Capítulo 31
(D)
No tardé en ubicarme. Esos jardines solo se podían encontrar en una casa. Tan solo al ver ese pelo café que caía como la seda, ya sabía que olía a lavanda y rosas. Estaba tan absorta en la flor que tenía enfrente que no se dio cuenta de que estaba tras ella. O eso creía.
—No esperaba verte tan pronto —dijo, sorprendiéndome.
—Has tenido suerte.
Me coloqué a su lado. Atrayendo su atención unos segundos antes de volver su mirada a la rosa que teníamos enfrente.
—¿Por qué estamos aquí? —preguntó sin apartar sus ojos de esa flor blanca.
No era la primera vez que estábamos aquí juntos, y cada vez que volvía, esa rosa parecía perder más y más su color por una oscuridad que la devoraba.
—Es tu sueño. Yo tengo algo de control, pero vamos a donde vaya tu mente. —Por la forma en la que evitaba mi mirada y la tensión de sus hombros, estaba claro que no se sentía cómoda. —¿Qué significa esa flor para ti?
Guardó silencio durante un rato. Esperé incluso que no fuese a responder, hasta que las palabras salieron de entre sus labios.
—Cuando mi Don despertó, esa rosa nació de él.
—Desde que comencé a colarme en los sueños de Alessandra, esa flor luminosa llamaba mi atención.
Sabía que había algo de magia en ella, pero no esperaba que fuese tan importante.
—Hace unos meses comenzó a tornarse oscura. Sigo sin encontrar la razón de ello.
Sabía lo mucho que le había costado mencionar eso.
Y no solo por el temblor de su voz. Rara vez Alessandra hablaba de lo que le preocupaba, desde que comencé a aparecer en sus sueños, podía notar esa carga que estaba en su interior y que cada vez crecía más y más con cada palabra que no mencionaba.
Pero ahora había algo que a mí me comenzaba a preocupar.
—¿Cuándo empezó a oscurecerse?
—Me di cuenta al inicio del otoño, aunque puede que fuese un poco antes.
Yo había vuelto a principios de verano. Esa vez fue la primera vez que la vi. Quería creer y esperaba que yo no tuviera nada que ver con ello, sería tan solo una coincidencia tonta.
—¿Has hablado con tu Diosa?
Alessandra me miró extrañada.
—¿Hablar en qué sentido?
—Mantener una conversación.
Su ceño se arrugó más.
—¿Eso es posible?
—¿No lo haces? —no sabría decir quién de los dos estaba más sorprendido.
Ella negó.
—Alguna vez ella ha contactado conmigo por medio de mensajes. Le he pedido ayuda más de una vez y eso es lo único que he conseguido.
Para mí lo extraño era no poder comunicarme con él. La voz de Reydan me rondaba quisiera o no.
—Dorian— me llamó rompiendo el silencio que se había creado entre los dos—. ¿Me ayudarías a encontrar la solución?
Asentí sin pensarlo dos veces.
—Para lo que la señorita Leone necesite. —Hice una reverencia y una pequeña sonrisa volvió a sus labios que estaban fruncidos desde que aparecí.
Aunque realmente no sabía por dónde empezar o cómo podría ayudarla siquiera, pero lo haría.
«Os necesitáis el uno al otro.»
La voz de Reydan fue lo último que recordaba antes de despertarme.
La luz se filtraba suavemente por mis ventanas.
Y más que molestarme, me animó a levantarme y dejar que el sol llenase mi habitación.
Rara vez me costaba tan poco levantarme, rara vez me sentía animado por empezar el día, pero siempre había excepciones.
Hoy parecía ser una de esas excepciones, y una comida con mi familia no me iba a arruinar el día, ya que no me quedaba otra porque cuando aparecí por la cocina, toda mi familia estaba comiendo.
No solía coincidir con ellos, ya que siempre me despertaba tarde o lo evitaba de forma consciente.
—Buenos días —intenté que sonara lo mejor posible, pero estaba claro que mis padres tampoco tenían ganas de fingir ser una familia feliz por cómo me miraron.
Mi hermano solo me observó con pena, lo cual hizo más apetecible la idea de volver a mi habitación. Y yo qué pensé que había fingido medio bien el entusiasmo.
—Siéntate, comparte la comida con nosotros, Dorian. —La invitación de mi padre se me hizo poco acogedora, aun así le hice caso, esperando lo que sea que estuviera guardando.
La cocinera puso un plato de comida caliente frente a mí, y comencé a comer tratando de ignorar el silencio incómodo que se estaba asentando en la mesa.
—Así que, Alessandra Leone —dijo mi padre de repente, y estuve a punto de atragantarme.
—¿Qué? —pregunté confundido.
—Ya no solo que nos mentiste para salir a una discoteca diciéndonos que ibas a estar con Chiara, sino que estabas con Alessandra.
—¿Cómo? —pregunté aún confundido de cómo esa información había llegado hasta ellos.
—Alguien os echó una foto saliendo juntos de la discoteca —mi hermano comenzó a explicar, pasándome su móvil, donde estaba abierta una pestaña con una noticia de cotilleos.
“¿Alessandra Leone engañando a su prometido con Dorian Vinci? De tal palo, tal astilla.”
—Joder— mascullé.
Para mí esto no suponía gran cosa. Total, mi reputación ya estaba por los suelos y mis padres no confiaban en mí, pero en cambio ella… Debí pensar más en ella antes de ir detrás suya.
—Fui con Chiara y sus amigos a la discoteca porque era lo que a ella le apetecía, pero hubo un cambio de acontecimientos —me excusé aun así.
—Es absurdo que vayas detrás de ella, Dorian, está prácticamente casada.
Así que más te vale que arregles lo que tengas que arreglar con Chiara y te olvides de Alessandra —era obvio que esa iba a ser su respuesta—.
Aunque dudo que esa relación siga mucho tiempo más.
Tampoco me quejaría si consigues acercarnos a esa familia, pero no creo que Alessandra sea la mejor opción ahora.
Bufé, no me creía hasta dónde podía llegar la conveniencia de estas personas.
—No metas a Alessandra en esto —y me mordí la lengua, porque si seguía hablando acabaría delatándome y dejando expuesto lo mucho que me importaba esa chica, y no iba a permitir que mis padres la convirtieran en un peón de lo que sea que estuvieran tramando.
Tenía que mantenerlos alejados de todo lo que quería, porque si se enteraban que iba a seguir lo que mi alma anhelaba, nunca podría conseguirlo. Tal vez nunca pudiese tenerlo, pero anoche tomé una decisión y ya no había vuelta atrás.
—Sabes lo que te juegas. Hay un acuerdo entre ambas familias, así que no hagas estupideces —me recordó mi madre.
Un acuerdo que, para mi suerte, no era un pacto.
La familia de Chiara estaba fuera de La Élite, sus padres eran unos de los empresarios más grandes de Florencia, pero no tenían Dones, así que no podían recurrir a los pactos, pues nadie fuera de La Élite podía conocer los Dones hasta que el compromiso fuese completamente oficializado frente al cuarzo.
Cuarzo cuyas últimas noticias eran que estaba hecho trizas.
No sabía qué había pasado con él finalmente, ni me interesaba, puesto que no pensaba oficializar nada con Chiara.
Pero si había impedido que la boda de Alessandra siguiera adelante, ya había hecho su función.
La ignoré como si conmigo no fuese la cosa, y seguí comiendo. No iba a dejar que me arruinaran el único día que había conseguido despertar de buen humor en casa. Así que terminé de comer tranquilamente y luego me largué a mi cuarto.
Cuando me recosté y cogí el móvil, mi corazón comenzó a galopar cuando vi el mensaje de un número desconocido.
Dorian, soy Aless
Lo siento mucho por lo de la revista. Siento que esto te haya afectado también a ti
Recuerdo lo que me contaste sobre Chiara pero espero que esto no haga empeorar las cosas más. Debí advertirte cuando me acompañaste fuera
Había pasado apenas una hora desde que me había mandado los mensajes. No me quería imaginar lo molesto que era para ella despertar con noticias así.
No te preocupes Alessandra, sé cómo funciona todo esto
Ahora hablaré con Chiara, pero no te preocupes
Cualquier cosa puedes hablarme
Dejé el móvil. Ya me encargaría un rato del tema de Chiara, pero sonó al cabo de pocos minutos, llamando de nuevo mi atención.
Aless
Me corrigió, y no pude evitar que me saliera una sonrisa.
Tienes un nombre demasiado bonito para acortarlo
Esta vez sabía que no obtendría respuesta, a pesar de lo mucho que me hubiese gustado seguir hablando con ella, así que dejé el móvil y me tiré un rato con la guitarra mientras decidía cómo afrontar el tema con Chiara.
No pasó mucho tiempo hasta que la melodía fue interrumpida por una llamada en la puerta.
—Pasa —dije a quien quiera que fuese el que tocó.
La figura de mi hermano no tardó en aparecer. Era una imagen inusual, verlo ahí plantado frente a la puerta, debatiendo si dar un paso más o no.
—No muerdo —bromeé para que entrase ya de una vez.
—Es la primera vez que entro en tu habitación —asentí señalándole el puff que había en una esquina. Si había venido, era por algo.
—¿Qué quieres?
—Venía a ver cómo estabas después de lo que ha pasado en la cocina.
Negué.
—Gabriele, que hayamos levantado la bandera blanca no significa que seamos amigos del alma.
—Solo trato de ser un buen hermano, Dorian —sus palabras se sintieron como un puñal—. Ya te dije que tú y yo no somos enemigos —me recordó antes de soltar una bomba—. Papá y mamá quieren acelerar tu compromiso con Chiara.
Intenté que no se me notase la molestia en la cara.
—Eso no va a pasar porque voy a dejarlo con Chiara hoy mismo —traté de sonar lo más calmado posible, pero realmente, si me rebelaba contra lo que quisieran mis padres, solo conseguiría que las cosas se pusieran más difíciles en casa.
—¿Así que sí que hay algo entre la chica de los Leone y tú? —indagó mi hermano y yo negué rápidamente.
—Solo somos amigos, Gabriele, pero no es justo que Chiara ande haciéndose ilusiones conmigo cuando yo nunca voy a sentir lo mismo por ella.
Mi hermano asintió, mirándome como si fuera la primera vez que me veía realmente.
— Eres un buen chico, Dorian.
—No me trates como un perro, Gabriele —puse los ojos en blanco por sus palabras—. Es lo mínimo que le debo a la chica. Siempre ha habido sinceridad entre nosotros, pero no voy a seguir con algo falso. Eso sí, nuestros padres no tienen por qué saberlo aún.
—Me alegro de que estés confiando en mí para hablar de esto —sinceramente, no sé por qué se lo contaba, supongo que había llegado en el momento adecuado—.
No se enterarán de nada. Además, hay algo más de lo que quería hablar contigo —esperé a que prosiguiera—.
Tengo un chivatazo. Mamá no es muy discreta que se diga y me he enterado de que se quieren quitar del medio a los Leone.
No tardé en incorporarme y dejar la guitarra a un lado.
Sentí que la sangre se drenaba de mi cuerpo y recordé la conversación que tuve con Alessandra en Venecia. Ella ya lo sabía, pero que mis padres pudieran estar implicados me iba a volver loco.
—No sé si lo sabes, pero a principios de año estuvieron a punto de tener un accidente fatídico.
Lo del cuarzo no fue una casualidad—una parte de mí imaginaba que eso no era obra de la magia, pero no esperaba que tuviese ese transfondo—.
Teniendo en cuenta que estuvieron a punto de matarlos a principio de año, no me extrañaba que lo volviesen a intentar.
—¿Quién concretamente?
—Toda La Élite.
Esto tenía que ser una broma de mal gusto.
—¿Su prometido? —porque si él, después de todo, también estaba metido en el meollo, haría lo posible para destruirlo.
—Creo que esa familia tampoco tiene constancia de lo que está ocurriendo ,—dijo, calmando un poco de la furia que amenazaba con consumirme—, pero al parecer todas las demás están conspirando en contra de los Leone.
—¿Por qué? —necesitaba una respuesta lógica. Sabía que había envidias entre las familias, que todos querían ser el número uno, pero eso no era suficiente para llegar a ese extremo.
—Hay una profecía que dice que una vez los dos portadores de los Dones coincidan en edad y se enamoren, será el fin de la época de los Dioses. Es muy ambigua, pero creen que son Alessandra y Fiero de los que habla la profecía, y por eso los Dones están comenzando a fallar.
Esa podría ser una de las razones por las que la rosa de Alessandra se estaba tornando oscura. Pero no tenía sentido. No tenía ningún tipo de sentido porque Alessandra no estaba enamorada de Fiero.