Entre Rosas y Sueños Capítulo 38
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Capítulo 38

(D)

Cuando fui capaz de decirle cómo me sentía, estaba aterrado, que me pidiese un poco de tiempo calmó el caos que amenazaba consumirme con el simple pensamiento de perderla.

Sabía que me estaba precipitando, pero necesitaba saber si tenía una mínima oportunidad.

Si en algún momento la posibilidad de un nosotros existiría.

Desgraciadamente no pude disfrutar de mucho más tiempo con ella.

Cuando miré la hora me sorprendí. Eran las nueve de la mañana, al parecer, no desperté mucho más tarde de lo que se despertó Alessandra.

—¿Cómo que estás despierto tan temprano? —mi hermano estaba con una taza de café en la mano cuando la apartó para mirarme extrañado.

—Hoy he tenido un buen sueño —respondí mientras iba a hacerme el desayuno.

—Se nota. Hoy al menos no te has despertado con el ceño fruncido.

—Eso es problema de vivir en esta casa —creo que era obvio para toda la familia que no me gustaba estar aquí después de cómo me trataron.

Mi hermano bufó.

—¿Al final fue todo bien con Alessandra? Le perdí la pista antes de irnos.

Asentí.

—Su padre estaba más que avisado cuando yo fui a hablar con él.

Mi hermano asintió conforme, pero preguntó algo que me llevaba rondando desde anoche.

—Entonces hay alguien más que no está de acuerdo con lo que están haciendo. ¿Tienes una idea de quién puede ser?

Me encogí de hombros.

—Ni idea. Al final, tú eres quien ha pasado más tiempo con ellos, ¿quién crees que ha podido ser?

Mi hermano se quedó en silencio. Supongo que repasando a cada una de las familias que conformaban La Élite, que para mí ya no eran más que meros desconocidos.

—Por lógica, diría los Bianco. Teniendo el Don de la justicia, sería normal que ellos le avisaran, pero nunca han sido muy cercanos a los Leone —los descartó.

—Vi que los Basso y los Rinaldi son bastante cercanos al chico de los Di Petra —añadí al recordarlos en esa fiesta junto a Fiero.

Mi hermano negó.

—No hay nada contra los Di Petra. Se están focalizando contra los Leone.

—¿Por qué ella? Si realmente el problema eran los dos, ¿por qué solo se enfocaban en ella?

—Pero me has recordado a los Pellegrini.

Esa familia siempre ha sido muy cercana a los Di Petra y a los Leone.

Teniendo el Don de la sabiduría, tal vez ellos se han dado cuenta de algo que los demás no ven.

—Si es así, ¿a qué coño esperan para pararle los pies a los otros?

Cada vez que recordaba este tema no podía evitar sentir ira. Si tenía que parar todo esto yo mismo, lo haría. No sé cómo, pero lo haría.

—Hermanito, no sé en qué estarás pensando, pero ni se te ocurra. Si los Pellegrini no han conseguido pararlos, ha sido por algo. Es posible que estén trabajando a espaldas de los demás. No te entrometas, Dorian. Es peligroso.

—¿Y qué hacemos? ¿Esperar a que consigan matarla?

—Una risa amarga atravesó mi garganta mientras me tapaba los ojos con las palmas.

Las lágrimas se habían arremolinado sobre ellos y no quería que mi hermano fuese consciente de ello.

—Es estúpido quedarse de brazos cruzados.

Querían asfixiarla, Gabriele. No tienen perdón.

—Tal vez había elevado la voz demasiado.

Volví a bajar el volumen, esperando que mis padres no estuvieran cerca.

—Son crueles y retorcidos, solo miran por ellos mismos.

Quieren borrar a una familia entera tan solo porque puede peligrar que no ganen tantos millones como antes por perder un estúpido poder que ni les pertenece.

Mi hermano pareció quedarse atónito, con cada una de mis palabras filtrándose en su mente.

Por un momento pensé que me había pasado, que tal vez mi hermano y yo no estábamos tanto en el mismo bando como creía.

Cogió aire y lo soltó en un sonoro suspiro, cuando me miró de nuevo, a los ojos estaban más apagados que antes.

Como si se hubiese dado cuenta ahora realmente de la realidad.

—Te ayudaré en lo que haga falta, Dorian —dijo por fin.

—Tan solo mantenme informado, cuéntame de todo lo que te enteres —mi hermano asintió—.

Sí es verdad, la profecía Alessandra puede acabar con ese circo, pero…

—¿Debería decirle que creía que Fiero no tenía nada que ver con ello?

Aún no sabía nada seguro, me faltaba información.

Tal vez Alessandra tampoco era de la que hablaba la profecía y solo era una excusa tonta para quitarse del medio a la familia más reconocida.

Mi hermano esperaba mis palabras. —Tenemos que asegurarnos de que realmente sea ella —fue lo único que dije.

Mi hermano asintió.

—Te mantendré informado, hermanito. —Le dio un sorbo al café antes de cambiar de tema. —Por cierto, vino Chiara ayer a recoger algunas de sus cosas. No te lo dije antes porque no pensaba que el evento sería buen momento para hablarlo.

—No te preocupes, estaba enterado —contesté. La chica me caía bien, pero ya no era de mi incumbencia.

Me sonó el móvil, llamando mi atención. Tenía nuevos mensajes de Alessandra. Esperé a tener el desayuno hecho para sentarme y escribirle.

—¿O sea que ya no estáis juntos? —preguntó mi hermano cuando me puse a responder los mensajes apartado de él.

—No.

Mi hermano negó.

—No te entiendo. Chiara es una chica encantadora y muy guapa, ¿por qué la dejas ir así?

—Chiara y yo nos llevamos bien, pero no siento nada más por ella. Si la quieres, tienes vía libre con ella.

—¿Qué? —preguntó confuso y negó— No… no. Papá y mamá aún piensan que está contigo; además, apenas he hablado unas cuantas palabras con ella. No era eso a lo que me refería, hermanito.

Pero parecía que había dado en el clavo porque había logrado poner nervioso a mi hermano.

—¿Entonces con quién te estás hablando ahora? —cambió de tema.

—Poco a poco. Todavía no tenemos esa confianza —dije como excusa para no tener que responder, pero mi hermano no era tonto.

Se le dibujó una sonrisa que no tardó en desaparecer.

—Entonces… ¿No te importa si hablo con Chiara? —preguntó finalmente.

—No, de hecho ella estaría encantada. —No me sorprendió que después de estar en mi casa me pusiera varios mensajes sobre lo guapo que era mi hermano. Tenía el ojo muy alegre. —¿Tienes su número? —mi hermano asintió. Definitivamente, no perdía el tiempo.

Cuando ya estaba a punto de terminar el desayuno, mi padre entró.

—Anda, Dorian, qué sorpresa tenerte por aquí tan temprano —fingí una sonrisa—.

Dale de nuevo a tu amiga Alessandra las gracias por el evento y los detalles.

Fue una velada maravillosa. Ya que sois tan amigos, ¿crees que el señor Leone aceptará una invitación para una cena? Me interesaría hacer negocios con él.

—Cuando mamá y tú seáis capaces de limpiar por completo vuestra reputación, a lo mejor podría aceptarlo —escupí—. De momento no voy a ser yo quien se lo proponga, si lo quieres, búscalo tú.

—Como siempre, tan amigable, hijo —se quejó mi padre—. Ya sabes que estás aquí porque tu madre y yo queremos, tendrías que estar buscándote la vida sin nuestra ayuda. Así que más vale que te comportes. Las cosas pueden cambiar muy rápido.

Yo solo miré a mi hermano antes de irme de la cocina, intentando que captara el mensaje. Mis padres, para lo único que me querían aquí era para limpiar su apariencia y parecer una familia unida a pesar de no ser nada de eso.

Si quisiera, las cosas podrían cambiar antes de lo que mis padres creían, pero no como ellos querían.

Tenía ahorros suficientes para irme y sobrevivir medio año fuera de casa gracias a los trabajos de modelo que había hecho estos meses, pero sobre todo al que hice con Alessandra para Dolce Vanna.

Mi idea era irme antes de que comenzara el verano, pero mi plan ahora había cambiado.

Si Alessandra estaba dispuesta a ayudarme, si quería darme una oportunidad. Todavía no podía irme.

Con la llegada de la primavera, en el exterior ya no hacía tan frío.

Aún era demasiado temprano para mí. ¿Qué hacía ahora con todo el día por delante?

Puse mi lista de reproducción y me tumbé en la cama. Beautiful Things de Benson Boone comenzó a reproducirse. Y no pude evitar pensar que esa canción parecía estar escrita para mí, sobre todo ahora que estaba consiguiendo tener a la chica de mis sueños en mi vida.

Mi hermano tocó a la puerta y apagué la música de inmediato. De alguna forma me había acostumbrado a cómo lo hacía, como si de un código secreto se tratase que solo entendíamos nosotros dos.

—Pasa —dije reincorporándome.

Entró estrepitosamente y se dejó caer en el puff.

—No creerás que nuestros padres…

No hacía falta que terminara la frase. A ambos se nos había pasado por la cabeza que quizás ellos fuesen los siguientes en intentar quitarse del medio a los Leone.

Pero mi hermano negó enseguida sin permitirme responder siquiera.

—Es absurdo, y menos queriendo invitarlos a casa.

No tenía mucho sentido hacerlo en casa, pero no iba a permitir que algo así pasara. Dudaba siquiera que el padre de Alessandra permitiera una reunión, sabiendo cómo están las cosas.

—Creo que les mueve más el interés —porque realmente lo pensaba—, aun así, no me fío de ellos.

—Ellos no son los cabecillas de todo esto —mi hermano volvió a defenderlos.

Me costaba no cerrarme cada vez que los defendía, pero también tenía que entender que él estaba conociendo cómo eran realmente nuestros padres.

Cómo era realmente el mundo en el que vivíamos.

A él le habían tratado diferente, al menos durante un gran periodo de su vida, así que aún estaba procesándolo.

No le podía culpar por querer esperar algo mejor de la triste realidad.

No podía evitar pensar en Alessandra, ella también estaba pasando por un proceso parecido.

Tenía que darle tiempo a procesarlo todo.

Tenía que darles tiempo, a ambos, para procesarlo.