Capítulo 34 #2
“No estaba seguro de si sería posible, pero como al parecer hay algún tipo de conexión entre los dos que me hace aparecer en tus sueños, y eso es algo mental, pensé que tal vez esto también era posible”, explicó.
“Pero peligroso y vergonzoso, eh”. A pesar de estar en mi mente, seguía notando el tono burlón de su voz.
“Alessandra, no voy a invadir tu privacidad, tenlo claro”.
“Técnicamente, ya lo estás haciendo.”
No le estaba mirando, pero ya me podía imaginar su sonrisa maquiavélica que lo hacía ver tan atractivo.
Había estado tan enfocada en la voz de Dorian en mi mente que Fiero había desaparecido.
La música ya no la escuchaba, la gente de mi alrededor no estaba.
Solo éramos él y yo, hasta que Fiero me sacó de la pequeña pista, y Dorian había desaparecido como su voz de mi mente.
Fue como salir de una burbuja que de repente había explotado.
La gente y las voces comenzaron a tener vida de nuevo, llevándome de vuelta a la realidad.
Hasta los ojos verdes que se apartaron de mi vista para alejarse de mí sin una sola palabra.
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El sol ya estaba cayendo y la luz anaranjada entraba por las cristaleras, creando un halo fantasioso a todo lo que nos rodeaba.
Con eso ya sabía que había llegado la hora de hablar frente a las familias que conformábamos La Élite.
Mi padre apareció a mi lado pocos segundos antes de que el reloj marcara las seis.
Se había hecho con una tacita de té y una cucharilla.
Cuando el reloj dio la hora, mi padre hizo tintinear la taza llamando la atención de los invitados.
—Gracias a todos por venir a la fiesta anual en honor a Eellary y el comienzo de la primavera —comenzó mi padre.
—Sin ella, y sin todos los Dioses que decidieron ayudar a nuestros antepasados, no estaríamos aquí el día de hoy.
Así que es un placer tenerlos reunidos y poder compartir con ustedes esta ocasión.
—Os hemos dejado en vuestros respectivos lugares un pequeño obsequio que espero que disfrutéis. —Al comentarlo, la gente comenzó a volverse para mirar su sitio, pero no se movieron hasta que terminé de hablar. —Espero que estéis disfrutando de la velada.
En ese momento comenzaron a ir hacia sus sitios donde encontrarían un pequeño frasco de perfume para cada miembro de la familia y una botella de vino blanco, en el que ha estado trabajando mi padre estos meses antes de sacarlo a la venta.
Algunas personas comenzaron a acercarse a mi padre y a mí para darnos las gracias.
Y mi prima apareció por fin.
—¿Dónde te has metido toda la tarde? —le pregunté.
Desde que comenzó el baile la perdí completamente de vista.
—Eso es lo que te tendría que preguntar yo. He estado con mis amigos y con Fiero todo el rato, pero tú no aparecías en ningún momento. Y mira que le preguntaba por ti, pero no era capaz de decirme dónde estabas.
—O más bien no quería saber dónde estaba. Me dejaba sola en cuanto tenía la oportunidad.
No lo podía juzgar por ello. Tampoco era la persona con la que más tiempo quería pasar ahora, pero una idea de dónde estaba sí que tenía.
Había estado casi todo el rato con mi padre.
Asegurándome de que todo iba bien, y sobre todo de que él estaba bien.
Además de encargarme de hablar con los invitados, que era lo que menos me gustaba hacer, y sobre todo ahora siendo consciente de que nos ocultaban algo.
Hoy más que en otras ocasiones fui más consciente de que algo se estaba tramando.
No me había dado cuenta al inicio del evento.
Pensé que era mi propia ansiedad la que me hacía sentir inquietud con cada persona a la que le daba la bienvenida, sobre todo teniendo en cuenta la presencia de Dorian.
Sin embargo, conforme iba avanzando el día iba creciendo una tensión extraña en el ambiente, como si hubiese algo esperando al acecho, y todos eran conocedores de ello excepto yo.
Pero quitando esa sensación extraña que se me había pegado al cuerpo, no había ningún indicio de peligro.
Todos parecían estar disfrutando del evento.
Mi prima negó ante lo que le dije, y me apartó aún más de la gente que pasaba por nuestro alrededor.
—Agatha ha llegado hace un rato y no la estoy soportando nada. Va buscando a Fiero a cada rato, no tiene vergüenza alguna —bufó.
—¿Fiero se muestra muy cercano a ella? —pregunté preocupada.
—No han tenido mucho tiempo para estar juntos. No sé dónde estaría ella, pero ha estado la mitad de la tarde desaparecida, y menos mal, porque no hubiese soportado ni medio minuto con ellos.
—Al menos se está ciñendo a la parte del trato —más o menos, ya que lo de estar juntos no lo estábamos cumpliendo mucho. —¿Agatha y tú seguís sin dirigiros la palabra?
Giu asintió.
—Prefiero que siga así. No ha tenido intención siquiera de pedir perdón o dar un brazo a torcer desde que hablé con ella. Además, sigue detrás de él como un perrito faldero a pesar de que supuestamente seguís juntos.
—No sabemos qué le habrá contado Fiero —contesté.
—Igualmente, es repugnante.
No podía juzgar a Fiero. No cuando yo me estaba comportando igual con Dorian. Cierto chico al que también le había perdido la pista al terminar el baile.