Entre Rosas y Sueños Capítulo 44 #3
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Capítulo 44 #3

Agradecía que Chiara no tuviera filtros en la boca y no parase de hablar.

Ninguno de los dos hermanos parecía muy hablador en ese momento, sobre todo Gabriele, que se limitaba a mirarla y a añadir alguna cosa a la conversación.

En cambio, Dorian sí era algo más hablador.

A pesar de ser hermanos, no podían ser más diferentes.

Lo poco que parecían compartir era el cabello castaño y la mirada afilada. Poca más similitud había entre ellos.

—Entonces tú y Fiero…

Dorian, que tenía la copa sobre los labios, casi vertía de nuevo el vino en ella. No pude evitar reírme ante la imagen, lo que me hizo ganarme una mirada entre molesta y divertida por su parte.

—Chiara —dijo en tono de advertencia, sin rastro de diversión en su mirada

Llevábamos una hora entre charla y bebida y podía notar que el vino estaba haciendo efecto en todos.

Los demás iban ya por su tercera copa. Se estaban limitando a beber, pues terminamos la cena hacía un rato.

Aun así, nos quedamos hablando. Estaba cómoda con ellos, así que cuando Dorian me susurró que nos podíamos ir si quería, negué.

—La situación en la que hemos estado Fiero y yo ha sido… complicada —fue lo único a lo que me limité a decir. A pesar de que me pilló por sorpresa, no veía malas intenciones en Chiara, pero tampoco tenía la confianza de contar lo que había ocurrido.

—Sinceramente, nunca me he podido imaginar que os ibais a casar de verdad —no le juzgaba porque pocas personas creían que nuestra relación era real y no solo un acuerdo comercial—. Por más que estuvieseis juntos, nunca veía esa chispa y esa atracción que sí tienes con Dorian.

Ella lo dijo supertranquila, pero yo sentí como si de repente el efecto del vino me hubiese subido por completo, haciendo que mis mejillas ardieran.

Se me escapó una pequeña risa nerviosa. Me llevé la copa de vino a los labios para evitar delatarme a mí misma, porque hasta yo me había dado cuenta de ello estos últimos días.

Nunca había tenido la sensación que me invadía cada vez que estaba con Dorian.

Lo que tuve con Fiero se veía como una mera atracción en comparación con el cuento de hadas que sentía cuando estaba con Dorian.

Todo lo malo parecía emborronarse. Solo estábamos él y yo. Lo demás dejaba de ser tan importante.

—Chiara, vuelves a poner incómoda a mi invitada y duermes en la calle —amenazó Dorian.

—Tu hermano no lo permitiría, y ni siquiera tú duermes aquí —le recordó.

—No, pero como sigas así acabarás durmiendo en el sofá. —Era la primera vez que escuchaba una amenaza por parte de Gabriele.

—Como si no hubiese habitaciones de invitados de sobra para dormir ahí.

—Pero tú no quieres dormir ahí —refutó Gabriele con una de sus pobladas cejas levantadas.

Y ambos se quedaron observándose con tanta intensidad que tuve que apartar la mirada hacia Dorian, pero él estaba mirando a los dos con el ceño fruncido.

Algo parecía no haberle gustado y pensar en qué podía ser me hizo sentir un vacío en el pecho.

No podía estar celosa, no después de lo que me había dicho en su cuarto.

Él mismo fue quien dejó a Chiara. Aun así, sabiendo todo esto, no pude evitar que mis pensamientos fuesen hacia sitios que no deberían.

Y cuando volvimos a su cuarto poco después, mi cuerpo y mente aún no se habían librado de esa sensación.

—¿Alessandra? —dijo con cuidado al cerrar la puerta.

Me giré para mirarlo, y la habitación pareció encoger.

—¿Qué te pasa? Estabas risueña hasta hace unos minutos.

Negué.

—No pasa nada.

Dorian levantó una ceja.

—Si no me dices qué es lo que te pasa, no podemos arreglarlo.

Se acercó a mí con cuidado, como siempre hacía. Me miraba intentando descifrar qué había ocasionado ese cambio.

—No es nada. —No quería hablar de eso, no era capaz de decirlo en voz alta, me daba vergüenza admitir cómo me sentía.

—Alessandra, habla conmigo, por favor —su voz sonó como una súplica—. No quiero que te vayas sintiéndote mal por algo, y más si es algo que podemos arreglar en este momento.

Sus ojos se agrandaron, y en el fondo oscuro de su mirada solo existía preocupación. No soportaba verlo así, y un suspiro se me escapó, dejando ir un poco de la tensión que había en mi cuerpo.

—Es que, no sé —tenía que encontrar las palabras—. Supongo que me he sentido intimidada por Chiara.

—¿Por Chiara? —se rio—. Alessandra, tú mejor que nadie sabes que nunca he sentido nada por ella.

Eres la única razón por la que me quedaré aquí cuando lo que más quiero es marcharme, pero no puedo hacerlo, no ahora.

Te lo dije una vez y te lo volveré a repetir: si tengo una sola oportunidad para estar contigo, esperaré lo que sea necesario y me quedaré aquí hasta que estés preparada.

No hay nadie más, Alessandra. —Se me encogió el corazón.

Le creía. Y le creía porque podía sentir sus palabras en el fondo de mi ser.

Porque tampoco había nadie más para mí, probablemente mucho antes de siquiera conocerle.

—Es algo que solo haría por ti —añadió, y las lágrimas que se acumulaban en mis ojos finalmente se derramaron.

Dorian envolvió mi cara con sus manos y comenzó a limpiarlas una por una, de forma tan cuidadosa que sus caricias se sentían como el aleteo de una mariposa acariciando mi mejilla.

Me hacía sentir querida como nunca antes me habían hecho sentir.