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La conversación entre el marqués y Mendoza había quedado en el más absoluto secreto. La familia había jugado sus cartas y había ganado. Con Ernesto fuera, su hija estaba libre. Los marqueses estaban felices de tener como futuro yerno al hijo de los Duques de Vilena y así lo airearon a los cuatro vientos. En cambio, Estela no era la misma muchacha de mejillas aterciopeladas y de mirada alegre: su rostro languidecía por momentos, apenas comía y el poco alimento que ingería lo vomitaba.
Un día, estando Estela en su habitación, se desvaneció causando un gran estrépito. Su madre acudió corriendo al oír el ruido y la encontró tirada en el suelo y sin conocimiento.
La trasladaron inmediatamente al Hospital Real. Después de hacerle muchas pruebas, el médico descubrió que tenía una importante anemia, y a ello había que unirle que se encontraba embarazada.
Se les comunicó a los padres de Estela su ingreso en el hospital primero, para poder estabilizarla en cuanto a la anemia que tenía; en segundo lugar, para salvar al bebé. Lo que el médico no sospechaba era que sus padres no lo sabían y el drama estalló. Al llegar a casa mantuvieron una enorme discusión sobre cómo podrían manejar esta situación. Ambos sospechaban que el padre de esa criatura sería Ernesto, pero en ningún momento iban a permitir que se casara con él y, muchísimo menos, que lo hiciera embarazada. Por otro lado, al ser católicos practicantes, tampoco entraba en sus planes el abortar.
Después de una noche sin dormir, decidieron que se quedaría allí ingresada y que a los vecinos y a las amistades les dirían que, por motivos de salud, la habían enviado fuera para recuperarse de su enfermedad.
Arreglaron todos los papeles necesarios, junto a la complicidad del médico a cambio de una cantidad de dinero para ayudar con las reformas del hospital. Además, enviarían a una criada que se dedicara en exclusiva a su hija hasta que ellos volvieran de viaje.
Todo se hizo según esos planes.
Cuando Estela despertó después de varios días de estar ingresada en el Hospital Real, el médico que la atendía le dio todas las explicaciones necesarias, de forma que no sospechase que el ingreso era para un largo tiempo. El embarazo era ya de cuatro meses, nadie se había dado cuenta porque su vientre no había crecido más de lo normal. Afortunadamente, a pesar de la anemia y la debilidad, el bebé estaba bien y, con el reposo que tenían allí y con la alimentación, todo comenzó a tomar su propio ritmo.
Tenía totalmente prohibidas las visitas y de ahí no era fácil salir, con lo cual, hablar con Ernesto ni siquiera se planteaba, aunque a Estela le contaban lo contrario, que él estaba informado en todo momento y que no tuviera ningún miedo, pero que por el bien de ella y del bebé no podía recibir visitas por cuestiones médicas.
El ingreso se prolongó durante todo el embarazo por un acuerdo entre la familia y el director del hospital. Durante ese tiempo, Estela decidió escribir cartas a su hijo, para que este pudiese tener un recuerdo de ella. Estaba feliz.
CARTAS PARA DIEGO
Hola mi querido niño, hoy te he notado por primera vez dentro de mí, y ya te he puesto nombre, te vas a llamar Diego, papá aun no lo sabe, pero te aseguro que se lo diré, está de viaje, por trabajo, pero en cuanto hablemos se lo diré.
Te voy a ir contando todas las emociones que me produces, no era consciente de que realmente estabas en mi interior hasta que te has movido, creo que me has dado una patadita, o tal vez sea un empujón con esa manita diminuta para decirme que cambie de postura porque estás incómodo.
Es una sensación placentera, mágica, sentir que ahí dentro estás viviendo tu propia vida, que escuchas todo lo que hablo, la música que oigo, y la tranquilidad que nos rodea a ambos.
Te seguiré escribiendo, quiero que cuando seas mayor podamos leerlas juntos y disfrutaré viendo tu cara de sorpresa y amor.
Ahora tengo que dejarte, vienen a buscarme para ir a dar un paseo por el jardín, no te he dicho que estamos en el hospital, tengo algo de anemia y aquí están cuidándonos a ambos, tenemos que dar largos paseos para que el sol nos acaricie con sus rayos, hay preciosas flores y te suelo cantar cuando estamos fuera.
Te amo Diego, te amo como nunca creí que podría amar a alguien que aún no conozco.
Mamá
Querido Diego, ¿qué te ocurría esta noche? Estabas inquieto, no parabas de dar vueltas, ¿no encontrabas la postura? Al final hemos conseguido descansar cuando me he puesto sobre el lado derecho, creo que por fin te has relajado o tal vez hemos acabado rendidos. Tengo hambre, esa es una de las cosas que me haces sentir, es bueno, me recuperaré pronto y podremos salir de aquí, te llevaré a pasear por los jardines donde iba con tu papá, notarás el olor de los jazmines y las madreselvas e iré hablándote de los colores que nos rodean, la gama de blancos, rojos, verdes, de los geranios, hay muchísimas flores donde vivimos, y vas a ser un niño muy feliz, de eso nos vamos a encargar papá y yo. Nos traen el desayuno, tengo que comer para ti y para mí, un zumo de naranja para que tengas vitamina C, un panecillo con mermelada y mantequilla, y un poquito de chocolate que me encanta. Ahora cuando terminemos nos iremos de paseo y te leeré un cuento ¿vale?
Mamá
Querido Diego, hace tiempo que no recibo carta de papá, es posible que no sepa que estamos aquí ingresados. Cuando me trajeron él estaba de viaje, y me da la sensación que tus abuelos no le han dicho nada, pero no importa, tengo una amiga que va a hacer todo lo posible por comunicarse con él y avisarle donde estamos. Sé que no nos ha olvidado, que nos quiere con locura y cuando nos demos cuenta estaremos juntos. Me imagino cómo eres: moreno como tu papá, con los ojos verdes como yo, la boca será la de él, tiene la boca muy bonita y es muy dulce y cariñoso, así que tú también lo serás. Cuando vuelva papá buscaremos tu primer caballito de madera para que vayas cogiéndolos cariño, tendremos una casa grande donde disfrutarás de tener un perrito y cualquier mascota que te guste, serás como todos los niños que cuando encuentran una lagartija te la llevarás a casa y poco a poco nos inundarás con tus rescates de animalitos en apuros. Bueno, amor, vamos a dar nuestro paseo diario y seguiré contándote cosas.
Mamá
Querido Diego, poco a poco se va acercando la hora de ver tu hermosa sonrisa, sé que todo va bien porque siento cómo te mueves, no paras, lo que me dice que vas a ser un niño muy inquieto, pero no importa yo también lo soy, no puedo estar quieta durante mucho tiempo, así que nos pasaremos todo el día jugando y corriendo por nuestro hermoso jardín. Qué ganas tengo de estrujarte, darte miles de besos y ver esa sonrisa que será la mejor vitamina para mi corazón. Viene la enfermera, tenemos que ir a hacernos unas pruebas para controlar que todo va bien, así que no te asustes porque mamá está contigo, te amo pequeño.
Mamá
Hola Diego, parece ser que tienes prisa por salir, yo también estoy deseando verte, pero debes esperar un poquito más, no es bueno que salgas tan rápido, nos va a tocar reposar más tiempo, ten paciencia, el mundo te espera con un montón de maravillosas oportunidades a tu disposición que, poco a poco, iremos consiguiendo. Mientras tanto relájate y vamos a descansar juntos para conseguir que todo salga bien. Te amo.
Mamá
Mi pequeño niño, mañana será el día que podremos vernos la carita ambos, estoy deseando conocerte, escucharte y darte el pecho. Será maravilloso poder alimentarte día a día para que crezcas grande y sano. Hoy tenemos que descansar mucho, mañana será un día largo y un poquito duro, pero lo disfrutaremos, estoy nerviosa, soy impaciente pero también tengo miedo de que en el último momento pase algo que estropee todos nuestros planes. Me acabas de dar una patadita, ¿significa que no estás de acuerdo conmigo y que no debo pensar en ello? Vale, te haré caso, no voy a pensar en ello y soñaré con tu cuerpecito entre mis brazos, el olor dulce que tenéis los bebés, y esos ojos verdes mirándome fijamente. Te quiero muchísimo, mi amor, mañana nos conoceremos.
Mamá
Cuando dio a luz, le comunicaron que el bebé había nacido con un problema cardiaco y que estaba muy grave. El plan de los marqueses de Soto Grande para deshacerse del niño y ocultar el estado de su hija a sus amistades seguía su curso.
Al niño le puso el nombre de Diego.