Capítulo 55
(D)
A la mañana siguiente, en el desayuno coincidimos con el padre de Alessandra.
Parecía de buen humor, ya que no tiró ninguna puya sobre el cuidado que debíamos tener.
Por suerte, cuando fuimos a Bomarzo no hubo incidentes.
Desde entonces solo hemos estado en casa de Alessandra, así que era imposible que alguien se enterase de nuestra relación, a no ser que a alguno de los que estuvieron ayer con nosotros se le fuese la lengua, pero ya estaban más que avisados del cuidado que tenían que tener.
Esa quedada también tuvo el visto bueno del padre de Alessandra, así que no debía de haber ningún problema.
—Alessandra, hija, en menos de un mes es tu cumpleaños. ¿Sabes ya qué quieres hacer?
¿Menos de un mes? Por alguna razón, Alessandra y yo nunca habíamos hablado de nuestros cumpleaños y, si quería organizar algo que valiera la pena, no podía dejarlo mucho más.
Más tarde me enteré de que su cumpleaños era el dieciséis de mayo.
Estábamos terminando abril, así que no me quedaban mucho más de dos semanas y pocos días para organizarlo.
Por suerte, ella ya estaba libre y, aunque cayese entre semana, no pasaría nada, porque una idea ya estaba comenzando a formarse en mi cabeza.
Una idea que llevaba mucho tiempo en mi mente, pues siempre había pensado en hacer algo especial para nuestra primera cita, pero que finalmente sería para su cumpleaños si todo salía bien.
Me quedé a comer en su casa, junto a su padre, que pareció aceptarme bastante bien.
Aunque podía entender el porqué muchas veces se ponía serio con nosotros, no tenía que ser fácil saber que todas las personas que te han rodeado durante toda tu vida te daban las espaldas, y sobre todo que querían acabar con la vida de tu hija.
Entendía sus medidas restrictivas. Pero no podía mantener a Alessandra encerrada en su casa hasta que la situación se olvidara.
Parecía que eso ya estaba ocurriendo, sobre todo desde que Alessandra y Fiero lo dejaron.
Sin embargo, si nos veían a los dos juntos, la cosa volvería a empeorar.
Así que cuando llegó la hora de irme, antes de salir me dirigí hacia el despacho de Massimo.
—Adelante —la voz se escuchaba ahogada por las puertas de madera—, te esperaba —dijo una vez entré, y no me extrañaba. Massimo era un hombre que siempre iba un paso por delante de los demás en la mayoría de las ocasiones.
—Quería pedirle permiso para pasar la noche del cumpleaños de Alessandra fuera con ella.
—¿Cuál es tu plan?
Comencé a narrarle la idea. Aún tenía que confirmar unos detalles para asegurarme de que se podría hacer tal cual lo imaginaba, y esperaba que así fuera.
Quería que fuese un día especial; después de su cumpleaños no faltaría demasiado hasta el día de la audiencia con los Dioses, y aunque estuviese seguro de que por una vez algo saldría bien, quería que pasara lo que pasara, fuese un día especial para ambos.
Un día que, cuando nos tocase mirar atrás, lo recordaremos con cariño.
—Solo pido una condición —lo escuché atentamente, aunque ya conocía su intención, así que me imaginaba lo que era—.
Rodrigo, nuestro chofer, os llevará y se quedará en una habitación si lo ve necesario.
No interrumpirá a no ser que haya algún problema.
Lo revisará todo antes de que vayáis, incluidos alrededores.
La idea de que se quedase vigilando no me hacía mucha gracia, pero no me quedó otra que aceptarlo. Con suerte no tendría que quedarse.
Así que cuando llegué a casa, lo primero que hice fue buscar a mi hermano.
Aún se me hacía raro recorrer los pasillos de casa, a pesar de llevar casi un año de vuelta, me seguía sintiendo fuera de lugar.
Además, siempre me había limitado a ir a la cocina y hace unos meses al gimnasio con Gabriele, pero pocas veces subía a la planta de arriba donde mi antigua habitación estaba; la dejé atrás y toqué en la puerta contigua, esperando una respuesta.
—Pasa —se escuchó finalmente en el interior—. Dorian —mi hermano parecía no estar esperándome—, pensaba que sería papá o mamá.
Estaba despeinado con los apuntes esparcidos sobre la mesa. Me acerqué y fui directo al grano.
—Dime que el castillo de la familia sigue en pie y que nuestros padres no lo han vendido.
—Aún es nuestro, y bueno, no se está cayendo a trozos.
—¿De verdad? —Esto facilitaría mucho las cosas porque no tendría que cambiar de planes.
Mi hermano asintió.
—¿Qué tienes entre manos?
—El cumpleaños de Alessandra, quiero preparar algo especial.
—El castillo está bastante deteriorado, Dorian.
—¿Es seguro?
—Sí, pero…
Lo corté.
—No necesito saber nada más entonces, pero necesito que me des un viaje hasta allí. No lo recuerdo bien y necesito ver el lugar para organizarlo todo.
—Mañana —contestó mi hermano.
—Mañana entonces —afirmé. Tampoco estaba en posición de meter presión encima de que me iba a llevar —que te vaya bien con los apuntes.
Me despedí dejándole de nuevo su espacio para seguir estudiando, con la idea aún dándome vueltas en la cabeza mientras bajaba las escaleras.
—Anda, ¿has llegado ya, Dorian? —Tuve demasiada suerte de no haberme encontrado antes con mi madre, pero en algún momento tenía que acabarse esa suerte. —¿Cómo te ha ido con la amiga de Chiara?
Para mis padres, estaba conociendo a otra chica. Les dije que dejé de ver a Alessandra, lo cual no les hizo mucha gracia, y me inventé una excusa para mis salidas constantes. Sabía que si estaba conociendo a otra chica de la alta sociedad, no les importaría.
—Muy bien— contesté.
—¿Cuándo nos la presentarás? —cada vez que tenía la oportunidad soltaba esa pregunta.
—Aún nos estamos conociendo, mamá —aún me resultaba raro llamarla así, pero era mejor actuar como que seguían teniéndome en sus manos—, quiere esperarse a que oficialicemos la relación —continué con mi mentira.
—Pues estás tardando en hacerlo.
—Le estoy dando su espacio. Cuando esté preparada, lo haremos oficial.
Contestaba con Alessandra en mente. Aunque ella ya parecía más que preparada para oficializarlo.
Sobre todo ahora que tenía menos cosas de las que preocuparse, pero sabía el pensamiento que rondaba sin cesar por su cabeza y que no era capaz de verbalizar.
Ese pensamiento que también me atormentaba de vez en cuando.
Así que seguiré esperando, seguiré esperando hasta que todo sea seguro, hasta que el destino me reafirme que Alessandra y yo estábamos hechos el uno para el otro.
Dioses o no por medio. Pues no me imaginaba la vida de otra manera desde que la conocí.
Así que por ello me pasé trabajando casi un mes en preparar un cumpleaños inolvidable, para que, fuera cual fuera nuestro final, recordara lo mucho que la escuchaba, lo que sentía por ella.