Entre sombras y huellas (Agente Anthony García 1) CAPITULO XIX #3
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CAPITULO XIX #3

« En la parte izquierda de la torre, a unos cuarenta y cinco metros de usted, hay tres hombres.

Debe dispararle al que está en el centro, justo en el corazón.

No se preocupe, es un criminal. Deje el arma en el suelo y salte; su novio la estará esperando en el yate.

Si ve que los hombres de la torre también saltan, no se preocupe, nos encargaremos de ellos.

Si decide no dispararle al hombre que le ha sido señalado o falla, no solo su novio morirá; también tenemos divisados a sus familiares.

Por cierto, su hermana también es muy linda…

esperemos que continúe así. Todo depende de usted ».

—Mi hermana, mi familia... estos están locos —dijo Alizee en voz alta.

—No puedo matar a una persona a sangre fría por más criminal que sea, pero pueden matar a Frank y a mi hermana. Dios mío, ¿qué debo hacer? Si pueden encargarse de los otros, ¿por qué no se encargan de este y nos dejan tranquilos? Algo no me cuadra...

Se quedó un rato pensando. Después preparó el parapente y se lo colocó, lista para saltar.

Tomó la pistola y apuntó al hombre que estaba en el medio.

Cerró los ojos; brotaron unas lágrimas, pero se las secó para poder ver bien.

No podía fallar: era cuestión de vida o muerte.

Apuntó y disparó. El hombre no tuvo tiempo de reaccionar; dio un giro hacia la izquierda y cayó al piso.

Alizee se impulsó desde la pared de la torre y saltó. Maniobró el parapente para que fuera rumbo al yate; volteó y vio que varios hombres también saltaron desde la torre.

Ella volteó y miró a los hombres bastante cerca, pero no logró ver si venían armados.

Unos pocos minutos después, ya se estaba acercando al yate y le pareció ver a alguien en la popa esperándola.

Allí la iluminación era más suave. Esperaba que fuera Frank y que no le hubieran puesto una trampa.

Ya estaba llegando. Todas las luces se apagaron.

La penumbra cubrió todo: No lograba divisar la cubierta del yate…

Un faro iluminó la popa y quien esperaba, era Frank. Estaba bien, demasiado bien; vestía de esmoquin.

«¿Qué está pasando?», se preguntó. Aterrizó cerca de él, soltó el parapente, se acercó, lo abrazó y lo besó.

—¿Qué pasó? ¿qué te hicieron? ¿qué es esto? ¡No entiendo! —exclamó con la voz agitada por el descenso.

Frank se separó de ella, colocó la rodilla derecha en el suelo, sacó una cajita con una deslumbrante sortija y le preguntó:

—Alizee, ¿te casarías conmigo?

Ella vio hacia la baranda de arriba del yate; estaban, Anthony, Jennifer, López y el jefe.

Los acompañaban su hermana, su cuñado y sus amigos.

También estaban los padres de Frank —esto lo sabría después—.

Se le aguaron los ojos. Los acompañaban el hombre de la camisa verde y a su lado la mujer del vestido rojo; claro que ahora vestidos para la ocasión. Saludaron a Alizee levantando la copa.

—¿Cómo tú me haces esto? —preguntó—. Tú de verdad estás loco. —Miró a los que estaban en la baranda. Todos guardaban silencio. Esperaban la respuesta tanto como Frank. La hermana de Alizee la veía desconcertada.

Llegaron al yate en parapente: Robert, Stuart y Harry el primo de Jennifer. Subieron a donde estaban los demás. El ambiente se había tornado denso. Parecía que todos contenían la respiración.

Frank seguía con la rodilla en el suelo. La miraba con mucha ternura, pero con una sombra de duda. Alizee dio unos pasos hacia atrás.

—Definitivamente no. No puedo casarme contigo. —Empezó a llorar y corrió hacia las escaleras. Frank se dejó caer sentado mientras la veía alejarse. El silencio fue más agudo ahora, parecía que hasta el río se había paralizado.

Frank estaba impactado, no se lo esperaba.

Miró al cielo y después a la oscuridad del río, así se estaba sintiendo oscuro y vacío.

Alizee se detuvo a mitad de la escalera se volteó y bajo despacio.

Frank no la vio. Se levantó, su vista seguía fija en el río.

Miró la sortija y levanto el brazo para arrojarla. Alizee detuvo su mano y le dijo:

—¡Claro que me caso contigo! Pero de verdad que estás loco.

Frank tenía lágrimas, ella le dijo.

—También me hiciste sufrir. ¿Como se te ocurrió hacer todo esto? —Lo besó. Todos aplaudieron. Frank respiró hondo y respondió:

—Querías una petición con mucha adrenalina ¿no?

—Sí. Pero te pásate, aunque viéndolo bien, si me gustó. Y como lograste todo.

—Tengo muchos amigos influyentes. ¿Dónde le disparaste a Robert? Preguntó Frank.

—¿Era Robert? Pues está de suerte; le di justo a la placa que está a unos centímetros de él. ¿Y si le hubiera disparado al corazón?

—Sabía que no lo harías y estaba bien protegido. A todo lo que le dieras era kevlar y trapos —dijo esto y sonrió—. Ven, vamos; esta reunión es para ti.

Subieron a reunirse con los demás. Como de costumbre, Robert dijo:

—Si así fue la propuesta de matrimonio, conmigo no cuenten para la boda, ya me los imagino saltando de un avión a nueve mil pies de altura sin paracaídas.

—Que buena idea dijo Alizee. Todos rieron.

Frank recibió un mensaje del oficial Donovan:

Donovan: Mañana llega el expediente.

Frank: Gracias.

Frank los vio a todos sonriendo y disfrutando y no dijo nada.

Guardó el teléfono en el bolsillo… sin apartar la vista del horizonte de la ciudad.