Entre Rosas y Sueños Capítulo 53
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Capítulo 53

Estuve a punto de perder la cabeza. Si Dorian no hubiese vuelto en sí, seguiríamos atrapados en la vorágine de voces que me querían arrastrar como un tornado.

Pero Dorian estaba de vuelta, aquí, conmigo, y las voces habían cesado, dejándonos en un silencio sepulcral.

Ninguno fue capaz de emitir ninguna palabra; tan solo aguardamos a lo que sea que nos esperara ahora. Pero solo había silencio.

“Vamos a hacer la petición”. La voz de Dorian resonó en mi mente tras unos pocos minutos de espera.

Asentí de acuerdo. El silencio se estaba volviendo inquietante, y realmente creía que tras el rato de espera que habíamos dejado no pasaría nada más.

Era el mismo silencio que había cuando pusimos un pie en el interior de la boca del infierno.

Pensaba que el nombre era solo algo artístico, algo que acompañase a su grotesca imagen, pero resultaba que si osabas poner un pie aquí buscando ayuda, primero tenías que pasar por el mismísimo infierno.

«Quiénes osan interrumpir en mi templo»

La voz resonó entre las paredes, pero solo estábamos Dorian y yo en esa oscuridad abrumadora.

—Dorian Vinci y Alessandra Leone —contestó Dorian.

El oráculo se nos había adelantado.

«Dos grandes guerreros, si habéis logrado soportar las voces. Tenéis permiso para dos preguntas, ni una más ni una menos.»

Cada palabra parecía reptar por el lugar como un depredador, consiguiendo helarme la sangre.

—Somos los portadores de los Dones de Eellary y Rayden —expliqué, y un sonido de comprensión reverberó a nuestro alrededor—. Queríamos una audiencia con los Dioses, ¿nos la permitirán?

«Os han elegido para ello. Tenéis que volver al lugar donde todo comenzó.»

Dorian ya estaba mirándome cuando volví la vista hacia él; no me hacía falta adentrarme en su mente para saber qué pensaba. La profecía era cierta, ya no cabía duda.

—¿Es seguro para los dos? —preguntó esta vez Dorian.

«Todo tiene un precio, pero no tengáis miedo. Lograréis salir.»

Sus palabras no me tranquilizaron tanto como me hubiese gustado, pero no podíamos hacer ninguna pregunta más.

Eso es todo lo que nos iba a decir y era todo lo que podíamos tomar.

No pudimos hacer otra cosa que agradecérselo si queríamos marcharnos y aceptar la información que teníamos, que era mejor que nada.

—Gracias por aceptarnos y responder a nuestras preguntas.

No hubo respuesta, tan solo un silencio sepulcral hasta que esa energía pesada desapareció.

Todo y nada cambió a nuestro alrededor. El aire parecía volver a fluir, la oscuridad dejó de verse tan densa y peligrosa como segundos antes, y esa sensación de ser observados desapareció por completo, pero ninguno de los dos fue capaz de articular una palabra.

Al menos no hasta que nos alejamos de la máscara monstruosa de la que salimos.

—Hay que ir al monte Vesubio. —Dorian estaba agarrado a mi mano, pero su mirada seguía perdida.

—Supongo que no nos queda otra —dije haciendo que su atención volviera hacia mí.

Aún parecía atormentado por lo que había pasado hace unos minutos, aunque realmente no sabía cuánto tiempo habíamos pasado ahí dentro.

La oscuridad era casi absoluta en el exterior entre los árboles y las estatuas de aspecto decadente.

Evitaba mirarlas, como si por casualidad encontrara a lo que fuese que había estado con nosotros minutos atrás escondido entre ellas.

—Alessandra —Dorian arrastraba las palabras con dolor mientras me miraba aturdido—. No quería hacerte daño ahí dentro. Yo…

Lo corté antes de que pudiera seguir hablando.

—Lo sé, Dorian —se me encogió el corazón al recordarlo—. La daga no iba hacia mí, no me ibas a hacer daño —esperaba que entendiera a lo que me refería, porque era incapaz de articular lo que estuvo a punto de suceder realmente.

Intentaba no volver a esa imagen de Dorian desgarrándose la voz. Había tanto ruido a mi alrededor que no podía distinguir exactamente lo que salía de su boca. La única frase que pude entender antes de que se lanzara hacia la daga y yo volviera a la realidad fue: “Haz que pare”.

Si hubiese tardado más en volver a mí, tal vez hubiese sido demasiado tarde, y me aterraba que algo así pudiese volver a suceder cuando acudiésemos a los Dioses. Había estado muy cerca de perderle. Muy cerca de que la historia se volviera a repetir.

Esa confesión lo dejó conmocionado durante unos segundos, pero logró sacar un suspiro de su interior, dejándome más tranquila al ver su rostro más sereno. No parecía albergar la palidez que tenía hace unos minutos, ni la mirada distante y atormentada.

—No podría vivir si supiera que te había hecho daño, si había hecho algo incluso peor que lo que le hice a mi hermano —negó para sí mismo.

Aún estaba encogido por lo sucedido. Ambos lo estábamos.

—Dorian —los dos nos paramos en seco—. Te confiaría mi vida si hiciera falta. Sé que nunca me harías daño.

Lo sabía, lo sentía en el interior de mi ser desde el primer momento en el que le vi, pero él me miraba con los ojos bien abiertos. Asustado.

—No lo hagas —dijo rápidamente—, no mientras el Don siga latente en mi cuerpo.

En ese tipo de ocasiones no soy yo, Alessandra, soy voluble.

Si mi mente pierde el sentido, puedo llegar a ser peligroso, y si lo hago, te pido que te alejes de mí.

Que me abandones si es necesario —negué—, por favor —suplicó, pero no podía prometerlo.

—Ya lo veremos si en algún momento se da la situación. —Se tendría que contentar con esa respuesta, pues no iba a obtener otra por mi parte que a él le gustase.

Pareció leer mi determinación, ya que no trató de hacerme cambiar de opinión. Tampoco creía que ninguno de los dos estuviera de humor para discutir ahora.

No hablamos demasiado en el camino al helicóptero. Lo suficiente para mantener a raya los pensamientos que nos hacían revivir lo que acababa de ocurrir una y otra vez.

El trayecto en helicóptero sí que fue mucho más silencioso.

Dorian iba pegando cabezadas de las que se levantaba sobresaltado.

Lo único que podía hacer era darle la mano mientras esperaba que esto no hiciera crecer un abismo, que esto no nos atormentase durante mucho tiempo.

Sobre todo a él. Él se había llevado la peor parte.

✦

Cuando solo quedaban quince minutos para aterrizar, Dorian parecía estar completamente dormido.

Su pelo tapaba parte de su cara, pero aun así podía notar su semblante más relajado y su respiración tranquila.

Había estado tan pendiente de él que ni siquiera me molesté en mirar por la ventanilla, y antes de lo que me imaginaba ya estábamos de vuelta a los inmensos prados verdes que nos rodeaban.

—Dorian —le llamé a través de los auriculares que aún llevábamos.

—Mmm —se despegó del asiento aún orientándose mientras se deshacía de los auriculares—. ¿Ya hemos llegado? —preguntó fundiéndose en mi hombro.

—Si —murmuré acariciando su pelo, pero no tardamos en tener que abandonar el interior del helicóptero.

Nos quedamos fuera por petición suya. Le llevé a pasear por el jardín de las fuentes, parte del jardín que aún no había visto, pero no tardó demasiado en tener que irse.

—Siento irme tan pronto —dijo cuando su hermano aparcó frente a casa—. Aun así, mantengo lo que dije ayer. Siempre que me lo permitas, estaré acompañándote mientras estudias.

Y así fue.

Casi cada día venía con un libro con el que entretenerse mientras estudiaba.

A veces me ayudaba a estudiar, otras salíamos para despejarme a los jardines, alguna vez íbamos hasta los establos para darles de comer y peinar los caballos.

Siempre me ayudaba a encontrar algo que me hacía desconectar de lo que estaba haciendo cuando me sentía sobrepasada, y luego volvía con la cabeza despejada, lista para poder seguir avanzando.

A veces me traía un tentempié cuando notaba que llevaba demasiado tiempo sin comer o veía que comenzaba a desconcentrarme.

Por alguna razón, me ayudaba a mantener el foco.

Todo seguía exactamente igual que antes de que fuéramos ante el oráculo, lo que me ayudó a estar mucho más tranquila.

Aunque no pude evitar fijarme en que Dorian tenía pesadillas desde entonces.

Yo también las tenía, eran horrorosas, veía a Dorian una y otra vez con la daga en la mano.

Muchas veces no pasaba nada, pero otras me despertaba en mitad de la noche esperando que Dorian estuviera a mi lado sano y salvo.

Así que no era nuevo que cada vez que nos despertábamos en mitad de la noche nos encontrásemos al otro despierto.

Fue una de esas noches en las que mi mente comenzó a crear una imagen que nunca me imaginaría.

—Sabes —Dorian se giró hacia mí, podía ver cómo me observaba en la semioscuridad—, creo que haré una pequeña fiesta cuando termine los exámenes. Tú, Giu, Silvia, Marco, Chiara y tal vez también se lo podemos decir a tu hermano.

Las veces que iba a la escuela siempre pasaba el tiempo libre con ellos.

Había comenzado a sentirme muy cómoda en su compañía, por una vez estaba comenzando a tener un grupo de amigos, aunque tal vez no fuese durante demasiado tiempo.

Me seguía inquietando lo que podía pasar el día que hablásemos con los Dioses, pero mientras estuviese aquí quería aprovechar el tiempo.

—Estoy seguro de que mi hermano aceptaría.

Por lo que me había contado, su relación con él había mejorado mucho.

Comenzaban a tener confianza el uno en el otro y eso me alegraba porque parecía no odiar tanto pasar tiempo en su casa.

Al parecer, Chiara también iba muy en serio con él y estaba muy contenta porque hace unas semanas formalizaron por fin la relación.

Sin duda iban mucho más rápido que Dorian y yo, aunque teniendo en cuenta todo por lo que habíamos pasado y que aún no nos podían ver juntos, no habíamos tenido siquiera una cita, si no contábamos el rato que estuvimos antes del evento de Dolce Vanna.

—Queda una semana —dije dándome cuenta de lo poco que quedaba para terminar los exámenes—. Tendría que ir ya preparando cosas —murmuré para mí misma, viendo que no cesaban las tareas que tenía.

—Alessandra, es una comida entre amigos, algo informal. No hace falta preparar demasiado, pero cualquier cosa que necesites, déjamelo a mí. Hasta que no termines los exámenes, no tienes otra cosa de la que preocuparte.

Y le hice caso, dejé todo en sus manos. Ya me conocía lo suficientemente bien para saber lo que me gustaba y lo que quería.

También tenía razón, solo era una comida entre amigos.

Solo que yo no estaba acostumbrada a ese tipo de quedadas, todo lo que incluyese la palabra amigos era nuevo para mí, pero supongo que nunca era demasiado tarde para empezar.