Entre Rosas y Sueños Capítulo 30 #3
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Capítulo 30 #3

—El tema de los sueños ya sabes que es algo que no controlo. Tampoco he estado durmiendo muy bien estos días, así que cuando te despiertas es cuando suelo conseguir dormir.

Giré la cabeza hacia él, preocupada, y casi chocándome con el lado izquierdo de su rostro. Dorian giró la cabeza y nuestras narices se rozaron, robándome todo el aire y haciendo que mi piel se erizara por la cercanía.

Había dado tiempo a apartarnos, a mirar hacia otro lado o siquiera reaccionar, pero nuestras miradas no se separaban. Bajo la luz de la noche, sus ojos parecían brillar como estrellas.

—Alessandra —susurró Dorian, colocándome un mechón tras la oreja con una suave caricia.

Me sentía hipnotizada por su mirada, por cómo se sentía estar a su lado, y comencé a entender el porqué de los cuentos de hadas. A pensar que tal vez sí que existía ese amor del que se hablaba en los libros.

Dorian parecía querer decir algo más, pero se mordió la lengua y volvió a mirar el cielo, rompiendo la magia que se había asentado entre nosotros. A lo que lo imité sintiendo una espina que se clavaba en mi interior.

—¿Tanto me has echado de menos? —volvió a su tono altivo y a su sonrisa de lado.

—No te sientas tan importante —pero la decepción por lo que había pasado se podía sentir en mi voz.

¿Solo yo había sentido lo que sea que había pasado entre nosotros?

El silencio comenzó a crecer sobre nosotros. Estaba tan tranquila a su lado, sobre el mullido manto de hierba, que el sueño comenzaba a hacer mella en mí. Siendo imposible impedir que mis ojos se cerraran solos.

—Alessandra —un suave susurro rompió mi sueño— despierta, tienes que ver esto.

Abrí los ojos poco a poco, ya no estaba tan oscuro como antes, lo cual me dificultó adaptarme a la nueva claridad.

¿Cuánto tiempo había pasado? Había sentido que había cerrado los ojos solo unos segundos, pero cuando me reincorporé, frente a mí había un espectáculo de colores anaranjados, rosas y azules que se expandía por el cielo sobre una Florencia semidespierta.

Las nubes parecían algodón, y viajaban despacio por el cielo, que brillaba como si el inicio de este día diese paso a algo nuevo, algo mágico.

Dorian se levantó. Se veía resplandeciente con el amanecer sobre su rostro. Posiblemente esa imagen era la única que me iba a hacer apartar la mirada del cielo.

—Creo que eso lo has hecho tú. —Sus ojos pasaron del césped a mí. Me miraba como si el cielo no fuese el mayor espectáculo en ese momento.

Me levanté confusa y seguí el recorrido que su mirada.

Estábamos en el centro del círculo de margaritas que nos rodeaban, salpicadas por el verde césped. Flores que anoche cuando llegamos no estaban ahí.

Sus ojos brillaban mientras lo observaba, como si hubiese descubierto la magia por primera vez, y yo no pude evitar esbozar una sonrisa.

Nunca había podido hacer algo así con mi Don, usarlo de forma inconsciente, haciendo que flores a las que aún les quedaban semanas para nacer brotaran tan alegremente.

✦

La calidez de casa me abrazó en cuanto puse un pie dentro, pero lo que no me esperaba era encontrarme a mi padre sentado en el sillón esperándome a las seis y media de la mañana.

—Hija, he estado a punto de salir a buscarte. Si no fuese porque habías llamado a Rodrigo, hubiese salido hace casi una hora —se levantó y me envolvió en un abrazo—. Aunque no esté en casa, avísame cuando salgas.

La sonrisa que me había acompañado desde que me había despedido de Dorian se fue desvaneciendo poco a poco.

—Perdón —fue lo único que alcancé a decir. No esperaba que mi padre llegara tan pronto, ni yo llegar tan tarde. Había perdido la noción del tiempo y había olvidado la existencia de todo lo demás.

—No pasa nada, hija. Ahora descansa.

Asentí a punto de subir las escaleras, pero no tardé demasiado en darme la vuelta.

—Por cierto —mi padre volvió la cabeza hacia mí—, tenemos que hablar sobre algo.

Mi padre asintió solemne.

—Pero ahora necesitas descansar. Duerme y, después de comer, te prometo que hablaremos todo lo que necesites.

Asentí de nuevo antes de arrastrarme escaleras arriba. Ya no quería dejar pasar más tiempo, ya había pasado demasiado. Ni Fiero ni yo merecíamos seguir viviendo engañados.

Al abrir la puerta, tardé apenas unos segundos en deshacerme del minúsculo vestido negro de mi prima.

Por suerte, mi pijama estaba preparado, bien estirado sobre la cama, probablemente por mi padre, ya que a la ama de casa no le estaba permitido hurgar en mi armario.

Ese pequeño gesto me hizo volver a sonreír.

Me envolví en el suave pijama de seda, y antes de acostarme, saqué el móvil del bolso para dejarlo cargando, pero junto a él cayó un pequeño trozo de papel. Al abrir el pequeño papel leí:

“Llámame cuando lo necesites”.

-D

Me quedé probablemente más tiempo del necesario leyéndolo. Su caligrafía se veía rápida, aun así cuidada. No sé cuándo lo hizo, pero me alegraba que hubiese dado ese paso porque yo nunca me hubiese atrevido a pedir su número de teléfono.

Lo dejé con cuidado sobre la mesita de noche y me acosté aún con una sonrisa en mi rostro. Esperando que mis sueños me llevasen de nuevo con él.