Entre sombras y huellas (Agente Anthony García 1) CAPITULO XVIII
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CAPITULO XVIII

Stuart continuó: —Esto ocurrió hace un año y ocho meses. Tenía treinta y dos años. Según el reporte se suicidó.

La sala de reuniones quedó en silencio después de la revelación de Stuart.

Todos observaban la foto de Tobyashlyn Bates Nixon en la cartelera, como si intentaran reconciliar la imagen del joven con la idea de un suicidio ocurrido casi dos años atrás.

El aire se volvió denso, cargado de incredulidad y de una sensación incómoda: el único sospechoso sólido que tenían… estaba muerto.

Stuart, aún de pie frente a la pantalla, retomó la explicación.

—Fue encontrado en la habitación del Hotel Suites Miami que arrendaba. Tobyashlyn Bates Nixon dejó una nota de suicidio. Tenía los mismos tatuajes en los brazos y, lo más curioso —y el motivo por el que coloqué su foto en la cartelera— es que junto a su cuerpo se encontró una jeringa con…

—Etorfina —respondió Anthony.

—Exacto —confirmó Stuart—. La muerte fue ocasionada por una dosis considerable de etorfina inyectada en el brazo. Es demasiada coincidencia, ¿no les parece?

El jefe asintió.

—En definitiva, este sujeto está vinculado con todo esto —expuso el jefe.

—Solo que no es el asesino. Pero es el mismo Tobías Calbet que compró la droga. Y por lo visto, eso le costó la vida.

—Si es que la compró él —acotó Anthony—. El doctor que fue regente de la farmacia aseguró que el que compró la droga tenía treinta y cinco años, y nos demostró tener habilidad para calcular edades.

—Ahora sí estoy seguro de que Tobías no es el asesino —dijo Robert.

—Seguro que no. Vaya poder de deducción —bromeó el jefe, provocando risas.

El jefe retomó la seriedad:

—Necesitamos hurgar en la vida y el pasado de Tobías. Alguien vinculado con él debe ser el estrangulador. Y fue para esa persona que compró la droga. ¿Qué más tenemos?

Anthony respondió:

—Ernesto Medina, esposo de Rosa, nunca ha visto a Tobías ni a las otras víctimas. Los vecinos tampoco. Uno cree haber visto una camioneta de servicios frente a la casa de los Medina. Eso explicaría cómo entró sin forzar nada y cómo sometió a Rosa, que seguro se confió.

Stuart, verifica si alguna compañía de servicios visitó la casa de los Medina el jueves.

Luego añadió:

—La Fundación Stark realiza censos epidemiológicos casa por casa.

El último fue hace dieciocho meses y buscaba características físicas específicas, incluido color de cabello y ojos.

Un mes después del censo, la base de datos fue copiada durante una intromisión.

Ya solicitamos la base de datos y la autorización para que Stuart revise la plataforma y determine desde dónde se realizó la intrusión.

—Muy bien pensado —dijo el jefe—. ¿Algo más? No. Ok.

El jefe continuó:

—Smith, consigue copia del expediente de Tobyashlyn Bates con la comisaría de Miami. Ayúdate con el agente especial Donovan. Explícale que está relacionado con el estrangulador numérico. Necesitamos todo: evidencias, fotos, teléfonos, todo.

Repicó el teléfono de Anthony.

—Agente García, dígame —contestó Anthony.

—Buenas noches, agente. Soy el ingeniero Rolando. Le llamo de parte del doctor Fischer para confirmar la autorización a su agente, el que revisará lo de la intromisión.

—Ok, muchas gracias. Enseguida le comunico con el agente encargado.

Le pasó el teléfono a Stuart. Este copió algunos datos, se despidió y le devolvió el teléfono.

—Bueno —continuó el jefe—. Regresen a la casa del familiar de Tobías y averigüen todo sobre su pasado y sus parientes.

—Ya me pongo en eso, jefe —respondió Smith.

—Latino y Robert, vayan al hospital a ver qué nos tiene el director. Quedó de avisarnos sobre los cirujanos que pudieron tomar los documentos. —Miró la hora—. Bueno, es tarde. Eso puede ser mañana temprano.

—Stuart, lo de la compañía de servicios en casa de los Medina el jueves.

Smith se comunicó con Donovan, quien prometió enviarle el expediente del suicidio y todo lo relacionado con Tobías.

Smith y Rousseau salieron hacia la casa del familiar, pero decidieron ir en la mañana.