ERASE UNA VEZ 2 Un vistazo al pasado
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2 Un vistazo al pasado

Desde fuera, parecía que Vivianne Scott había logrado construir exactamente la vida que quería.

Estudiaba en una universidad respetable, tenía dos amigas leales, vivía en un lugar acogedor y su empleo de medio tiempo era mejor de lo que cualquiera pudiera imaginar: trabajaba como dependienta en una librería muy conocida entre los estudiantes, lo que le permitía obtener descuentos en su material de estudio.

No tenía ningún interés amoroso porque así lo prefería, no por falta de pretendientes.

En el campus, no se la consideraba popular ni aislada; se mantenía en un cómodo término medio.

Y eso a ella le bastaba, porque su vida no siempre había sido así.

Su situación familiar, tras el divorcio de sus padres en la adolescencia, cayó en una espiral descendente.

Su padre, al recuperar la libertad, se convirtió en un mujeriego empedernido, mientras que su madre se hundió en una profunda depresión.

Esta situación la dejó desamparada ante el caos de un hogar fragmentado y bajo el juicio constante de una sociedad de mentalidad prehistórica.

Lo peor, sin duda, fue conocerlo a ÉL: aquel hombre maldito que pondría el último clavo en su ya precaria reputación y minada autoestima, obligándola a huir como si fuese una criminal con apenas dieciocho años.

Al comienzo, aquella relación fue para Vivianne una especie de refugio.

Él se mostraba protector, seguro y atento; en sus brazos encontró la estabilidad que le faltaba en cualquier otro aspecto de su vida, por más que intentara buscarla.

Sin embargo, con el paso de los meses, esa protección se transformó en control, y acabó atrapada en un noviazgo donde ya no era dueña de sus pasos.

No hubo discusiones previas; simplemente un día se marchó. Sabía que, si le daba la más mínima oportunidad de hablar, él terminaría por convencerla de quedarse.

Para él, aquella huida fue más que una traición: fue un golpe certero a su frágil ego, y por supuesto no estaba dispuesto a aceptar que lo abandonara.

Por despecho, construyó su propia narrativa de los hechos y la difundió entre los habitantes del pueblo.

Aquella gente, sin ofrecer resistencia, aceptó de buena gana el relato distorsionado y malintencionado.

Para los vecinos, la conducta de Vivianne no era más que otra consecuencia inevitable de provenir de una familia rota.

Nadie en su entorno actual conocía su pasado, pues así lo había decidido deliberadamente. Aunque las heridas habían sanado y ya no era la muchacha vulnerable de antes, sentía que no había necesidad de ir pregonando sus desventuras; todo aquello estaba enterrado por la distancia física y el tiempo.

Sin embargo, la calma se quebró unos días atrás.

En los pasillos de la facultad se organizó una charla sobre finanzas abierta al público.

El conferencista era una figura prestigiosa, razón por la cual podían asistir alumnos de otros centros y cualquier interesado.

Vivianne acudió a la cita sin imaginar, ni en sus peores pesadillas, que entre el público se encontraría con un pequeño grupo de personas de su pueblo.