9
Thomas siguió mirando la casa. Noah se había quedado unos metros por detrás, con las manos vacías y la herramienta en el suelo junto al borde del camino.
Mike llegó hasta el vehículo, abrió la puerta del acompañante y se quedó allí, apoyado un momento en el marco sin decidirse a entrar.
El generador continuaba trabajando en alguna parte de la vivienda y una de las cámaras exteriores parpadeó antes de recuperar la imagen.
—¿Se van? —preguntó Daniel desde la mesa. Tenía el brazo vendado pegado al cuerpo y hablaba respirando por la boca; intentó contener una tos, pero la siguiente le salió peor.
—No lo sé —respondió Caleb, pendiente de las tres figuras repartidas por el camino.
Noah echó a andar hacia el vehículo sin recoger la herramienta que había dejado junto al camino. Mike seguía junto a la puerta del acompañante.
—Tom, venga.
—Ahora voy.
Mike lo miró unos segundos.
—No. No vas a venir.
Thomas no respondió. Seguía mirando la casa.
Caleb activó el interfono.
—Thomas.
Thomas tardó en localizar la cámara.
—Has visto el vídeo.
Thomas empezó a caminar hacia el portón.
—Sí.
—Entonces sabes lo que pasó.
—Sé lo que grabó Mason.
Llegó al interfono y apoyó una mano en el poste. Caleb podía verle de cerca el cansancio de la cara, mucho más que cuando estaba junto al vehículo.
—¿Qué quieres que te diga?
—Tú sabrás.
—No. Has venido hasta aquí. Dímelo tú.
Thomas acercó algo más la cara al interfono.
—Quiero oír qué pasó después de la pelea. De vosotros.
Daniel levantó la cabeza desde la mesa.
—Yo también estaba allí.
Thomas miró hacia la cámara.
—Ya lo sé, Daniel.
—Pues entonces no se lo preguntes solo a él.
Caleb se volvió ligeramente. Daniel seguía apoyado en el borde de la mesa, con el brazo junto al pecho.
—Daniel...
—Qué. Si quiere oírlo, que lo oiga.
Thomas no dijo nada desde fuera.
Caleb volvió a la pantalla.
—Le pegué —dijo Caleb—. Después mentimos. Dijimos que Ethan estaba solo y que llegamos cuando ya había caído.
—Los tres estábamos allí —añadió Daniel.
—¿Y llamasteis?
—No enseguida.
—¿Cuánto?
—Diecisiete minutos.
—Eso —dijo Thomas.
—Tom, déjalo ya —dijo Mike desde el coche, lo bastante alto para que el interfono recogiera parte de su voz.
Thomas ni siquiera se molestó en volver la cabeza.
—Mike, súbete al coche.
—Ya hemos visto el vídeo. No sé qué más...
—Pues tú ya has terminado.
—Eso fue lo que ocurrió. Le pegué, mentimos después y esperamos antes de llamar.
Thomas levantó la vista hacia la cámara.
—Sigues dejando fuera la parte que te interesa.
Caleb entendió enseguida adónde quería llevarlo.
—No empujé a Ethan.
—Sí, Caleb, ya lo sé. —Thomas dio un golpecito con los dedos contra el poste mientras miraba hacia la fachada—. Lo he visto dos veces. No lo empujaste. Muy bien. Ethan se cayó y seguía vivo ahí abajo mientras vosotros seguíais arriba recogiendo botellas y decidiendo qué coño ibais a contar.
Daniel se acercó a las pantallas.
—Thomas, nadie está intentando...
—Espera —lo cortó Thomas sin apartar la mirada de la cámara—. Déjame acabar.
Daniel abrió la boca, pero Caleb levantó apenas una mano y él terminó quedándose junto a la mesa.
—Cuando cayó, ¿estaba vivo?
—Sí.
—¿Y os quedasteis allí?
Daniel respondió desde detrás:
—Sí. Nos quedamos.
Thomas oyó la voz por el interfono y miró un momento hacia el altavoz antes de separarse del poste.
—Pues ya está.
Mike soltó una exhalación desde el coche y cerró parcialmente la puerta que llevaba todo aquel rato abierta.
—Tom, venga —dijo Mike desde el coche.
—Ahora voy.
Mike lo miró.
—No. No vas a venir.
Noah ya estaba junto al vehículo, lejos de la herramienta que había dejado en el camino. Thomas no respondió.
Caleb dejó el interfono abierto. En ninguna de las otras cámaras había movimiento: nadie junto a las ventanas, nadie cerca de la puerta, el portón dañado exactamente como antes.
Mike terminó volviéndose hacia el coche y Noah dio unos pasos con él.
Thomas no.
Thomas se quedó atrás. Ya no miraba la puerta: recorrió la fachada, se fijó en una de las ventanas y terminó desplazándose hacia la esquina derecha de la vivienda, hasta salir casi del encuadre. Caleb tocó el control y pasó la cámara lateral a la imagen principal.
Thomas reapareció casi de inmediato, ahora visto desde el costado de la casa. Aquel ángulo mostraba el paso junto al muro, el cuerpo más bajo adosado a la vivienda y, por encima de este, el conducto que subía hasta perderse junto al tejado principal.
Thomas redujo el paso.
—Thomas —lo llamó Caleb.
Daniel, que seguía junto a la mesa, levantó la cabeza.
—¿Qué pasa?
Thomas ya estaba observando el lateral y echó a andar hacia allí. Después echó a andar hacia allí.
En la cámara frontal, Mike soltó la puerta del coche al darse cuenta de lo que hacía su hermano. Caleb volvió a la lateral.
—Tom —lo llamó Mike mientras iba detrás de él.
Thomas no se detuvo.
—Tom, no.
Noah fue detrás de Thomas sin mirar siquiera hacia la herramienta, que seguía abandonada junto al camino.
Desde la cámara lateral, Caleb lo vio doblar la esquina derecha de la casa y meterse en el paso estrecho que corría junto al muro de ladrillo.
Unos metros más adelante sobresalía el cuerpo bajo adosado a la vivienda; desde allí todavía no se veía qué había llamado la atención de Thomas.
—Tom, espera.
Noah lo alcanzó antes de que llegara al cuerpo bajo y le cerró el paso.
—Apártate.
—No hasta que me digas qué coño vas a hacer.
Mike ya venía hacia ellos desde el coche y apareció poco después detrás de sus hermanos.
—Quítate, Noah.
—No.
—Joder.
—Que no, Tom.
Thomas dejó de buscar hueco.
—Tú has terminado, ¿no? Pues vuelve al coche.
—Eso quiero.
—Pues hazlo.
Noah lo miró, cansado.
—Contigo.
Daniel se había acercado lo suficiente para ver la pantalla por encima del hombro de Caleb.
—No va hacia ninguna puerta.
Thomas seguía mirando por encima del hombro de Noah hacia el fondo del lateral.
—No.
—Entonces ¿qué está mirando?
—Todavía no lo veo.
Mike llegó hasta ellos.
—¿Qué pasa ahora?
—Nada —dijo Thomas—. Que este no me deja pasar.
—Porque no sé adónde vas —respondió Noah.
—Tom, ¿qué quieres hacer? —preguntó Mike.
Thomas aprovechó que Noah volvió la cabeza hacia Mike, pasó junto a él y siguió hasta el cuerpo adosado.
—Eso intento averiguar yo también.
La construcción lo ocultó de la cámara lateral. Caleb cambió a la trasera y entonces vio qué había llamado su atención: sobre la cubierta baja, bastante por debajo del tejado principal, un conducto subía pegado al ladrillo hasta perderse arriba.
—Thomas, no lo hagas —dijo Caleb por el interfono.
Thomas volvió a mirar la cubierta y el conducto.
—Va a subir —dijo Daniel.
—Eso parece.
—¿Y desde ahí puede entrar?
—Desde abajo, no.
—Ya.
Thomas se colocó junto al borde más accesible del cuerpo adosado y apoyó las manos en la cubierta. Noah y Mike llegaron detrás casi al mismo tiempo.
—Tom, en serio. Déjalo —dijo Noah.
Thomas apoyó las manos en la cubierta.
—Apártate.
—No —dijo Noah.
—Tom, bájate de ahí —añadió Mike.
Thomas cargó el peso sobre los brazos.
Mike dio un paso hacia él.
—Tom...
Thomas ya estaba intentando subir. Falló en el primer intento y en el segundo consiguió enganchar una rodilla y arrastrarse hasta la cubierta. Se incorporó respirando con fuerza.
Noah se colocó debajo casi de inmediato.
—Dame la mano y bajas. Venga.
—Apártate.
—¿Para qué has subido, Tom?
Thomas no respondió. Se puso de pie con cuidado y empezó a avanzar por la cubierta hacia el muro principal.
Entre las dos cámaras podía seguir a Thomas por la cubierta y a Mike y Noah moviéndose debajo de él.
—Thomas —dijo por el interfono—. Baja de ahí.
Thomas levantó apenas la cabeza.
—Abre la puerta.
—No.
—Pues sal tú.
—Tampoco.
Daniel se inclinó hacia las pantallas, procurando no apoyar el brazo herido.
—¿Qué coño pretende hacer?
Thomas había llegado ya al extremo de la cubierta, donde el cuerpo bajo se encontraba con la pared principal. Allí el conducto quedaba bastante más cerca, parcialmente oculto tras la estructura vertical que subía pegada al muro.
—Llegar hasta eso —dijo Caleb.
—¿Y luego?
—No lo sé.
Thomas se agachó junto al muro y metió un brazo detrás de la estructura. Desde la cámara lateral Caleb veía sobre todo su espalda; en la trasera, una parte de la pierna y a Noah desplazándose por abajo para quedar cerca de él.
—Tom, déjalo ya —dijo Mike.
Thomas contestó algo que el micrófono no recogió.
Noah levantó la cabeza.
—Eh. No te metas ahí. En serio.
Thomas cambió el apoyo de los pies sin sacar el brazo.
—Thomas, sal de ahí —dijo Caleb.
Esta vez Thomas giró la cabeza hacia la cámara.
El ruido llegó antes de que pudiera moverse: un golpe metálico corto, seguido de un roce áspero contra el muro.
Thomas intentó recuperar el apoyo, pero el pie le resbaló. Se golpeó con violencia contra el borde de la cubierta y desapareció por el hueco entre las dos estructuras.
Noah gritó su nombre.
El golpe que llegó desde abajo fue mucho más fuerte.
Mike echó a correr. En la cámara trasera, Noah ya estaba agachado junto al hueco y Mike corría hacia él.
—¡Tom!
Noah desapareció también de la imagen, bajando por el lado que la cámara no alcanzaba. Daniel se acercó a Caleb hasta quedar casi pegado a su hombro.
—¿Dónde ha caído?
—Entre el muro y el cuerpo bajo. Ahí no tengo cámara.
Caleb subió el audio exterior. Durante un par de segundos solo llegaron pasos, respiraciones y voces demasiado próximas al micrófono. Después distinguió a Mike.
—No te muevas. Tom, no. Quédate así.
La voz de Noah llegó desde más abajo.
—¿Puedes respirar?
No hubo respuesta inmediata. Caleb se quedó mirando el espacio vacío de la pantalla hasta que Thomas dejó escapar un sonido y consiguió decir algo que el micrófono deformó por completo.
Mike contestó enseguida.
—Vale. Te oigo. No te muevas.
Estaba vivo.
Caleb liberó el acceso.
—Voy contigo.
—Con ese brazo, no.
—No te estoy preguntando.
Caleb abrió. El aire frío entró de golpe con el ruido del generador y las voces que llegaban desde el lateral.
Daniel salió detrás. Rodearon la casa corriendo.