Entre Rosas y Sueños Capítulo 42 #2
70%

Capítulo 42 #2

Cuando salimos a la alfombra roja juntos, el barullo que escuchábamos desde la sala de espera se intensificó y los flashes comenzaron a aparecer como miles de abejas por el cielo.

Tras unos pocos pasos paramos para posar.

Los flashes venían de todos lados, pero yo solo me fijé en el que tenía enfrente.

Después de tantos años, era la única táctica que encontré para que los nervios se mantuvieran lo más calmados posible y no sentirme como un pato mareado.

Tras unos pasos ya teníamos a los entrevistadores y una gran cámara sobre nosotros.

—Alessandra Leone y Dorian Vinci, es un placer tenerlos aquí.

—El placer es nuestro de que nos hayan dado la oportunidad de estar aquí —le dije a Dorian que me dejase a mí ser la primera en hablar. Cuanto más esperaba, mis nervios crecían más y más.

Dorian asintió de acuerdo.

—¿Cómo fue trabajar con Dolce Vanna?

Dorian comenzó a hablar, con su encanto que a cualquiera le haría olvidar los rumores que había sobre él. La entrevistadora parecía embelesada por él, y si no fuese porque yo estaba bien metida en el papel que tenía que representar, estaría igual que ella.

—Y una última pregunta, ¿cómo hicisteis para crear esa química que se sentía entre vosotros en el anuncio? Estoy segura de que más de una persona, si no conociera que Alessandra está comprometida, pensaría que sois pareja.

Esa pregunta nos pilló de sorpresa a los dos. Evité la mueca que casi aparece en mi rostro, pero rápidamente Dorian redirigió la conversación.

—Tuvimos a un buen equipo que nos supo dirigir y ayudar con nuestra actuación, porque dentro de ser un anuncio corto, la actuación tenía un gran peso para que todo saliera bien.

Cuando sus palabras abandonaron su boca, pude volver a respirar. La entrevistadora asintió complacida con su respuesta y se despidió de nosotros.

—Me has salvado —dije cuando salimos del barullo y nos quedamos solos de nuevo.

Dorian me guiñó el ojo antes de que volvieran a nuestro lado para dirigirnos al interior del palazzo para ver la pasarela, y a pesar de que me encantaban, mi mente ya había pasado el peligro y estaba pensando en lo que aún nos quedaba por hacer hoy.

Cosa que me asustaba lo suficiente como para querer posponerlo.

Pero sabía que lo mejor era hacerlo hoy.

Cuanto más lo atrasásemos, era un día más que tendrían para intentar matarme de nuevo, y si era algo que nos podía llevar a alguna parte, teníamos que coger esa ventaja, fuese mayor o menor.

Así que en cuanto el desfile terminó a las once de la noche, Dorian y yo caminamos hasta el Cimitero degli Inglesi, donde Dorian creía que estaba enterrado uno de sus antepasados que podía mantener oculta la daga plateada.

Paseamos en silencio. Nadie nos molestó porque, por suerte, las pocas personas que había fuera solo eran curiosos turistas que no tenían ni idea de quiénes éramos.

A veces mi mente vagaba sobre la posibilidad de irme fuera.

Tal vez no era tan malo ser una desconocida, el empezar de cero.

No me gustaban los flashes, las entrevistas, los rumores y todo lo que conllevaba ser conocida, pero no conocía otra cosa.

Siempre me había convencido de que me acabaría acostumbrando y me dejaría de importar en algún momento, pero aún no había llegado ese momento y tal vez no hiciera falta que llegase si me marchara.

Pero pensaba en papá y esa idea se desvanecía.

No podía marcharme y dejarlo solo. Tal vez no había sido el padre perfecto, pero lo había hecho todo para mí.

Había intentado darme la mejor vida que podía y estaba intentando mejorar todo aquello que no supo tratar en su momento.

No podía dejarle solo, y mucho menos ahora.

—Solo buscas cosas que te aten aquí —murmuró Dorian en voz baja.

—No hurgues en mis pensamientos —dije molesta.

—Es difícil estar en los míos con tanto silencio —dijo como si fuera una justificación—, pero Alessandra, tal vez llegado el momento de decidir, podría preguntarle a tu padre. Tal vez la respuesta no sea esa que imaginas.

Y volvió a sumarse el silencio a nuestro camino, mientras pensaba que podría tener razón, pero me daba miedo conocer la respuesta.

Llegado el momento, vería la situación y preguntaría.

No me iría de la noche a la mañana, así que tal vez cuando llegase el momento, tendría la suficiente valentía para preguntárselo.

✦

En una de las salidas de la antigua ciudad de Florencia estaba el Cementerio Inglés que nos esperaba con los portones abiertos. Por suerte, no nos teníamos que colar. Era un gran cementerio, al que incluso acudían turistas y estaba abierto las 24 horas del día.

Nada más entrar reprimí un escalofrío. Bajo la luz de las farolas, el aspecto del cementerio era encantadoramente tenebroso. Dorian me describió el mausoleo que le mostró su Dios, y que esperaba encontrar pronto.

Nuestras pisadas por la gravilla y los coches que pasaban por la carretera cercana era todo lo que se escuchaba.

—Creo que es ese de ahí —susurró Dorian, como si su voz fuese a despertar a las almas que nos rodeaban.

Seguí el rumbo de su mirada, encontrándome con el mausoleo más imponente de todo el lugar. Le flanqueaban dos cipreses, y sobre el portón tallado en la piedra había una frase: Omnia vincit Amor.

Dorian lo miraba con el ceño fruncido.

—¿Qué pasa?

Esperaba que no se hubiese equivocado, porque no me apetecía seguir buscando. Aunque sabía que estábamos solos, la sensación de ser observada me seguía desde que nos adentramos en el cementerio, y sobre todo ahora frente al mausoleo, sentía que me atravesaban la cabeza con la mirada.

Pero Dorian se limitó a sonreír.

—Si alguna vez me ves desnudo, lo sabrás —intenté no sonrojarme mientras ponía los ojos en blanco como si no me hubiese afectado y tan solo me hubiera parecido una absurdidad—. Lo importante ahora es entrar aquí.

Cómo agradecía que hubiese cambiado de tema.

Intentó abrir el portón, pero, como era de esperar, no cedió.

De su bolsillo sacó un alfiler que parecía haberle robado a las modistas y se pinchó el dedo, haciendo que una gota de sangre apareciera casi al instante.

—Te estás convirtiendo en todo un ladrón, Dorian Vinci.

—Podría decir lo mismo de ti, Alessandra Leone —mi nombre en su boca sonó como una tentación—, las dos veces que he ido a robar algo, has estado tú acompañándome.

Me mordí el labio por dentro para no sonreír, y antes de que pudiese responder, Dorian intentó abrir la puerta de nuevo, pero nada pasó.

—Me estás jodiendo— masculló.

—Déjame probar a mi.

Me puse frente a la puerta y empujé. Como era de esperar, no se movió ni un centímetro.

—No podemos forzarlo —dijo más para sí que para mí.

Era obvio que no podía hacer eso si no queríamos levantar sospechas. Así que volví a intentar abrir la puerta, esta vez un poco más fuerte, y lo único que conseguí fue hacerme un pequeño corte con la madera que me hizo comenzar a sangrar.

—Au —dije llevándome la mano a la boca.

—¿Estás bien? —Dorian se acercó más a mí. —¿Con qué ha sido?

—Es un pequeño corte, no pasa nada, ha sido la madera.

Dorian asintió y un ruido nos sobresaltó a ambos.

La puerta se había abierto.