Entre sombras y huellas (Agente Anthony García 1) CAPITULO XIX #2
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CAPITULO XIX #2

—Yo no lo sé. Sea quien sea, secuestró a mi novio y me tienen deambulando por la ciudad. ¿Tú los has visto? —le preguntó.

—No. Solo me dejaron una nota indicándome que me parara acá y le diera esta nota a una mujer que me diría «uno, dos», y entonces lo soltarían. Has venido tú; no debes leerla hasta llegar al carro, por favor, o matarán a Arun.

—Está bien —respondió Alizee.

Regresó al carro, entró, se sentó y trató de entender qué estaba pasando.

«No tiene ningún sentido. ¿Qué es lo que están buscando?

¿Qué significa todo esto?», pensaba. Abrió la nota.

Parecía estar escrita con sangre, con letras que simulaban haber sido trazadas por un niño o, más probable, por alguien usando la mano contraria:

« Hasta ahora solo hemos comprobado su capacidad para obedecer las órdenes que le hemos dado. Es inteligente y quiere preservar la vida de su novio. Ahora deberá tomar la mochila que está en el asiento trasero del carro ».

Alizee, volteó de inmediato y revisó el asiento trasero. No recordaba haber visto nada allí, pero en efecto ahora había una mochila; era negra y de tamaño normal, como la que usan la mayoría de los estudiantes. Continuó leyendo:

« Y dirigirse al One World Trade Center, subir a la azotea y utilizar el contenido de la mochila siguiendo las instrucciones que encontrará en ella.

Solo debe revisarla al llegar a la azotea; dentro encontrará todo lo necesario para cumplir su misión.

Recuerde que no debe comunicarse con nadie o su novio morirá ».

Alizee no se contuvo y abrió la mochila. Escuchó repicar un celular y lo encontró dentro. Atendió y una voz distorsionada le dijo.

—Se le indicó que solo podía revisar la mochila en la azotea, y no está obedeciendo.

Alizee miró hacia todos lados. «Me están vigilando, están cerca», pensó y respondió:

—Quiero hablar con Frank, necesito saber que está bien.

—Aquí los únicos que exigimos somos nosotros; usted solo debe obedecer. Pero haremos algo mejor que dejarla hablar con él: revise el teléfono y verá un video de él. Luego de eso, haga lo que se le ha dicho. Debe ir esta misma noche, mejor dicho, ahora mismo, o su novio habrá muerto para mañana.

Alizee buscó el video y vio a Frank sentado con las manos atadas a la espalda.

Había sido golpeado; tenía sangre en la boca y los ojos morados.

Alguien le apuntaba con un arma a la cabeza.

Unas lágrimas rodaron por sus mejillas. Guardó el celular en la mochila y la cerró sin terminar de revisarla.

Se quedó mirando la mochila; no reaccionaba, estaba petrificada.

No sabía qué hacer. «¿Será que llamo a Anthony?

», se decía, pero si lo sabían y mataban a Frank.

Descartó la idea de inmediato, no podía hacer nada.

«¿Qué será lo que quieren? ¿Qué tendré que hacer en la torre? », se preguntaba.

Encendió el carro y se fue hacia el One World Trade Center.

Al llegar, se preguntó cómo iba a subir a la azotea.

Entró en la torre, tomó el ascensor y marcó el piso ciento dos.

Caminó hacia la zona restringida y llegó a la puerta de seguridad que daba acceso a los pisos que llevan a la azotea y, para su sorpresa, estaba abierta.

—Esto está demasiado solo para ser este edificio —se dijo.

Entró, subió por las escaleras de emergencia y salió a la azotea por la esquina noroeste.

Se acercó a la orilla; la vista era impresionante pero aterradora.

Hacia abajo y a la izquierda, la marina mostraba sus botes y yates detenidos bajo las luces del muelle.

Más allá se extendía la pura oscuridad del río Hudson.

En ese vacío negro, unos pocos barcos pasaban de largo, ajenos a su situación.

Un yate solitario destacaba en el centro del río, inmóvil, como si estuviera esperando por alguien.

Abrió la mochila y sacó el contenido: había una pistola 9 mm.

Le faltaba el cargador, solo tenía una bala en la recámara. Era la pistola de Frank.

—¿Qué estarán tramando? —se preguntó.

Sacó también una nota y un parapente. Leyó:

« Observe el Rio Hudson; verá un yate a un kilómetro, apartado de los demás, estático en la oscuridad.

Está  iluminado. Ese será su destino final; allí encontrará a su novio luego de que haga lo que enseguida se le explicará.

Antes de realizar su misión, asegúrese de tener listo el parapente para saltar y dirigirse al yate.

Tendrá muy pocos minutos para hacerlo luego de cumplir su objetivo ».

La frase se interrumpía de manera brusca para intimidar aún más a Alizee, y más abajo continuaban las instrucciones:

« Tome la pistola, que solo tiene una bala; por lo tanto, no puede fallar. Sabemos que nunca falla; si lo hace ahora, su novio morirá. Si observa el yate, verá que le hacemos señas con las luces ».

Alizee miró hacia el yate y un reflector alumbraba hacia donde ella estaba; lo encendían y apagaban. Continuó leyendo: