Entre sombras y huellas (Agente Anthony García 1) CAPITULO VIII #2
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CAPITULO VIII #2

La unidad llegó enseguid. El doctor Stark les explicó todo lo sucedido y les entregó una foto de su esposa.

Como de costumbre, la comisaría envió la denuncia al FBI debido al Estrangulador Numérico, sobre todo porque los rasgos de la doctora Stark coincidían con los de las víctimas anteriores.

En la sala de reuniones del FBI, el jefe recibió el informe de la denuncia del doctor Stark. Tomó la foto y la mostró a los agentes. Anthony preguntó:

—¿Qué edad tiene y cuándo desapareció?

—Ayer a las siete y media de la mañana fue la última vez que la vieron. Tiene treinta y tres años —respondió el jefe.

Anthony bajó la mirada.

—Lamento decirlo, pero me temo que ya está muerta. Cuadra con el patrón. Las mata el mismo día que las secuestra. Su cuerpo debe estar en algún río o laguna.

—Sí, también lo creo —dijo el jefe—. Voy a notificar a la comisaría para que salgan a buscar. Vayan ustedes también. Hay que ubicarla —ordenó.

Anthony le comentó en voz baja a Robert:

—Ese apellido Stark me suena conocido, pero no recuerdo de dónde.

—¿No se lo habrás oído a Natacha? Quizás fue su profesora. O habrá muchos Stark médicos, ¿no crees? —sugirió Robert—. Por cierto, ¿cómo está ella? ¿Cómo va en los estudios?

—Puede ser… Ella está muy bien, acaba de graduarse.

El jefe continuó dando instrucciones:

—Smith, habla con la prensa y dales copia de la foto y algunos detalles.

—Stuart, busca en las redes a ver si encuentras algo sobre ella.

—López, llévate a Rousseau.

—Vamos, chicos y chicas. Encontrémosla… o encontremos su cadáver.

Todos salieron de la sala, recogieron sus implementos y emprendieron la búsqueda.

A las diez de la mañana, López llamó a Anthony:

—La encontramos, Latino. Está en Pine Meadow Lake dentro de Harriman State Park. En la orilla este.

—Ok, estamos a media hora. Vamos para allá. Gracias —respondió Anthony.

Encendió la sirena y llegaron en veintidós minutos. Había dos patrullas, López y Rousseau ya estaban allí. La cinta amarilla delimitaba la zona. El cuerpo estaba cubierto. El forense acababa de llegar.

Anthony saludó, pasó por debajo de la cinta y descubrió parte del cadáver. Revisó el lóbulo de la oreja izquierda. Allí estaba escrito con marcador indeleble:

El forense descubrió el cuerpo por completo. Anthony señaló:

—Lo ven: el número tres, el cuerpo y dos líneas hechas con sus pertenencias.

—Sí —respondieron.

Anthony continuó:

—Está más oculto que los anteriores, por eso no lo habían encontrado. Las huellas de neumáticos están más secas, pero aún se ven. Y las huellas de las botas casi desaparecen.

—Sí —dijo López—. Está igual que las otras. Está haciendo los números con los cuerpos. Puede que esté intentando decirnos algo. Como ya hemos dicho parece tener un TOC con los números.

—Sí, eso parece —dijo Rousseau.

—Lo peor es que no deja rastros. Van tres mujeres y no tenemos nada —aseveró Anthony—.

Salvo el símbolo en la oreja. Mantiene el esquema, cambió el dos por el tres.

El signo de más sigue ahí, pero noto algo diferente...

aunque por lo visto piensa seguir sumando víctimas. Hay que evitar que termine su cuenta...

Luego del levantamiento del cadáver, los agentes se marcharon. Anthony y Robert se quedaron revisando la zona, buscando algo más, pero no tuvieron éxito.

—Algo no estamos viendo… algo se nos está pasando… ¿qué es? ¿qué es? —murmuraba Anthony—. No puede salirle todo perfecto. No ha cometido ningún error. Es su tercera víctima. Se mantiene todo igual, no evoluciona. ¿Qué clase de psicópata es este?

Robert ya estaba acostumbrado a su soliloquio. Se dirigieron a la oficina.

* * *

En la sala de reuniones, el jefe colocó la foto de la doctora Stark junto a las de las otras mujeres, la ubicación del cadáver y la dirección de su residencia en el mapa. Luego se dirigió a los agentes:

—Es la tercera víctima. Aún estamos a la espera del informe forense, pero basado en los anteriores no debe haber mucha diferencia. Claro, siempre esperamos un descuido, un error… quizás lo cometió ahora.

—Bueno, veamos qué podemos lograr. Hoy es viernes por la tarde. Hablen con el esposo, con los compañeros del hospital, con los vecinos. Averigüen qué vehículo tenía la doctora y dónde está. Esperemos que alguien haya visto algo. Vamos a trabajar, muchachos. Necesitamos encontrar a este psicópata.

—Stuart, intenta ubicar alguna camioneta por los alrededores en las cámaras —ordenó el jefe.

—Enseguida, jefe —respondió Stuart.

—En cuanto tengan información sobre el vehículo, comuníquensela a Stuart. Vayan. El lunes en la tarde revisaremos lo que encontremos.

Los agentes salieron. López, Smith y Rousseau se trasladaron al hospital para entrevistar al personal médico. Anthony y Robert intentarían conversar con el doctor Stark.

En el hospital, López entrevistó a la enfermera Montgomery. Smith y Rousseau hablaron con varios compañeros de la doctora.

—Buenas tardes, enfermera Montgomery. Soy la agente especial López, del FBI. Necesito hacerle algunas preguntas sobre la doctora Stark.

—El FBI… debe ser algo grave. Usted dirá, agente.

—¿Cuándo vio a la doctora Madeleine Stark por última vez?

—El miércoles en la mañana cuando llegó al hospital. No vino el jueves ni hoy.

—Si la doctora no venía un día que le tocaba guardia, ¿no llamaba al hospital para informarlo? —consultó López.

—No. La doctora es la jefa de cirugía. Si un día decidía no venir, no había problema.

Tiene guardia el lunes y ese día pasa la noche acá.

El martes se va, el miércoles regresa en la mañana y trabaja hasta la tarde.

Luego vuelve el jueves en la mañana y se queda toda la noche.

El viernes en la mañana pasa por la fundación después está libre.

Trabaja el sábado todo el día y se va en la tarde.

—Entiendo —asintió López mientras el sonido de su bolígrafo raspaba la libreta al anotar el esquema de guardias.

—¿Dígame, agente… le pasó algo a la doctora?

—Sí… lamento informarle que la doctora Stark está muerta —dijo López con pesar.

—No puede ser… ¿qué le pasó? ¡No lo puedo creer! —la enfermera palideció, parpadeó y se le humedecieron los ojos.

—Es parte de una investigación en curso, pronto habrá un comunicado oficial —explicó López.

—El doctor Stark llamó está mañana para saber de ella. Le dije que no se había presentado el jueves. Yo pensaba que estaba en su casa. Me dijo que allá no estaba… debí suponer que algo malo pasaba.

—¿Cómo era la relación de la doctora con el doctor Stark?

—Bien, me parece que se llevan bien... —Se tapó la boca y completó: —Se llevaban bien. Esta vez cerró los ojos por un momento.

—¿Sabe si la doctora tenía algún enemigo?

—No creo. La doctora era muy buena gente. En verdad no lo puedo creer… todos la querían. Claro, tenía su carácter, pero todos lo tienen, ¿no? Eso no es razón para matar a alguien.

—Le sorprendería saber la cantidad de motivos fútiles por los que algunas personas matan a otros —comentó López.

—¿Tenía hijos la doctora?

—No, no tenía. Pero le escuché decir que ya estaba casi lista para tener. Le quedaban siete años y había esperado por su carrera, pero ya estaba dispuesta a descansar dos años para un embarazo y luego volver. Decía que una mujer no debe parir después de los cuarenta.

—De acuerdo —dijo López, y preguntó:

—¿Qué vehículo tenía la doctora y dónde lo aparcaba?

—Tenía varios carros, pero acostumbraba a venir al hospital en un Lexus LS 500 color negro obsidiana, nuevecito. Lo estacionaba en el puesto de la jefa de cirugía.

López tomó nota.

—Muchas gracias, enfermera Montgomery. Ha sido de mucha ayuda. Tenga, si recuerda algo más, puede comunicarse conmigo a este número —le entregó una tarjeta personal.

Luego llamó a Stuart:

—Manejaba un Lexus LS 500 color negro obsidiana del año. Envía la información para que estén pendientes a ver si lo ubican.

* * *

Frank y Alizee entrevistaron a algunos doctores, pero no obtuvieron mucha información.

A todos les caía bien la doctora. La mayoría se entristeció con la noticia de su muerte.

La doctora Ramírez se vio bastante afectada; sus lágrimas parecían sinceras, pensó Alizee.

El doctor Nixon estaba muy impactado. No me gustan los rubios, pero este hombre es de verdad bello y sexy…

debe estar en sus treinta y tantos. No es de los que pasan desapercibidos, pensó.

Volteó a ver a Frank y se sintió culpable.

Le tomó la mano, lo haló hacia una habitación vacía, cerró la puerta y lo besó.

Él estaba sorprendido, pero respondió el beso.

Se separaron y salieron. Justo en ese momento López se acercaba, pero no se percató de lo ocurrido entre sus compañeros porque estaba enviando un mensaje.

—¿Nos vamos? —preguntó.

Los otros asintieron y salieron del hospital.

* * *

Anthony y Robert llegaron a la casa del doctor Stark, esposo de la tercera víctima, pero nadie respondió.

Cuando por fin se comunicaron con la secretaria, ella les indicó que fueran el lunes; no había podido comunicarse con el doctor, que creía que podía estar deprimido.

Había cancelado todas sus citas para ese día y el siguiente.

Hacía poco que le habían dado la noticia, al igual que a ella.