Entre Rosas y Sueños Capítulo 58 #2
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Capítulo 58 #2

Los doce eran seres brillantes, incorpóreos. No tenían rasgos ni nada que los distinguiera. Su voz viajaba como una melodía; sin embargo, parecía no salir de ningún lugar concreto.

—Queríamos negociar con vosotros si nos lo permitís. —Dorian tomó la palabra.

Hubo silencio, lo que aceptamos como una invitación para seguir hablando.

—Conocemos la profecía, y somos conscientes de que el pacto que se hizo antiguamente se ha distorsionado.

Ya no os veneramos como debemos, ya no os tratamos con el respeto con el que nos corresponde hacerlo.

Los nuevos tiempos, las nuevas generaciones estamos perdiendo el foco, y me temo que no será posible volver a ello.

Los seres humanos somos seres egoístas por naturaleza.

El problema es posible que no se solucione nunca.

Así que os pedimos hacer un trato. Un trato que os libere a vosotros y que nos libere a nosotros.

«Os escuchamos». Esta vez sonaron docenas de voces como una sola.

«Mas no prometemos nada. Un trato no existe en nuestro mundo. Un pacto será lo único que podremos ofreceros. Una cosa por el precio de otra.»

Cambié sobre la marcha la palabra pacto, esperando que pudiese haber alguna suerte. Me tuve que imaginar que no sería tan fácil.

—Queremos terminar con la era de los Dones. Sabemos que Alessandra y yo somos la llave para sellar la puerta que nos une, pero tras conocer la historia de nuestros antepasados nos dimos cuenta de que algo fallaba. Ellos nunca contaron con vosotros.

«Todavía no era el momento». Las voces resonaron como si los cielos hablaran.

«La hora aún no había llegado, mas como vosotros indicáis, los Dones se están perdiendo. Se está masacrando nuestro nombre, nuestra influencia. Osáis creeros los dueños del mundo sin recordar de dónde viene vuestro poder, vuestra riqueza y vuestro nombre.»

—Queremos acabar con ello —intenté que la voz no me temblara esta vez—.

Os libraréis de nosotros y vuestro poder será completamente vuestro—.

Cuando dije eso, susurros comenzaron a llenar nuestro alrededor.

Sabía que eso les gustaría, pero no estaba segura de qué decían aquellos susurros—.

Solo os pedimos que Dorian y yo podamos estar juntos, que ninguno de los destinos fatídicos que acabaron con nuestros antepasados o que estaban preparados para nosotros ocurra. Vuestra libertad por nuestra libertad.

«Pequeña Alessandra, pides mucho para lo poco que das.

¿Qué os parece esto?» Un escalofrío me recorrió la columna a la espera de lo que iba a pedir.

«El tiempo pondrá a cada uno en su lugar.

Antes de que acabe el verano, vuestros Dones habrán desaparecido.

Vuestros recuerdos se irán transformando con el tiempo.

Os olvidaréis de nosotros. Y a cambio de esto vuestros futuros hijos no nacerán. »

Una espina me atravesó el pecho. Siempre había querido tener hijos, sobre todo ahora que veía que todo no podía ser tan horrible. No quería que fuera tan pronto. Dorian y yo lo habíamos hablado hace poco, pero si accedíamos, ese futuro ya no existiría.

Dorian me miró alarmado, pero dijimos que aceptaríamos mientras ello no atentase contra nuestra vida o la de nuestros seres queridos. Ya no había marcha atrás

—Acepto. —Mi voz no sonó tan fuerte y decidida como me gustaría. Al igual que la voz de Dorian, que sonó ahogada a mi lado, aunque no sabía si era por la presión que se acumulaba en los oídos.

—Pacto admitido.

En cuanto las voces se acallaron, caí de rodillas al suelo.

Antes de perder la consciencia de nuevo, una de esas siluetas brillantes se acercó a mí.

«Siento que tenga que ser así, pero es la mejor opción. La única en la que los doce estábamos de acuerdo.»

Era Eellary. Había amabilidad y dolor en su voz. Quise hablar, preguntarle por qué, pero la voz no me salía.

«Las otras alternativas eran horribles. Que vosotros hayáis tenido el valor de venir hasta aquí os ha salvado la vida, pero siento que sea así, Alessandra. Sé que era algo con lo que soñabas.»

No sabía dónde empezaba mi dolor y dónde el suyo, pero lo sentía. Le dolía como si ella misma fuese a perder a sus hijos.

Cada vez la imagen de Eellary se enturbiaba más y más hasta desaparecer.

Toda esa luz, ese brillo que había hace unos momentos, fue engullido por la oscuridad absoluta.

Por el vacío. Esa oscuridad y confusión solo duró unos largos segundos, los suficientes para hacerme creer que no volvería, pero cuando la luz llegó, volvió más fuerte que nunca.

Bajo el sol de La Toscana, un Dorian un poco más adulto iba de la mano de un pequeño niño.

No tendría más de tres años. Sus pasos aún eran torpes, pero sus ojos brillaban mirando las plantas que le rodeaban.

Tenía los ojos igual de oscuros que él, pero la piel más bronceada que su padre.

Sonreía a todo lo que miraba mientras decía cosas incoherentes que hacían reír a Dorian.

Cuando me vieron sentada en un banco, se pararon frente a él.

Yo tenía en brazos a una bebé. Parecía tener unos pocos meses y sus ojos eran enormes y llenos de alegría.

Pataleaba y reía cada vez que le decía algo.

Cuando los vio frente a nosotras, estiró la mano hacia Dorian mientras balbuceaba algo, y entre esos balbuceos, una palabra brotó de sus pequeños labios: “papá”. Era su primera palabra.

Cuando desperté estaba llena de sangre y lágrimas.

La sangre se había vuelto un charco debajo de mí, y de mi barbilla aún seguían cayendo gotas.

—Alessandra —Dorian aún me mantenía entre sus brazos—, pensé… dios mío.

No fue capaz de terminar la frase. Un sollozo rompió su voz antes de abrazarme más fuerte.

—Estoy bien —pero mi voz me sonó tan débil que pensé que no me había escuchado.

No tenía fuerzas para levantarme, así que dejé que me envolviera entre sus brazos el tiempo que él quisiera. Aunque quería irme de este lugar lo antes posible, sus brazos eran una barrera ante lo ocurrido.