Entre Rosas y Sueños Capítulo 48
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Capítulo 48

Esta nueva semana no me quedaba otra que ir a la escuela.

Tenía dos trabajos que presentar y unas tareas que quería entregar a mano.

Y aunque me asustaba lo que podía ocurrir, cómo podía ser la reacción de Fiero, no me quedaba otra.

Por suerte, Rodrigo se quedaría por el campus, vigilando y velando por mi seguridad.

En cuanto terminase, me llevaría de vuelta a casa.

Aunque teniendo todo eso en cuenta, me sorprendí preocupándome más por qué ponerme para ir a clase.

Sentí que muchas de las cosas que había en mi armario ya no terminaban de encajar conmigo, así que opté por unas faldas plisadas grises y una camiseta de hombros descubiertos roja.

Me había puesto esa camiseta contadas veces, a pesar de que me encantaba el color, pero era demasiado atrevido, demasiado llamativo.

Así que casi siempre acababa optando por colores más neutros y suaves.

Pero estaba cambiando, y quería empezar a experimentar, quería empezar a arriesgar.

No sabía si las cosas iban a salir bien.

Tal vez en unos meses ya no seguiría en este mundo; ¿qué más daba lo que pensaran los demás?

¿Qué más daban los susurros, las miradas, los rumores?

¿Qué más daba sentir un poco de incomodidad si luego, al final del día, me iba a sentir mejor conmigo misma?

Sí iba a conocer algo más de mí que tal vez antes no conocía.

Salí de casa más segura de lo que había estado en toda mi vida a pesar de las circunstancias. Me eché mi perfume favorito, me despedí de mi padre y anduve con una confianza que llevaba años fingiendo, pero que por primera vez dejó de ser falsa.

Cuando me adentré de nuevo en los pasillos de la escuela, estaba tranquila, pero muchos parecían sorprendidos de verme.

No sabía hasta qué punto habían llegado los rumores.

Qué noticias tenían, ni de lo que se estaba hablando últimamente por los pasillos, pero habían pasado casi dos semanas del evento de primavera, así que al menos la noticia de que el lugar donde se celebró el evento ardió en llamas sí que llegó a los demás estudiantes que no pertenecían a La Élite.

Y aunque estuviesen sorprendidos, también parecían contentos de verme.

Algunas personas me saludaban y me sonreían, poco habitual, pues antes tan solo se limitaban a mirarme y cuchichear.

—¡Alessandra! —Me giré para encontrarme a Chiara que se acercaba hacia mí sonriente—. No esperaba que estuvieses estos días por aquí.

Cuando estuve en casa de Dorian, mencioné mi ausencia en la escuela, así que pude entender su sorpresa. Pero me alegraba encontrarme con ella. Tener a alguien más a quien poder recurrir lo hacía un lugar menos hostil.

—Por desgracia, el curso aún no ha terminado y tengo cosas que entregar —cuando salieron las palabras de mi boca me sorprendí dándome cuenta de que por primera vez tenía ganas de que el curso terminara—, pero no me quedaré mucho.

—Que pena, esperaba poder pasar un rato contigo —arrugó los labios. Y me hizo gracia ese gesto tan tierno en alguien tan atrevida como ella.

Ya no solo lo pensaba por su forma de vestir, con prendas reveladoras pero no imprudentes para la escuela, sino porque en casa de Dorian fue más que claro que era alguien que no tenía pelos en la lengua y, si quería algo, iría tras ello sin importar absolutamente nada.

Algo que parecía tan natural en ella y que yo luchaba por conseguir a mis casi veintidós años.

—Tarde o temprano nos volveremos a ver en casa de los Vinci.

Su sonrisa se ensanchó.

—Me imagino que sí —, a pesar de lo que me había contado Dorian sobre ella cuando aún apenas nos estábamos conociendo, me sorprendía lo genuina y buena que era, aunque el chico que le gustaba la dejó por mí—.

Le diré a Dorian que te pase mi número por si necesitas cualquier cosa cuando te pases por aquí. Adiós, Alessandra.

Me despedí de ella con la misma sonrisa que seguía sobre su cara. Me agradaba Chiara, y esperaba encontrar algunos huecos para poder coincidir más con ella fuera de la casa de Dorian.

Cuando iba a seguir mi camino a clase, Fiero pasó por delante, ignorándome. Me imaginaba que eso ocurriría, pero no quitó que una punzada de dolor me apretase en el pecho.

Era estúpido ignorarme, íbamos a la misma clase y nos sentábamos juntos. Al menos Fiero ya sabía que estaba aquí y no le pilló por sorpresa el tener que estar a mi lado durante dos horas.

—Hola— dije en cuanto me senté a su lado, pero no hubo respuesta por su parte.

Cuando lo miré de reojo, sus manos estaban entrelazadas bajo su mentón y su mandíbula claramente apretada. Estaba agobiado y pude ver que no tenía intención ninguna de cruzar una palabra conmigo. Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Tras una hora de clase, el profesor dejó un tiempo de descanso para luego seguir con las presentaciones.

Fiero ya la había hecho, así que ya no podía ignorarme por completo, haciendo que se leía el guion una y otra vez, pero definitivamente en clase no era el momento de hablar.

Yo estaba empezando también a agobiarme con la situación y salí sabiendo que me encontraría con Giu.

Gracias a los Dioses que Giu estaba en mi vida.

—¡Aless! —no tardó en envolverme con sus brazos—. Primero que todo, cómo me alegro de verte nuevo aquí, te he echado tanto de menos —hizo una mueca de pena que me hizo reír—. Y segundo, no te agobies, pero los paparazzis se han enterado de que has venido y están por aquí.

Puse los ojos en blanco.

—No me puedo creer que sigan haciendo eso.

Aunque era la menor de mis preocupaciones ahora mismo, al menos si intentaban acabar con mi vida de nuevo, los paparazzis podrían pillarlos.

Pero la escuela era un lugar seguro, aquí no intentarían nada, y más ahora sabiendo que los Pellegrini habían avisado también a mi padre de lo que estaba ocurriendo.

La directora no permitiría que algo así sucediese dentro de su escuela.

—Gracias por avisarme, Giu. Tengo que volver a clase porque tengo un trabajo que exponer, tenía pensado irme antes del recreo, pero me gustaría hablar contigo de algo.

Mi prima asintió.

—Nos vemos luego, entonces.

Volvió a rodearme con sus brazos y se despidió con una sonrisa tranquilizadora.

Fiero seguía en su sitio, y cuando me tocó exponer, evité posar la mirada en su lugar tanto como lo hizo él.

Quería que las cosas cambiaran, pero si veía su constante ceño fruncido mientras exponía, sabía que acabaría desconcentrándome de alguna forma.

Así que lo ignoré y todo salió exactamente como esperaba.

Cuando los aplausos cesaron, miré al profesor, que asentía complacido, y volví a mi sitio.

Fiero no se movió de su posición y yo tuve que evitar que un suspiro de frustración se escapase de entre mis labios.

No sabía por qué me sentía así, era algo que esperaba que pasara.

Fueron dos horas insufribles e incluso pensé en volver a casa ya, a pesar de lo que le había dicho a Giu, pero hice un esfuerzo y fui a la siguiente clase.

Al menos en esta no coincidía con Fiero, pero la incomodidad no me ayudaba a concentrarme en clase.

No era nuevo que las personas se quedaran mirándome, que los paparazzis me persiguieran hasta clase, que hubiese rumores rondando a mi alrededor.

Pero había estado en una burbuja tan bonita con Dorian los últimos días que me estaba costando regresar a la realidad, y haber estado una semana sin aparecer por clase me había hecho olvidar demasiado rápido lo que era sentirse tan observada.

No entendía cómo podía haberme acostumbrado a esto, cómo pensaba pasar toda mi vida así, pero tenía claro que, pasara lo que pasara cuando Dorian y yo hablásemos con los Dioses, esto no seguiría así. Ya fuese para bien o para mal.

✦

El timbre por fin anunció el recreo y fui directa a reunirme con Giu. Me senté en el banco donde ya me estaba esperando mi prima.

Por suerte, los paparazzis siempre se quedaban al otro lado de la escuela, si pasaban ciertas zonas, sabían que se arriesgaban a que llamasen a la policía, así que estaba segura aquí.

—Vale, no te va a gustar lo que te voy a decir.

Tan rápido como dije eso, mi prima me miró mal— suelta.

—Voy a hablar con Fiero —tan solo al mencionar su nombre mi prima hizo una mueca— para que al menos las cosas estén tranquilas y no parezca que nos odiamos.

—Es que deberías de odiarle.

—Giu…

—No, Alessandra. Fiero ha usado su Don para manipularte, y encima luego, mientras seguía contigo, estaba conociendo a otra persona con interés de ser algo más que amigos, lo que se traduce como cuernos. Así que no me valen excusas.

Aunque para mí eso realmente no fueron cuernos, no cuando yo ya estaba esperando el momento de dejarle. Supongo que me sentía culpable también por ello.

Negué.

—Ninguno de los dos fuimos buenos el uno para el otro —mi prima me echó una mirada llena de reproche—. Eso es así, te guste o no, Giu. Además, la decisión ya está tomada. Digas lo que digas, no hay vuelta atrás.

—¿Pero qué pasa si vuelve a usar su Don?

—Tengo un arma secreta —dije con una sonrisa al pensar en él.

—¿Un arma secreta?

—Dorian— contesté.

Los labios de mi prima se abrieron sorprendidos.

—¿Crees que servirá?

Asentí.

—Cuando desperté del Don de Fiero, fue gracias a Dorian. Si vuelve a pasar, estoy segura de que él volvería a despertarme del trance.

Mi prima asintió, pero no parecía tan segura.

—¿Estáis ya juntos? —como siempre, mi prima era directa. Me imaginaba que llevaba semanas deseando preguntarme por él.

Me quedé sin habla mientras los recuerdos de sus labios sobre los míos me llenaban la cabeza, pero conseguí negar. Porque no lo éramos y no sabía si en algún momento podríamos llegar a serlo.

—Aún nos estamos dando tiempo para conocernos más —fue lo único que me atreví a decir.

—Ajá —dijo asintiendo, pero sabía que no se lo creía por completo.

—No me voy a meter en una relación tan pronto, Giu. Necesito tiempo.

—Si es lo que quieres —se encogió de hombros—, pero está claro que Dorian y tú no os estáis tratando como solo amigos.

Puse los ojos en blanco, pero no dije nada más.

Me negaba a seguir la conversación por ahí.

Por suerte, mi prima lo pilló y dejó el tema para contarme cómo iban las cosas por la escuela.

Ella y Marco seguían llevándose bastante bien y pasaban los recreos los dos junto a Silvia, que también decidió alejarse de Agatha.

Fiero y ella al parecer se habían vuelto inseparables y los demás alumnos no parecían muy contentos con su nueva relación.

Parecía que su relación con ella había afectado a la reputación de Fiero.

Fruncí el ceño cuando me dijo eso.

—No tiene sentido. A mí tampoco me gusta esa chica, pero no somos sus muñecos para decidir con quién es mejor que estemos.

Mi prima se encogió de hombros.

—Ya sabes cómo funciona este mundo.

Me gustara o no, iba a seguir siendo así.

La gente iba a seguir hablando de relaciones ajenas sin tener siquiera en cuenta a las personas que están en la relación.

Sin pararse a pensar si los rumores que extendían eran ciertos o si hacían o no daño a esas personas. Sin duda estaba mejor lejos de aquí.

—Alessandra —Marco apareció sorprendiéndonos a Giu y a mí—, perdonad por interrumpiros, pero mi madre quiere hablar contigo.

La directora.

Asentí mientras el miedo a que nos hubiese pillado a Dorian y a mí colándonos en la biblioteca crecía en mi interior. Esperaba que no fuera eso, ¿pero por qué si no iba a querer hablar conmigo? Me despedí de Giu y Marco. Ya que lo más seguro es que volviera a casa tras hablar con la directora.

Toqué la puerta del despacho con cuidado.

—Adelante.

—Marco me ha dicho que quería hablar conmigo —dije en cuanto pasé.

No era la primera vez que estaba aquí. De hecho, había estado demasiadas veces, pero todas ellas habían tenido que ver con mi seguridad y mi tranquilidad en la escuela.

—Toma asiento.

Le hice caso aun en tensión porque no sabía el rumbo que iba a tener la conversación.

—Me alegro de que hayas vuelto a la escuela, Alessandra —dijo sorprendiéndome—. Sé que no están siendo momentos fáciles para ti, pero quiero que sepas que aquí dentro estarás a salvo, aunque no puedo prometerte lo mismo una vez salgas de la escuela. Así que solo quiero que andes con cuidado.

Asentí.

—No pretendo quedarme mucho tiempo. La idea es solo venir para las clases necesarias.

La directora asintió conforme.

—Evita salir siempre a última hora —asentí, y cuando pensaba que la conversación se había terminado, añadió—. Por cierto, espero que tú y el chico de los Vinci devolváis los libros.

Sentí como el color desaparecía de mi rostro.

—No te lo tendré en cuenta, Alessandra, pero la próxima vez que quieras algo, pídelo. Entiendo tu posición, pero puedes confiar en mi familia. Estamos en el mismo bando.

Quería preguntarle exactamente a qué se refería con ello.

¿Esperaba que los Dones desaparecieran? ¿Sabía que iba a ocurrir conmigo?

Pero antes de que pudiese preguntar una de las tantas dudas que se amontonaban en mi mente, alguien tocó a la puerta.

La directora miró el reloj que tenía en la muñeca.

—Justo para la reunión. Nos veremos en otra ocasión, Alessandra.

Y no me quedó otra que salir con todas las preguntas aún rondando en mi cabeza.

✦

Al día siguiente fue cuando decidí por fin hablar con Fiero.

Hoy me tocaba ir después del recreo, y justo esa clase también la tenía con Fiero. Así que esperé a interceptarlo antes de que entrase de nuevo al edificio.

—Fiero —no me ignoró, pero vi que no le hizo mucha gracia haberse parado, y mucho menos a Agatha, que me miraba desde su lado—. Me gustaría hablar contigo un momento.

Él negó.

—Ya te dije que te olvidases de mí, Alessandra.

—Tenemos que hablar —demandé.

Pero él me ignoró y siguió hacia delante.

Su acompañante se rió.

No le iba a quedar otra que escucharme en clase.

Me senté a su lado, en mi sitio, y pude escuchar su bufido de fastidio.

—Mira, Fiero, no quiero que nos perdonemos y volvamos a ser mejores amigos, pero quiero que esta situación no sea tan tensa.

—Nunca volveremos a ser mejores amigos.

—En eso estoy de acuerdo —me dolía admitirlo. Una parte de mí seguía albergando esperanza de ello. —Pero podríamos vernos para hablar bien las cosas.

Nuestras miradas se entrecruzaron, y podía ver en sus ojos verdes que esta situación le atormentaba tanto como a mí.

—Me da igual dónde, pero si tienes un rato esta tarde, vamos a hablar las cosas, por favor.

El suspiro que salió de sus labios era de derrota. Lo conocía demasiado bien como para no distinguirlo.

—Ya lo veremos.

Y no era una negativa, así que me quedé satisfecha con ello.