Capítulo 29
En la puerta, la música sonaba amortiguada, pero al entrar fue como sumergirse en un nuevo lugar lleno de gente, sonidos y colores.
Un nudo se formó en mi garganta mientras avanzábamos hacia las escaleras.
Acabábamos de entrar y ya quería darme la vuelta, sobre todo cuando la gente empezó a girarse al verme y comenzaban a cuchichear.
—Es Alessandra Leone —escuchaba entre tantos susurros sorprendidos.
—¿Habrá venido para estar con Fiero?
Los susurros comenzaban a bañar el lugar.
—Se me olvidaba lo que era estar en un sitio público contigo —dijo Giu cuando ya alcanzamos las escaleras para subir al VIP. Alejándome por fin de ese murmullo y esas miradas que me seguían a todos lados.
Arriba era mucho más tranquilo. La música sonaba fuerte, pero te permitía hablar sin necesidad de gritar. No había gente apelotonada, de hecho, cada grupo estaba cerca de una mesa redonda bebiendo sin necesidad de tener contacto con las de otras personas.
En una de las mesas, sentados en un sofá rojo, nos esperaban Fiero junto a sus amigos, además de Agatha y Silvia.
Al hacer contacto visual, Fiero se levantó de inmediato para acercarse a mí, mirándome de arriba abajo.
Haciéndome más consciente de lo expuesta que me sentía con el vestido que me había prestado mi prima.
—Cuore estás… muy guapa, ¿pero no crees que es demasiado? Vas a llamar más la atención de la que ya lo haces —dijo eso último en un susurro en mi oído, y yo lo único que quise fue apartarme de él.
Sabía que no le gustaba la ropa reveladora, yo nunca había sido de vestir así, pero sus comentarios nunca me ayudaron a experimentar y querer salir un poco de la costumbre. Las pocas veces que lo había planteado, al ver una prenda que me había gustado, me quitaba las ganas con frases como esa.
—Aless y yo vamos a por una bebida, ahora volvemos —dijo Giu tirando de mí hacia la barra y alejándome todo lo posible de él.
—¿Qué te ha dicho? —dijo con brusquedad una vez estábamos lo suficientemente lejos.
—En pocas palabras, que voy enseñando mucho.
No sé si se sorprendió más por cómo me expresé o por lo que había dicho Fiero.
—¿Esto es lo que llevas soportando desde que estáis juntos?
Negué.
—Normalmente no es así, y esta necesidad de control comenzó hace no mucho.
—No sé cómo he podido estar tan ciega.
—Fiero siempre me ha dado más que menos, pero no sé qué ha pasado este último año. Es como si, al ver peligrar la relación, se hubiera vuelto obsesivo.
—Siento decirte, prima, que lo de Fiero por ti siempre fue obsesivo, pero al menos era bonito o al menos se veía bonito desde fuera —arrugó su nariz.
La conversación se cortó en el momento que llegó nuestro turno para pedir. No tenía intención de beber, pero acabé dejándome llevar por la influencia de Giu y por la necesidad de hacer esta noche lo menos incómoda posible.
—Por fin he conseguido que la princesa salga de su castillo y pueda ser una persona como los demás mortales —puse los ojos en blanco ante la ocurrencia de Giu—. Espero que sea la primera de muchas —dijo brindando conmigo en cuanto la bebida llegó a nuestras manos.
Lo dudaba. Había algo en mí que no me generaba confianza el día de hoy.
No sabía si era la presencia de Agatha o por la situación que estaba con Fiero, pero no me quedaba otra que seguir a Giu y fingir que realmente tenía ganas de estar allí, como siempre había hecho en cada evento y en cada alfombra roja que pisaba. No era nada nuevo en mi vida.
Marco fue el primero que se acercó a mí. Sin duda, era el más extrovertido y amigable de los amigos de Fiero.
—Señorita Leone, es un placer verte por aquí. —Las veces que había coincidido con el grupo de Fiero, Marco era el que siempre intentaba incluirme y hacerme sentir cómoda, así que lo agradecía porque muchas veces se esforzaba incluso más que el propio Fiero.
Marco, al igual que los demás chicos y chicas que nos acompañaban hoy, también era de La Élite. La diferencia era que Marco siempre fue el mejor amigo de Fiero. Por lo tanto, Giu y yo también habíamos pasado mucho tiempo con él, y nuestras familias siempre se habían llevado muy bien.
Los otros dos chicos se acercaron a saludarme con un beso en la mejilla antes de volver a seguir con sus asuntos.
El más bajito pertenecía a la familia Rinaldi, cuyo Don era el de los Caminos, y el otro de pelo rubio pertenecía a los Basso, cuyo Don era el Comercio.
Ambos, junto al Don de Fiero, podrían crear un imperio, así que tampoco me extrañaba que intentasen llevarse bien aunque fuese solo por interés.
Las chicas estaban sentadas con una copa en la mano mientras hablaban. La más pequeña no tardó nada en levantarse en cuanto me vio acercarme.
—Cómo me alegro de que hayas venido —dijo Silvia Esposito tras saludarme.
Era amiga de Giu desde que eran niñas. Siempre habían estado en la misma clase, pero por alguna razón, desde que Agatha se hizo más amiga de Giu, mi prima pareció alejarse un poco de ella.
—Espero que hayas venido con ganas de emborracharte —dijo Agatha antes de saludarme, a lo que tuve que fingir una sonrisa.
Otra vez esa sensación de que algo no me cuadraba en esa chica.
Me generaba incomodidad, como si, a pesar de tratar de ser maja conmigo, hubiera una intención oculta.
Pero teniendo en cuenta lo que conocía de ella, era normal que me sintiera así a su alrededor.
Aun así, quería dejar ese tema a un lado.
La iba a observar, pero no pensaba hacer nada al respecto.
Además, necesitaba conocerla mejor para saber sus verdaderas intenciones.
—¿Cuánto tiempo lleváis aquí? —le pregunté a Fiero, que no se había separado de mí desde que volví con mi bebida.
—Poco— contestó—, tal vez unos 15 o 20 minutos.
—He hecho que Giu llegue tarde.
Fiero rió.
—Contigo o sin ti, Giu iba a llegar tarde. Creo que pocas veces la he visto llegar a la hora.
—¡Oye! No suelo llegar tan tarde —se defendió mi prima y se sentó en el sofá al lado de Silvia, pero dejándome espacio para sentarme a su lado.
Me sentía fuera de mí, como si no perteneciera a ese lugar a pesar de estar rodeada de personas conocidas.
—Voy a estar allí —Fiero señaló a la barandilla que teníamos enfrente, donde estaban todos sus amigos apoyados—, te puedes acercar cuando quieras y si necesitas cualquier cosa, avísame.
Asentí, y cuando volví la vista hacia las tres chicas, me pareció ver que Agatha estaba mirándonos.
—¿Cómo es que has decidido venir? —preguntó Agatha, curiosa.
—Iba a pasar el finde en casa, pero Giu ha conseguido convencerme.
Mi prima asintió con euforia.
—Giulia puede ser bastante convincente —bromeó, porque más que convincente era insistente—, pero bueno, bienvenida a nuestro rincón de cada semana. —Esbozó una sonrisa.
Las chicas no tardaron en ponerse a hablar sobre cotilleos de la escuela.
Mientras las escuchaba, iba poco a poco pegándole tragos a la bebida sin saber muy bien qué hacer.
Al principio me chocó el sabor, pero era dulce y el sabor de los frutos rojos estaba ligeramente ahí, así que lo potencié con mi Don y la bebida mejoró por completo.
—Qué ganas tengo de que llegue el próximo evento. A ver cuántas parejas han roto ya desde la Mascherata —se rio Agatha, sabiendo bien lo que ocurrió y teniendo idea de la situación en la que nos encontrábamos Fiero y yo.
—El próximo es el de primavera, ¿no? —preguntó Silvia, poniendo otro rumbo a la conversación. Giu y yo asentimos—. Siempre es uno de mis favoritos.
—Venga, Aless, cuéntanos algo del evento. —Su forma de hablarme me parecía insoportable por la confianza que se tomaba.
No tenía ganas de contar nada del evento, pero para no quedar mal tan solo di una pequeña pista.
—Va a estar tematizado. La semana que viene se enviarán las invitaciones. Es lo único que os puedo decir.
—¿No van las invitaciones un poco ajustadas de tiempo? —dijo Agatha—. No sé si hay que buscar un diseñador para que nos haga un vestido tematizado y todo…
Por todos los Dioses, que se callase ya. Suficiente agobiada estaba ya.
—Se nos ha venido un poco el tiempo encima —intenté no sonar demasiado secante.
Si seguía mordiéndome tanto el interior del labio, me iba a comenzar a sangrar, pero era una de las pocas cosas que lograba mantenerme tranquila.
—Tendréis tiempo, chicas, no os preocupéis por eso —añadió rápidamente Giu. Me conocía tanto que se podía imaginar lo que me estaba molestando la conversación—. Además, no es una fiesta de disfraces. Tan solo necesitáis un detallito.
Gracias a Eellary, que me permitió tener a Giu conmigo. Creo que me hubiese vuelto loca si no existiera Giu, o si mi tío no hubiese nacido con el Don.
Por suerte, el tema de conversación cambió, quitando un poco de la tensión que sentía sobre los hombros. Comenzaron a hablar sobre el partido que tenían los chicos la semana siguiente. Y como si hubieran escuchado el tema de conversación, se acercaron de nuevo a la mesa.
—¿No podéis dejar de hablar de nosotros ni un segundo? —dijo Marco.
—No te creas tan el centro de atención, Marco —le cortó mi prima.
—Aha, por eso no paráis de hablar de nosotros —siguió y esta vez Giu puso los ojos en blanco.
—Estamos hablando del partido, que es uno de los más importantes de la liga —se metió Agatha.
—Bueno, el partido lo jugamos nosotros, así que no va tan mal desencaminado —dijo Fiero y mi prima desistió.
—¿Cómo os veis? —preguntó Agatha.
Yo estaba completamente perdida en la conversación.
Nunca iba a verlos, y pocas veces Fiero me contaba algo sobre los entrenamientos y partidos más allá de haber ganado o perdido.
Antes sí que solía hablarme más sobre ellos.
En parte fue mi culpa porque nunca me interesó demasiado, pero creo que él también se estaba desencantando con el deporte.
Cada vez parecía tener menos interés por el fútbol.
Solo le importaba hacer su trabajo, que era ganar el partido.