Entre Rosas y Sueños Capítulo 57
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Capítulo 57

Desde el día de mi cumpleaños, Dorian y yo nos volvimos inseparables.

Pocas veces salíamos, y siempre que lo hacíamos era en horas en las que apenas había gente, o en las que nos podíamos fundir con los turistas bajo los ojos despistados.

A mi padre no le hacía mucha gracia, pero llevábamos casi dos meses sin salir de casa, y aunque Dorian y yo no necesitábamos mucho para entretenernos y pasarlo bien juntos, a veces nos apetecía salir.

Quedaban menos de unas semanas para que le pusiéramos fin a todo esto, ¿qué más daba ya?

Si nos pillaban pronto, Dorian y yo ya no estaríamos aquí, no iba a pasar nada.

—¿Hija? —mi padre entró cortando la conversación que tenía en la cocina con Dorian—. ¿Podemos hablar un momento? A solas.

Miré a Dorian de reojo después de asentir. ¿Nos habrían descubierto?

“Si lo hubiesen hecho, creo que la regañina sería para los dos”. Dorian fue rápido en leer y contestar a mi preocupación. Y seguramente tendría razón.

Seguí a mi padre hasta su despacho.

—He estado hablando con tu tío, y vamos a cortar lazos con clientes extranjeros. —Sus palabras me sorprendieron.

—¿Qué? —pregunté desorientada. Me esperaba cualquier cosa menos eso.

—No le he contado nada de lo que va a pasar —sabía que se refería a lo del pacto con los Dioses, y me alegraba que no le hubiese contado nada.

No conocía el plan, quería mantenerlo lo más a ciegas posible—, pero sabe que todos estamos en decadencia porque nuestros Dones no funcionan igual que antes.

Así que hemos decidido cortar lazos con Japón y Estados Unidos por miedo a una posible bancarrota. Seguiremos trabajando a nivel europeo.

—O sea que si los Dones desaparecieran, el riesgo para nuestra familia sería mucho menor.

Mi padre asintió.

—Si siguiéramos en el mercado internacional, no podríamos seguir el ritmo que llevábamos hasta ahora, perderíamos muchas cosechas —cosa que ya estaba pasando a día de hoy, pero en menor medida—, y mucha calidad.

Devolveré gran parte del terreno a tu abuelo si lo quiere aceptar; si no, lo venderemos.

De esta forma asumimos muchos menos riesgos.

No es necesario tanto. Tu tío, por suerte, comienza a ver las cosas un poco como yo.

Nos jubilaremos pronto. No sé qué querrás hacer con el negocio familiar, Alessandra, pero no quiero que quede ninguna carga en ti. Eres libre de tomarlo o dejarlo.

Asentí sintiéndome más ligera al escuchar esas palabras.

Esperaba que mi tío hubiese tenido una charla similar con Giu, que quitase un poco de esa carga que sabía que sentía sobre sus hombros.

—Y Alessandra —dijo antes de salir—, sabes que me gusta mucho ese chico para ti, pero por favor, tened cuidado.

Volví a asentir. Esta vez sabiendo que no le iba a hacer demasiado caso.

Últimamente estaba un poco histérico. Le aseguré por activa y por pasiva que cuando acabáramos con los Dones no habría ningún riesgo, que saldría ilesa. Que solo iba a ser una conversación con ellos, pero ambos sabíamos que todo lo que involucraba a los Dioses no era tan sencillo.

✦

Las cosas habían cambiado mucho en casa.

Christie pasaba mucho más tiempo aquí, y aunque no me molestaba porque me trataba muy bien y era muy agradable estar con ella, seguía siendo extraño para mí encontrarla en casa.

Supongo que a papá le pasaba lo mismo con Dorian, aunque parecían haber hecho buenas migas.

Con Christie y Dorian no podía decir lo mismo.

Se notaba que sentía cierta aversión hacia él, pero después de lo ocurrido entre Fiero y yo, no le podía culpar.

Su hijo se hubiese casado conmigo en un año.

Y pasamos de ser inseparables a no poder siquiera vernos.

No lo veía desde hace casi un mes cuando terminé la escuela.

Solo sabía que él y Agatha habían formalizado la relación poco después de terminar las clases y eso estaba dando mucho de qué hablar.

Mi padre me confirmó que La Élite no estaba contenta, y si no lo dejaban, iban a forzarlos a hacerlo.

Seguía enterándose de lo que planeaba La Élite gracias a la madre de Marco, ya que a nosotros nos habían excluido por completo.

Ya quedaba menos de un mes para que el próximo evento se celebrase.

El solsticio de verano, organizado por la familia Savino, y no podía evitar preguntarme si nos llegarían las invitaciones.

Teniendo en cuenta que lo organizaba la familia de Agatha, era muy posible que no, pero sería extraño de cara al público que nosotros no estuviésemos en uno de los eventos de La Élite.

Sin duda, nosotros, nos llegasen entradas o no, no teníamos intención de ir.

Con suerte, todo terminará antes de la llegada del próximo evento.

La luna nueva del mes de junio caía en día doce; ese día nos tocaría marchar a mí y a Dorian al monte Vesubio, y el veintitrés era el próximo evento.

Todas las conjeturas que había en mi mente podrían ser erróneas.

Hasta que llegase el día no sabíamos nada.

Lo único que podíamos hacer era esperar e ir lo más preparados que pudiésemos.

Y gracias a Greta Pellegrini, la directora de la escuela, teníamos acceso a toda la información que queríamos sobre los Dioses, al menos a toda la escrita.

Y aunque en unos pocos meses no lograríamos recabar toda la información que nos gustaría, sí que nos abrió la puerta a muchas más cosas de las que desconocíamos, y nos aseguró algo, y es que para romper un pacto había que hacer otro pacto, un pacto en el que inevitablemente perderíamos algo.

Esperaba, por favor, que no fuese a Dorian.

Sabía que, si nos marchábamos, echaría de menos muchas cosas.

Echaría de menos a Giu, a Chiara y a Gabriele, con los que me había acostumbrado a pasar más tiempo, incluso a Marco y a Silvia, con los que quedábamos también de vez en cuando.

Por fin conseguí un grupo de amigos, un lugar donde pertenecer, pero todo esto lo había construido gracias a él.

Dorian me había dado el valor, me había aplanado el terreno en el que sembrar las semillas para prosperar.

Sabía que si Dorian y yo nos teníamos que marchar, de alguna forma volvería a ver a los demás, pero si perdía a Dorian, la historia sería muy diferente.

Si algo había aprendido estos meses de leer diarios y apuntes de nuestros antepasados, era que nuestra historia nunca terminaba bien cada vez que los desafiábamos.