ERASE UNA VEZ 14 Volver a casa
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14 Volver a casa

La rutina volvió, la universidad siguió ocupando buena parte de su tiempo, la librería continuaba siendo parte de su día a día y su pasantía comenzaba a abrirle posibilidades que no había imaginado cuando llegó a la gran ciudad. Julie y Susanne seguían estando presentes en prácticamente todo.

Y Julian también. No hablaban todos los días, pero cada tanto intercambiaban algún mensaje.

A veces era por alguna tontería relacionada con la facultad, otras simplemente para saber cómo estaba el otro.

Después de aquella conversación en la plaza, algo entre ellos había cambiado.

No sabían exactamente qué, tampoco tenían prisa por ponerle un nombre; simplemente habían vuelto a hablar. Y, para Vivianne, eso ya era bastante.

Hasta que llegó el verano.

Una tarde, mientras las tres estaban reunidas en el apartamento, Susanne se dejó caer pesadamente sobre el sofá.—Necesito vacaciones urgentes.

Julie levantó la mirada del libro que estaba leyendo.—Todas necesitamos vacaciones.

—No. Yo necesito huir de las aulas durante unas semanas o voy a terminar odiando mi carrera.

Vivianne soltó una pequeña risa.—Exagerada.

—Realista.

La conversación continuó durante algunos minutos, pasando de una posible escapada a otra, hasta que Vivianne dejó de escuchar. Había una idea que llevaba varios días dándole vueltas en la cabeza: volver.

No sabía exactamente cuándo había comenzado a madurar ese pensamiento. Quizá después de contarles la verdad a sus amigas, quizá después de hablar con Julian, o tal vez simplemente había llegado el momento. Tomó aire, llenándose de valor.

—Quiero volver a mi pueblo.

Julie levantó inmediatamente la mirada. Susanne se incorporó de golpe en el sofá.—¿Qué?

—Quiero volver.

Las dos se miraron entre sí, asombradas.—¿Estás segura? —preguntó Julie.

Vivianne asintió.—Sí.

—¿Por qué ahora?

Vivianne lo meditó unos segundos antes de responder.—Porque llevo demasiado tiempo evitando hacerlo. —Ninguna replicó, dejándola continuar—. Siempre dije que no tenía motivos para regresar, y era cierto. Pero creo que también me estaba poniendo excusas a mí misma.

Susanne la observó con genuina atención.—¿Tienes miedo?

Vivianne negó con la cabeza de inmediato.—No. —Hizo una breve pausa—. Creo que ya no.

Julie ensanchó su sonrisa.—Entonces iremos contigo.

Vivianne la miró, sorprendida.—No hace falta.

—No te pregunté si hacía falta —le espetó Julie con firmeza.

Susanne levantó la mano desde el sofá.—Yo también voy, ni lo dudes.

Vivianne soltó una carcajada limpia.—¡Ni siquiera les he dicho cuándo pienso ir!

—No importa.

—¿Y si quiero ir sola?

—No quieres —remató Susanne.

—¿Y cómo sabes eso, genio?

—Porque te conocemos.

Julie asintió, respaldando la moción.—Además, no pienso dejar que regreses a ese lugar sola.

Vivianne las miró a ambas y, por un instante, se le cerró la garganta y no supo qué decir. Finalmente, sonrió con sincera gratitud.—Está bien. Vamos juntas.