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Le preocupaba Triana, la quería muchísimo. Sabía que, aunque ella aparentaba ser una mujer fuerte y segura no era así: se rodeaba de una coraza para que no la hiciesen daño. En el colegio ella siempre le protegía del acoso de los demás compañeros, de los insultos por su condición sexual y le ayudó a no avergonzarse por ello. Si ya eran los mejores amigos, después de que su hermano y él iniciaran una relación de pareja, pasaron a ser como hermanos.
Le preocupaba su implicación con Gonzalo; no le caía mal, pero pensaba no perderlo de vista.
En cuanto a la historia del señor Mendoza y la condesa su intuición le decía que estaba a punto de descubrir algo importante. Había conseguido la dirección en la que vivía Rut y su hijo en la capital; no perdía nada por intentarlo.
Aún le quedaban varias horas por delante hasta llegar a Madrid; se acomodó en el asiento del coche y a través del espejo vio cómo Granada se alejaba.
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La mujer abrió la puerta y le invitó a entrar.
—Y dígame, ¿qué es lo que le interesa saber sobre mi familia? —le preguntó.
—Pues verá —Luis se puso serio— hace poco tiempo llegó a la tienda en la que trabajo un hombre interesándose por un piano antiguo. Solamente estoy ayudándole a averiguar el paradero de alguien, y la historia me ha llevado hasta aquí.
Mar bebió un sorbo de café, pensativa.
—Entiendo —dejó la taza sobre la mesita.
Luis observó la sala; no tenía una decoración ostentosa, al contrario, era más bien modesta.
Se fijó en una fotografía colgada en la pared.
—Esa foto es la última que nos hicimos todos juntos, días antes de que mi primo Diego se marchase a Ruanda —dijo casi sin mirar la imagen.
—Entiendo que esta conversación le resulte incómoda, señora —Luis vio en su cara el dolor —no es mi intención, se lo aseguro y le agradezco que me haya atendido.
La mujer se quedó callada. Habían pasado muchos años, pero después de aquella fotografía, todo había ido de mal en peor.
—Mi tía y mi primo vinieron a vivir con nosotros poco después de que mi tío se suicidara — carraspeó—. Yo tendría unos quince años cuando ocurrió; Diego era unos años más pequeño. Le costó mucho superar lo de su padre y algunos tampoco se lo pusieron fácil. Hasta pensó en cambiarse los apellidos para que no le relacionaran con Alejandro, pero al final no lo hizo.
—Verá, Mar, se lo preguntaré sin rodeos… ¿Era Diego hijo biológico de Rut y Alejandro?
La mujer le miró avergonzada. Había intentado guardar el secreto durante muchos años, pero ya no tenía sentido hacerlo.
—En algunas ocasiones, oía a mi tía y a mi madre hablar en voz baja y cuando me veían, trataban de disimular —explicó—. Sabía que algo no encajaba, hasta que un día Diego me contó que él no era hijo de Rut y Alejandro, que su madre se llamaba Estela y que guardaban unos documentos con un certificado de defunción y otro de adopción. Me quedé de piedra, pero él me pidió que no dijese nada a nadie de que él sabía la verdad.
Se marchó y regresó a los pocos minutos con una caja de madera.
—Supongo que ya no importa que se sepa la verdad —abrió la caja y le mostró a Luis el contenido: los documentos y las cartas.
El chico no daba crédito; sabía que algo no encajaba en aquella historia, pero no se imaginaba que se estuviese complicando tanto.
—Así que Diego es hijo de la condesa y el señor Mendoza —dijo al fin.
Mar le miró.
—¿Por qué cree que mi primo no buscó nunca a sus verdaderos padres? —se puso de pie—. Piénselo —continuó— lo supo durante muchos años y no dijo nada.
Luis no había pensado en la posibilidad de que, tal vez, Diego no quisiera saber nada de ellos; su vida había tomado ese camino y no tenía motivos para remover el pasado; quizás no quiso que sus padres biológicos volvieran a revivir el dolor de saber que su hijo estaba vivo después de haber vivido toda la vida creyéndole muerto; o tal vez no quiso dañar a Rut y Alejandro que, en definitiva, eran sus padres ¿Quién era él para sacar a la luz la verdad?
—¿Le podría decir que se ponga en contacto conmigo? —le dio una tarjeta—. Le prometo que respetaré lo que él decida.
La mujer clavó los ojos en él y se sentó.
—Mucho me temo que eso no podrá ser… A Diego lo asesinaron en Ruanda.