Entre sombras y huellas (Agente Anthony García 1) CAPITULO XXIII #2
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CAPITULO XXIII #2

—Las coartadas del doctor Randy parecen buenas, pero no pueden ser verificadas porque no quiso revelar el nombre de la persona que estaba con él en esos momentos —informó Robert.

—Entonces esas coartadas no sirven. No podemos comprobar que sean ciertas, aunque ya tengo una idea de quién puede ser esa persona —explicó Anthony, y agregó: —Pero si él no lo confirma, ella seguro lo negará.

Stuart intervino para dar su informe: —Los padres biológicos del doctor Stark están muertos.

El padre murió de cirrosis hepática hace treinta y un años; parece que era alcohólico.

La madre, que se había vuelto a casar, murió hace poco.

Se llamaban Denzel Adams y Elizabeth Morgan y además tiene una hermana tres años menor.

Fue adoptada por una familia francesa y vive en Francia con ellos; jamás ha vuelto.

—Según recuerdo, Stark nos dijo que no tenía hermanos —señaló Anthony. Luego, relató lo que habían averiguado en la casa de la enfermera Beatrice. Por último, le preguntó a Stuart.

—¿Cómo averiguaste los nombres de los padres biológicos de Stark tan rápido?

—No, no, no, secretos de profesión —respondió Stuart soltando una carcajada. Anthony esbozó una sonrisa y movió la cabeza negativamente.

—Bueno chicos, se aproxima la hora cero y hay una mujer en peligro de las ochenta que obtuvimos del censo. Podemos citarlas a todas y tratar de protegerlas en un sitio seguro —apuró el jefe.

—Pero, eso pondría en sobre aviso al asesino y queremos atraparlo, debemos dejar que crea que no sabemos cómo obtiene la información de las mujeres y atraparlo in fraganti —sugirió Anthony.

—Sí, tienes razón, pero es bastante peligroso. —advirtió el jefe—. Un pequeño descuido y tendremos otra mujer asesinada.

Al rato, el jefe observó a Anthony sentado a la mesa de reuniones con la mayoría de las evidencias esparcidas sobre ella y tomando notas.

Sabía que estaba intentando ver lo que los demás pasaban por alto, dejando que su intuición y sexto sentido encontraran lo que estaba oculto a simple vista. Entonces ordenó:

—Robert, ve a observar la casa del doctor Randy, veamos si pudiera ser el sitio que usa para asesinar a las mujeres, en caso de que él sea el asesino.

Smith y Alizee vayan a conversar con el doctor Randy Nixon.

Adviértanle que puede quedar bajo arresto si no colabora con el nombre de la persona que puede confirmar su coartada.

—López vayamos a investigar el pasado del doctor Michael Stark.

* * *

La casa de Randy Nixon era imponente. Contaba con un garaje para cuatro autos y una entrada de doble puerta; desde el portón principal hasta la puerta de la sala había unos diez metros, lo que le otorgaba una privacidad absoluta.

La propiedad estaba toda cercada; sin embargo, la parte posterior de la casa, aunque colindaba con la calle de los galpones, estaba sellada por una sólida cerca de madera de gran altura que no tenía ninguna salida.

Esa calle trasera era una zona de exclusivo uso comercial, una hilera de galpones donde operaban carpinterías de lujo, almacenes de obras de arte, talleres mecánicos de alta gama y algún atelier.

Estos negocios funcionaban de diez de la mañana a seis de la tarde.

Durante el día, el movimiento era constante, pero al anochecer, cuando los comercios cerraban, la calle se volvía un páramo desierto frente a la infranqueable empalizada de la mansión.

La propiedad de Randy Nixon no era la única con esas características.

En esa misma cuadra se alineaban cuatro residencias de dimensiones similares; aunque cada una presumía una arquitectura distinta, todas compartían la misma imponente presencia.

Por la parte posterior, las cuatro propiedades terminaban frente a la zona comercial, selladas por vallas altas y uniformes que formaban un muro continuo y ciego hacia la calle de los galpones.

Vistas desde atrás, las casas parecían una fortaleza inexpugnable, ocultando cualquier movimiento que ocurría en sus jardines traseros mientras los talleres y almacenes de enfrente quedaban en silencio al final del día.

Esta escena le hizo recordar a Robert, la casa del doctor Stark, pues compartía características similares, aunque quizás con menos galpones y negocios en la calle trasera.

* * *

Frank y Alizee intentaron convencer a Randy Nixon para que les diera el nombre de la persona que respaldaba su coartada. Una vez verificada, él quedaría libre de sospechas.

Al entrar en la oficina, el doctor Nixon miró a Alizee y le preguntó: —Por fin, agente, ¿ya se casó? —Esbozó una sonrisa pícara.

Frank le arrojó una mirada que podría haberlo matado con un rayo fulminante si hubiera sido posible. En cambio, le advirtió:

—¿Por qué, doctor Nixon? ¿Está usted interesado? Me temo que llega tarde; le advierto que el novio es muy celoso y no soporta a la gente engreída. El rostro del doctor reveló que la advertencia de Frank había surtido efecto.

Alizee lo miró asombrada, pero supo que Frank lo hacía por el comentario que Nixon le había soltado en la visita anterior.

—No, tranquilo, solo bromeaba —explicó Nixon.

—De acuerdo, entonces dejémonos de bromas y vayamos a lo que nos importa, que es por lo que estamos acá —y sin preámbulos, Frank le exigió: —Díganos el nombre de la persona que puede corroborar su coartada, porque le informo que es usted el primer sospechoso.

Randy mostró verdadero asombro y, colocándose a la defensiva, vociferó: —¿Por qué soy sospechoso si ya les dije que no conocí a esas mujeres? Jamás las había visto.

—¿Está seguro, doctor? Pues tenemos datos que indican otra cosa —le advirtió Frank.

—Claro que conocí a Madeleine, pero nunca tuve contacto con ninguna de las otras —explicó Nixon.

—No es la información que manejamos. Le advierto que, si no coopera, puedo arrestarlo para interrogarlo en la agencia por obstrucción de justicia —amenazó Frank.

—Lo lamento, pero no puedo darles el nombre de esa persona. No quiero perjudicarla, y si deben arrestarme, pues adelante —respondió con frialdad mientras adelantaba las manos unidas, ofreciendo las muñecas para que lo esposaran y agregó: —Supongo que mañana mi abogado hará que me liberen.

—Doctor, si nos da el nombre, le garantizo que solo hablaremos con ella —Nixon miró inquisitivamente a Alizee—. Así corroboramos su coartada y no lo revelaremos a nadie —ofreció la agente.

—Ya les dije que no puedo hacerlo, agentes. Hagan lo que tengan que hacer —concluyó Nixon.

—Ok. Pronto tendrá noticias nuestras, doctor. Por ahora es todo, que tenga un buen día.