CAPITULO XXVI #2
—López acaba de hablar con la encargada de la posada y aún no se sabe nada de Miriam «Olimpia».
Puede que regrese del casting; quedó en avisarnos, pero a esta hora, sin noticias de la chica, con el celular que parece estar apagado y lo extraño del taxi que tomó, la situación no es muy alentadora —lamentó el jefe y continuó:
»Si la chica ha sido secuestrada por el asesino, entonces descartamos al doctor Randy Nixon como sospechoso; tiene una muy buena coartada. Y ya que el doctor Stark tiene una justificación muy sólida, hemos regresado a cero: ahora no tenemos sospechosos.
—Estoy de acuerdo con el jefe —intervino López—.
Tener como sospechoso a Randy ya vemos que no es posible.
Yo creo que la chica sí fue secuestrada esta mañana, por lo tanto, Randy queda fuera: estaba en el hotel con una acompañante, tenemos la hora de entrada y sabemos que aún no ha salido. Está confirmado.
—Y lo del doctor Stark... —continuó López—, bueno, eso está más que verificado.
La policía confirmó que estaba en su consultorio y que no se movió de allí; vieron llegar al paciente a las siete menos quince y salir a las nueve.
Además, Anthony, tú y Robert lo escucharon hablar por el intercomunicador, fijaron la cita para las cuatro y media y conversaron con el paciente.
Todo cuadra. Ante estas circunstancias, ninguno de los dos puede ser el asesino.
—Tienen razón —intervino Anthony—, sin embargo, les voy a explicar mis razones para no descartar a uno de los sospechosos —tomó una breve pausa y todos prestaron atención.
—Sabemos que el asesino es caucásico, de entre treinta y cinco y cuarenta años, que tiene conocimientos médicos y los utiliza para reducir a sus víctimas. —La mayoría asintió, Alizee lo observaba fijamente, como analizando cada palabra.
—Sabemos también —Anthony prosiguió— que usa los datos robados del censo para ubicarlas. Que tuvo contacto con Tobías y se aprovechó de eso para obtener la etorfina. —Robert buscó la nota sobre la droga en el expediente. Anthony entendió lo que aquel buscaba y prosiguió.
—Que tiene una esposa sumisa, o es soltero, divorciado o viudo; que tuvo un trauma con una mujer infiel cuando era niño... Hasta acá, ambos encuadran muy bien con el perfil —hizo otra pausa.
López intervino: —Pero en las primeras víctimas el doctor Stark tenía a su esposa y no era para nada sumisa —aclaró mirando fijamente a Anthony.
—Sí, tienes razón, pero ahora verán los motivos por los cuales no descarto a uno de ellos —expresó Anthony con plena seguridad de que lo que revelaría terminaría convenciéndolos, y prosiguió:
—También sabemos que el asesino tiene rasgos obsesivo-compulsivos con el número seis —así concluyó el perfil.
»Todas las chicas desaparecieron un jueves entre las 7:00 y las 8:00 de la mañana, fueron asesinadas en horas de la noche, entre las 11:00 y las 12:00, y sus cuerpos se encontraron el viernes. Ambos tienen coartadas para la mañana; para la noche, el doctor Nixon tiene una sola coartada.
—El doctor Stark tenía a su esposa —continuó Anthony—, pero no puede ser testigo porque ya no está; aunque estuviera, tampoco sería testigo, ya que las guardias que cubría la doctora Stark eran desde el jueves en la mañana hasta el viernes en la mañana; según el reporte que está en la cartelera.
Entonces, el doctor Stark tuvo todas las noches libres para el momento de los asesinatos. —López asistió.
—El informe psiquiátrico sobre Tobías tiene fecha de hace más de cinco años —continuó Anthony—, y sabemos que quien lo trató fue el doctor Stark.
Esa fecha concuerda a la perfección con el momento de la compra de la etorfina que según los registros hizo Tobías.
El regente que realizó la venta nos comentó que el sujeto, que pretendió ser Tobías, representaba unos treinta y cinco años y no veintinueve, que es la edad que tenía él para ese entonces.
Y resulta que el doctor Stark rondaba los treinta y cinco años en ese momento —aclaró Anthony.
»En cuanto al suicidio de Tobías, sabemos que fue un homicidio.
Ahora bien, la nota marginal del reporte de la policía de Miami, que hizo la oficial Savannah Reed, indicaba que en la habitación había percibido un aroma a Roja Parfums Haute Luxe; ella supuso, como ahora lo sabemos, que alguien había estado en la habitación de Tobías en la hora en que murió —tomó una bocanada de aire y continuó:
—La primera vez que fuimos al consultorio del doctor Stark, percibí un aroma que en aquel entonces asumimos que era incienso, basados en lo que dijo la secretaria.
Pero después de oler esa colonia, me quedó una duda que disipé la vez anterior que fui; entonces supe que el doctor usa esa fragancia y que, a pesar de ser muy astuto, se le escapó ese detalle.
Esto lo ubica en la escena del crimen en Miami, pero si ha tenido la extrema precaución de no dejar ese olor en las víctimas de acá.
»En esa primera vez en la casa de Stark, también pude observar la distribución y cantidad de los artículos que tenía en el recibidor y en el consultorio: todos mantenían un patrón de seis. Como sabemos, este es el número de obsesión del asesino.
»Conversé con el doctor Fisher, director de la Fundación Stark, y me confirmó que el doctor Stark fue uno de los mayores colaboradores del censo y se encargó, en su tiempo libre, de ayudar a introducir los datos digitales.
Es decir, lo más probable es que haya tenido acceso a los datos del registro de Miriam, y tomó nota del detalle del cabello teñido para usarlo ante cualquier eventualidad.
La eventualidad ha sido que, de alguna forma, supo que estábamos protegiendo a las seis mujeres cuyo nombre comienza con O y...
—todos miraron fijamente a Anthony, esperando el cierre de esa información.
»Revisé de nuevo el registro de Miriam y, con el apuro, no lo vimos esta mañana, pero el final de la nota dice que su nombre artístico es Olimpia.
Es otro detalle que se le escapó; quizás no pensó que descubriríamos lo del censo o que no lo conectaríamos a él, sino a Randy Nixon —pasó unos segundos la vista por todos en la sala.
»Esto me lleva al último detalle… El doctor Randy Nixon tuvo un romance con la esposa del doctor Stark; según toda la información que manejamos, el doctor Stark perdonó a su esposa.
Pero también sabemos que, en el pasado del doctor, su madre le fue infiel al padre, a quien por cierto Stark amaba mucho y a quien vio destruirse por el engaño de su mujer hasta que terminó muriendo —y concluyó.
»Por lo tanto, Michael Stark, desde que supo de la infidelidad de su esposa, a quien según su decir perdonó —al decir esta frase usó el acostumbrado gesto de las manos para denotar comillas y prosiguió su conclusión:
»Estuvo preparando el homicidio de su mujer y cómo manipular todas las circunstancias para inculpar de ello al doctor Nixon —tanto el jefe como López dieron muestras de estar llevando el hilo del razonamiento de Anthony, mirándose y asintiendo.
»Así es; esto no es obra de un asesino en serie, es obra de otra clase de loco, que quiso perpetrar un crimen perfecto bajo esa cubierta y desviando la atención hacia el amante de su esposa. Sí, es un vulgar crimen pasional, pero cometido por una mente muy astuta.
»Lo que aún no sé es cómo se teletransporta, pero lo voy a descubrir.
Al paciente es probable que lo sedé con el té que le da.
Esta mañana pude ver que pasó un largo rato dormido o con los ojos cerrados.
Pero esto no podemos demostrarlo, seguro ya le dio algo que anule el rastro de lo que contenía el té.
Tenemos que agarrarlo infraganti, porque con todo esto que tenemos, no nos da lugar a pedir una orden contra él; aunque ahora, yo no tengo dudas de que es el asesino, ningún juez firmará una orden solo con estas evidencias.
Y lo peor es… que sé que tiene a la chica y que esta noche, entre las 11 y las 12, la va a asesinar como a las otras.
Robert le dijo a Anthony:
—Debemos apurarnos para llegar a tiempo a la casa del loco, perdón, del doctor Stark; ya son más de las 4:00 p. m.
Anthony vio su reloj y respondió:
—Cierto, voy por mi chaqueta, que la dejé en la oficina, y nos vamos.
—También voy; dejé allá el celular —dijo Robert.
Al llegar a la oficina la luz estaba apagada; esta vez Anthony sí estuvo pendiente, fue detrás de la puerta a encender la luz y Robert le comentó:
—Cualquiera diría que tienes un pasadizo secreto detrás de esa puerta.
Anthony, sin encender la luz, salió de detrás de la puerta y se quedó mirando fijamente a Robert…