Entre Rosas y Sueños Capítulo 35
61%

Capítulo 35

(D)

Alessandra no se había percatado de la persona con la que estaba bailando porque, si no, sus ojos no se hubiesen iluminado al ver a Agatha agarrada a mis hombros.

Me alegraba que no se hubiera dado cuenta en ese momento.

No intentaba ocultarlo, pero necesitaba conseguir información.

Una información que sabía que solo sería capaz de sacarle a ella.

Nada más salir de la pista de baile, no me fue difícil convencer a Agatha para que me acompañara fuera.

Parecía un perrito faldero que seguía a cualquier chico que le pareciera atractivo.

Me había dado cuenta porque la chica era una descarada total.

Lo que no entendía era por qué Fiero. A pesar de tener una personalidad terrible, era guapa.

¿Por qué te empecinarías con una persona que está a punto de casarse?

Tal vez yo también me estaba encabezonando con Alessandra.

La diferencia es que yo no tenía intención de meterme en su relación, no hasta que me enteré de que estaba prácticamente acabada.

—¿Fumas? —pregunté una vez que encontramos un rincón tranquilo donde no nos descubrieran las pocas personas que entraban y salían del invernadero.

—Siempre y cuando mis padres no me pillen —dijo alargando la mano para coger el cigarro que le extendí.

No me hizo falta ver mucho más para saber que era de las típicas que fumaba por presión social. Yo tampoco era fumador habitual, pero mis razones eran completamente diferentes a las suyas.

Encendí el cigarro y fui directo al tema.

—Me he enterado de lo que tenéis entre manos.

Como imaginaba, la pillé con la guardia baja. Vi pasar todo tipo de emociones por su cara hasta que volvió a una máscara neutra.

—¿Te lo han contado tus padres?

Negué.

—Me enteré por una llamada —contesté a pesar de ser todo mentira.

Tuve suerte de que mi hermano se enterase de algunas cosas, y de que esta chica conociera los planes.

Por lo general, no suelen contar lo que ocurre en sus reuniones ultrasecretas, o algo así me había dicho mi hermano.

Pero si algo sabía de esta chica es que era una entrometida.

Así que imaginaba que tenía una idea de lo que iba a pasar, y por suerte acerté.

Si no, todo este paripé no me hubiese servido de nada.

—¿Y cómo que no has ido corriendo a decírselo a Alessandra? —Al parecer ella era una de las que pensaba que Alessandra y yo teníamos algo.

—¿Por qué tendría que decirle nada? —respondí.

Su mirada me aseguró que seguía sin fiarse de mí.

—El otro día un poco más y te metiste en una pelea por ella, ¿qué ha cambiado ahora?

Solté una carcajada. Tenía suerte de que esta chica apenas me conociera porque no había sido de mis mejores risas fingidas.

—Todos queremos algo de esa familia. Solo quería ganarme unos cuantos favores.

Por su sonrisa parecía que se lo había creído. Me perturbaba lo tranquila y contenta que se veía hablando sobre un tema como este.

—Una pena que vayan a acabar así —pero en sus palabras no había ni una pizca de remordimiento. —Solo recuerda salir antes si no quieres acabar como ellos.

Se iban a esperar a que solo quedaran ellos para hacer lo que sea que se trajeran entre manos, pero necesitaba saber qué era, aunque no quería tener que usar mi Don para ello.

—No conozco tanto detalle, pero me aseguraré de salir antes si tú lo dices —necesitaba que picara el anzuelo. Que mi pizca de desinterés le hiciera hablar.

—Asegúrate de ello. Una vez todos salgan, los Leone no tendrán escapatoria y el fuego se expandirá rápido ahí dentro —intenté no reaccionar ante sus palabras. Sin embargo, una ola de pánico quiso tragarme por completo.

—¿Entonces los vais a calcinar vivos? —tuve que luchar internamente para que esas palabras sonaran firmes. Pensar en que ese podía ser el final de Alessandra me iba a volver loco.

—No somos tan sádicos —se rio, como si no estuviera hablando de acabar con la vida de una familia—. La idea es que mueran por asfixia. Está todo planeado al dedillo, por lo que parece.

Se fue dentro en busca de alguien y yo me quedé con sus palabras rondando en mi interior.

Sabía lo que tenía que hacer. Lo que pensé hacer desde el momento uno en el que mi hermano me contó lo que estaba pasando.

Pero necesitaba conocer el plan para que confiase en mí, para que le pudiera dar información más detallada por si algo salía mal.

Iba a entrar de nuevo con un rumbo, pero a medio camino me encontré a la persona que estaba buscando.

—Señor Leone —tenía la misma piel morena y el mismo color castaño de cabello que Alessandra—, ¿tiene un momento? —No lo había visto demasiado, así que no sabía si esas arrugas que tenía en la frente eran habituales o producto de algo.

Miró su reloj.

—Debería de entrar en nada. ¿Es importante?

—Para la seguridad de su hija y la suya es muy importante. —Me miró como si hubiera dicho una estupidez, pero comencé a contarle todo lo que sabía y podía notar cómo se tensaba.

—¿Y por qué tendría que confiar en ti?

—Lo único que me importa en todo esto es Alessandra, así que si no saca usted a su hija de allí antes que los demás se vayan, lo haré yo mismo.

No había ni un ápice de duda en mi voz porque no dudaría ni un segundo en hacerlo. No dudaría en quedarme si fuese necesario. Lo haría si significaba que Alessandra estaba a salvo.

—No eres la primera persona que me ha avisado hoy de que algo estaba por pasar —dijo, sorprendiéndome—. Me aseguraré de que mi familia y yo seamos los primeros en salir. Gracias por preocuparte por mi hija —asintió como despedida antes de volver a entrar en la cúpula.

Suponía que había decidido escucharme porque no era la primera persona que le avisaba y quería asegurarse de que era real.

Confiaba en que sacaría a Alessandra a tiempo, pero como no me quedaba otra, entré de nuevo, esperando a que las agujas del reloj se acercaran al final del evento.

Ahora mismo su interior parecía sacado de un cuento de hadas.

El problema es que estaba lleno de villanos que esperaban ver desaparecer a la princesa al final del día.

Y yo nunca fui visto como un príncipe, así que, a pesar de estar seguro de haber hecho lo correcto, no sabía si iba a tener efecto.

En cuanto entré, el padre de Alessandra ya estaba en mitad de la sala. Llamaba la atención haciendo sonar una taza con una cucharilla

—Gracias a todos por venir a la fiesta anual en honor a Eellary y el comienzo de la primavera.

Sin ella, y sin todos los Dioses que decidieron ayudar a nuestros antepasados, no estaríamos aquí el día de hoy.

Unidos siempre somos más fuertes. Unidos hemos conseguido llegar hasta este punto de la historia.

Así que es un placer tenerlos reunidos y poder compartir con ustedes esta ocasión.

La emoción con la que trataba de enfundar sus palabras no llegaba a su cara. No lo conocía mucho, pero no veía al padre de Alessandra como una persona muy emotiva. Supongo que su apariencia seria era parte de su ser.

—Os hemos dejado en vuestros respectivos lugares un pequeño obsequio que espero que disfrutéis —la voz de Alessandra viajó hasta mis oídos.

No podía evitar que mis ojos ardieran al verla.

Parecía irreal con ese vestido adornado con rosas rojas.

Era la absoluta perfección en persona—. Espero que estéis disfrutando de la velada.

—Su voz era firme, pero seguía sonando demasiado inocente en una sala llena de lobos sedientos de sangre.

No me quedó otra que despegar mis ojos de ella cuando se apartó del foco y su prima se acercó a ella.

Volví a mi sitio como todos los demás hicieron para coger el pequeño regalo que había frente a nuestros asientos, pero me daba miedo perderla de vista ahora que sabía lo que tenían entre manos.

Aunque estaba deseando acercarme a ella mucho antes de saber nada, algo tiraba de mí hacia su cuerpo, como cada vez que la veía.

Mi cuerpo sabía algo que yo aún no sabía, por más que una imagen cada vez más clara se formase en mi cabeza.

El regalo era un pequeño frasco de perfume que no tardé en abrir, y enseguida pude diferenciar que era el perfume a narcisos.

Los narcisos nunca habían sido mi flor favorita.

Su olor era algo que perduraba y embriagaba, algo que también me hacía recordar a Alessandra.

Aunque en este momento cualquier cosa la podría acabar asociando con ella, pues mi mente solo buscaba excusas para tenerla presente.

El alcohol no tardó en aparecer entre las mesas y rápidamente me hice con una copa de martini para hacer la espera menos agoniosa.

—Si sigues mirándola así, se va a dar cuenta toda La Élite de que vas tras ella. —Mi hermano apareció con otro martini en la mano—. Y no creo que a su prometido le haga mucha gracia eso.

Sin querer se me dibujó una media sonrisa.

—No, definitivamente no le hace mucha gracia.

—No busques más problemas de los que hay, Dorian.

—Creo que ya es demasiado tarde.

Lo que él no sabía es lo poco que le importaba ya a Alessandra ese chico.

No sé qué había pasado estos días, pero se le veía con un aire diferente, como si hubiese roto las ataduras que la mantenían en una posición que no quería.

Se veía radiante, se veía libre, como si con la primavera volviera a florecer.

Y ahora, que por fin parecía estar despertando, querían hacerla desaparecer, pero estando yo presente nunca permitiría que eso sucediera.

—¿Te has enterado al final de los planes? —preguntó entre susurros, escondiendo su boca tras la copa.

Asentí disimuladamente, aun sin quitarle la vista de encima. Me daba miedo que, al apartar mi mirada, algo le ocurriera.

—Quieren encerrarlos y dejar que se asfixien.

Su mirada voló hacia mí, parecía realmente asustado. —¿Cómo papá y mamá pueden estar de acuerdo con eso?

—¿Realmente te sorprende?

Definitivamente, habíamos vivido con dos facetas muy diferentes de nuestros padres. Aún me sorprendía que mi hermano se hubiese vuelto hacia ellos, pero me imaginaba que también había vivido cosas que yo no sabía.

—¿Qué te han hecho nuestros padres para que ahora vayas contra ellos?

—Ya te lo dije, no es principalmente por papá y mamá, a pesar de que tampoco son unos santos —bajó aún más la voz—.

Es que estoy cansado de este circo. Yo quiero una vida tranquila, Dorian, y perteneciendo a este mundo nunca lo conseguiré —al parecer sí que estábamos de acuerdo en algo—.

Tampoco conseguiré encajar del todo. Papá y mamá te están obligando a casarte porque eres el único que puede seguir con el legado de Reydan.

—¿Cómo? —Mis ojos se enfocaron en mi hermano. Se tenía que estar quedando conmigo.

—Yo no tengo Don. Mi Don nunca se llegó a desarrollar.

Ahora todo tenía sentido. Mi madre tenía que estar rabiando por ello. Gabriele, se suponía que tenía que ser el heredero de la familia, pero lo que no tenía nada de sentido es que todo haya recaído en mí. Yo era el menor de los dos. El Don debía de ser suyo.

—¿Por qué?

Mi hermano se encogió de hombros.

—Me obsesioné con el tema un tiempo y estuve buscando información, pero no encontré mucha.

El Don debía de pertenecerme, pero tal vez como castigo te cayó todo a ti y por eso te afecta tanto.

Esa fue la única conclusión a la que llegué —le dio varias vueltas a la copa—.

Pero también encontré algo más —dijo trayendo de nuevo mi atención.

Mi hermano no solía ser de esos que se hacían los misteriosos—.

Encontré información sobre la profecía, la razón por la que quieren quitarse del medio a Alessandra.

Si consigue casarse con Fiero, los Dones desaparecerán, así que será mejor que te apartes y dejes que la cosa fluya, Dorian.

Negué, no podía ser.

—¿Dónde están esos libros?

Necesitaba leerlo con mis propios ojos.

—En la escuela —no podía estar diciéndolo en serio—. La escuela siempre ha pertenecido a la familia Pellegrini por algo, Dorian —primera noticia que tenía sobre ello. —Es el lugar donde más información puedes encontrar sobre la historia de La Élite y todo lo relacionado con ella.

—He estado en las bibliotecas de la escuela, ahí no hay nada.

—En la biblioteca pequeña hay una entrada secreta. No hay apenas conocimiento de ello porque a los portadores no les interesa que estemos entrando y saliendo de ella. Y mucho menos que investiguemos por nuestra cuenta. Ya de por sí ellos apenas lo hacen.

—¿Cómo has conseguido tú entonces esa información? —dudaba que hubiese sido por nuestros padres. Nuestra familia no era muy bienvenida en esa secta, así que tenía que haber sido de otra forma.

—Haciéndole algún favor a la directora de la escuela.

Abrí mucho los ojos, no podía ser lo que estaba pensando, ¿no?

—Te has tirado a… —La sonrisa de mi hermano me confirmó mis sospechas.

Definitivamente, la imagen que tenía de mi hermano no era nada parecida a la realidad.

De hecho, nos parecíamos más de lo que imaginaba porque eso era algo que también hubiese hecho si con ella conseguía información.

Me alegraba que por una vez no tuviera que hacerlo yo.

Mi hermano me estaba dando un gran voto de confianza contándome esto. Me sabía mal haber dudado tanto de él.

El problema ahora era qué hacía con lo que me había contado. Necesitaba que me diera el aire de nuevo. La naturaleza del exterior me reconfortaba de una forma que nunca haría un lugar lleno de gente.