a la cabeza, siempre lo tengo presente, aunque sea en mis pensamientos.

Recordar su sonrisa me hace sentirme bien.

El día transcurre más lento de lo que me esperaba.

Las niñas se lo han pasado muy bien con las bicis, y Ángel y yo no hemos discutido en todo el día; bueno, en realidad, tampoco nos hemos hablado.

Después he preparado la comida para mañana y también unos espaguetis con tomate y chorizo para hoy. No he parado en toda la mañana.

Cuando terminamos de comer, lo que más me apetece es tumbarme un rato en el sofá, pero no quiero sentarme cerca de Ángel, por lo tanto, me quedo en la cocina buscando información que me interesa saber en Internet.

—Mami, ¿podemos poner ya el árbol de Navidad? —pregunta Delia, entrando en la cocina.

—Aún es muy pronto para eso, queda un mes para que os den las vacaciones —respondo cerrando el portátil—. En un par de semanas lo ponemos, ¿te parece?

—Es que será muy tarde, Valeria ya ha puesto el suyo —replica, torciendo la boca.

—Es que tu amiga va a la vez que el centro comercial, eso es ser muy poco original —digo, tratando de convencerla—. Lo suyo es ponerlo entre la primera y la segunda semana de diciembre, así mola mucho más.

—Si tú lo dices… —acepta, poco convencida.

—Mami, tengo hambre, quiero merendar —pide Blanca, entrando también en la cocina.

—¿Hacemos gofres? —propone Delia y, aunque no tengo muchas ganas, acepto; todo sea por verlas felices.

La cocina se queda como si hubiera habido una guerra entre sus cuatro paredes. Esto pasa cada vez que las gemelas me ayudan a hacer algo, pero se han divertido y eso hace que merezca la pena.