Entre Rosas y Sueños Capítulo 28
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Capítulo 28

La humedad y los primeros rayos de sol del día me acompañaban mientras me acercaba a la rosa blanca.

Quedaban tres fines de semana para el inicio de la primavera, y estaría ilusionada con que los días se hicieran más largos, de que el frío se alejase para dar comienzo a una época de luz y florecimiento, si no fuera porque mi vida parecía estar cayendo lentamente como las hojas de un árbol en otoño.

Las plantas vibraban allá donde mirara a pesar de la falta de sus flores, a diferencia de la única rosa que sobrevivía a estas temperaturas, pero que cada día que la visitaba estaba más apagada.

Aunque el día de hoy me detuve a observarla bien, parecía que se había quedado estancada.

La oscuridad no crecía, pero tampoco menguaba.

—Eellary —susurré.

Imaginaba que esto había sido obra suya, que me había escuchado y había decidido ayudarme.

«Me consta que estás empezando a dar los pasos correctos hasta tu recuperación. Recuerda que siempre estoy acompañándote, Alessandra.»

Su voz era suave pero decidida, una mujer que sonaba a ecos de una fuerza ancestral. Demasiado sabia para ser real. Me sorprendió tanto como la primera vez. Haciéndome recordar lo que significaba portar este Don, lo agradecida que debía de estar por ello.

Cada vez que escuchaba su voz era como si saliera de mi propio cuerpo.

Necesitaba unos segundos para volver a sentirme presente, para procesar lo que había dicho y recordar dónde estaba y por qué estaba ahí.

Y cuando lo conseguí, volví a casa, a una casa vacía, pues mi padre había salido temprano y mi madre seguía sin aparecer.

Esperaba que siguiese así mucho tiempo más.

Desayuné en silencio. Un silencio que me empezaba a inquietar, así que para llenarlo revisé el correo, encontrándome con uno de Dolce Vanna, con la fecha de salida del anuncio e invitándonos a Dorian y a mí a un evento en Florencia en pocas semanas.

Lo que me hizo recordar el evento que preparábamos al inicio de la primavera.

Quedaban apenas veinte días y mi padre no tenía pinta de que hubiese empezado con él, lo cual significaba que íbamos muy tarde.

Le mandé un mensaje urgente por si le podía ayudar con algo, y así también mantendría la mente ocupada.

Su respuesta me llegó media hora más tarde.

Aún no tenía idea de la temática, pero sí que tenía el lugar alquilado.

Así que no perdí el tiempo y me puse a hacer lluvia de ideas sobre la temática.

Pocas horas más tarde me quedé con dos ideas de una larga lista.

No quería repetir nada que se hubiese hecho en los últimos diez años, así que tuve que descartar algunas opciones.

Me quedé con Ostara y Alicia en el País de las Maravillas.

Le mandé un mensaje a mi padre esperando el visto bueno de alguna de las dos, y cuando contestó, comencé a buscar información e ideas.

Pasé toda la mañana tan sumergida en el tema que me olvidé siquiera de Fiero, hasta que poco antes de comer decidí mirar el teléfono y me di cuenta de que no tenía ni un mensaje suyo, lo cual se me hacía extraño porque era algo a lo que estaba acostumbrada.

Siempre nos dábamos los buenos días y nos mandábamos algunos mensajes a lo largo del día si no nos veíamos.

Aunque ahora que lo pensaba también llevábamos demasiado sin vernos a solas.

No sé qué estaba pasando, pero era extraño teniendo en cuenta que siempre insistía para vernos o se pasaba un rato por casa después de entrenar.

Decidí hablarle yo. No quería que pensara que lo ignoraba.

Me había esforzado demasiado en mantener la idea de que seguía bajo su Don para echarlo todo a perder ahora.

Un miedo que iba creciendo cada momento que recordaba lo mucho que podían cambiar las cosas con mi decisión, pero que, mirándolo con perspectiva, no debía asustarme tanto.

No merecía siquiera el cariño que le guardaba, me había sometido con su Don para que no le dejase.

Me había manipulado y aun así yo seguía mirando por él, supongo que era el miedo al cambio hablando desde mi interior.

Me contestó casi al momento, lo que significaba que no estaba dormido, y se disculpó diciendo que había estado ocupado, yo le expliqué que también estaba igual y la conversación decayó a los pocos mensajes más, pero no sin antes un te quiero por su parte que cada vez sonaba menos real.

No era que quisiera seguir hablando con él, pero era extraño cómo se estaba comportando últimamente. No sé si se intuía lo que estaba pasando por mi cabeza o sus sentimientos hacia mí estaban empezando a marchitarse, lo cual facilitaría mucho más las cosas cuando lo dejase.

Mi prima me había mandado mensajes para salir de fiesta esta noche, a lo que rápidamente le contesté con un no, y nada más apagar el móvil tenía una llamada entrante de ella.

—Aless, venga, sal con nosotros, va a ayudar a despejarte, porfa —suplicó.

—Giu, tengo cosas que hacer, pronto llega el baile de primavera.

—Te prometo que no vamos a llegar más tarde de las dos de la mañana. Y además, sabes que te puedo ayudar, así que no es excusa.

Mi parte negativa me decía que no, que no iba a estar cómoda y ni siquiera me gustaban las fiestas, pero, por otra parte, realmente nunca había estado en una fiesta y no sabía si lo disfrutaría o no, lo dudaba, pero nunca me había dado la oportunidad de ir a una.

—Va a estar Fiero, y también Silvia, Agatha y Marco, que aunque sea un poco los conoces —trataba de convencerme.

—Teniendo en cuenta cómo está la situación con Fiero, no sé si es el mejor momento —aunque el hecho de que estuviese Agatha me generaba curiosidad, y me invitaba a ir para averiguar qué pasaba realmente.

Porque tenía la sensación de que ella era la razón por la que Fiero estaba tan distante últimamente.

—Vas a venir —sentenció Giu—. Vamos a ver qué pasa realmente entre Fiero y Agatha esta noche —añadió como si leyera mis pensamientos—. A las ocho y media estoy en tu casa.

Iba a quejarme, decirle que no creía que fuese buena idea, pero antes de que pudiese decir nada, me colgó.

Avancé todo lo que pude antes de que llegase Giu.

Hice una presentación explicativa y fotos de referencia para que mi padre entendiese el concepto del evento.

Se llamaría “La hora del té”, aparte de que sería a esa hora, también tenía un simbolismo muy fuerte en la historia de Alicia.

Mi mente no paraba de darle vueltas a lo etéreo y bonito que se vería todo. Sería perfecto.

Con lo preparado que lo había dejado y con la idea tan clara en mi mente, tenía la sensación de que con esto iba a convencer a mi padre sin problema.

Miré el móvil cuando terminé, ya eran las seis. Me llevó gran parte de la tarde, pero al terminar, mi mente quedó expuesta a todo lo que se venía hoy.

Cené temprano para ducharme antes de que llegase Giu. Me tomé mi tiempo cuidando de mi piel. Dejé que el olor a lavanda llenase cada rincón del baño y, junto a la tranquilidad que me daba cuidar de mí, traté de tranquilizarme lo máximo posible.

Antes de sucumbir a los pensamientos alarmantes, intenté convencerme a mí misma de que todo iba a ir bien, era la frase que se repetía en mi mente cada vez que mis pensamientos se desviaban. Aunque en el fondo nunca lo creía, era un mantra vacío, una falsa esperanza.

Por suerte, no tuve demasiado tiempo para sobrepensar la situación y mandarle un mensaje a Giu diciéndole que se olvidase, pues antes de lo que esperaba, mi prima apareció por la puerta de mi habitación con cinco prendas en la mano que lanzó a la cama antes de venir a darme un corto abrazo.

—¡Nos lo vamos a pasar genial, Aless!

Se veía muy emocionada y no pude evitar sentir cierta envidia ante su emoción. Mi prima era una persona que se ilusionaba muy fácilmente. Cualquier pequeño detalle parecía hacerla extremadamente feliz, y eso era algo que yo rara vez había experimentado. Mi vida se veía insulsa a su lado.

Intenté pensar cuándo fue la última vez que me sentí así.

Era verdad que me había hecho ilusión encargarme del evento de primavera, pero dentro de lo que cabe era trabajo.

Fuera de eso, la última vez que me sentí así fue…

en Venecia, y Dorian fue el causante de ello.

Lo cual no ayudaba a quitármelo de la cabeza.

—Te he traído ropa por si no tienes nada que ponerte —dijo sacándome de mis pensamientos, y lo agradecí en silencio, pues lo último que me faltaba ahora era ponerme a pensar en ese chico.

Me fijé en que ella aún no estaba vestida para la fiesta, exceptuando su coleta trenzada que se movía de un lado a otro mientras colocaba las prendas separadas para que pudiera verlas.

—Yo tengo que tener algo —aunque no estaba muy segura de ello.

—Por si acaso —se encogió de hombros—, porque en tu armario no hay muchos colores oscuros y unos pantalones de traje no nos sirven, Aless —dijo separando las prendas para poder verlas bien.

—Giu, no creo que nada de eso me esté bien.

Los vestidos y las faldas eran demasiado cortos y yo era un poco más alta que Giu, así que si a ella le quedaba ajustado, a mí me quedaría más aún.

—Creo que sí —pero yo seguía sin estar muy segura—. Pruébatelo al menos —insistió.

—Me lo probaré —aunque fuese para demostrarle que no me podía poner eso.

Mi prima pareció contenta con la respuesta, pero su expresión cambió en un parpadeo.

—Tengo que advertirte antes de salir —se quedó reflexionando—, probablemente no te importe, pero quiero que lo sepas porque lo llevo sospechando desde San Valentín. Y es que creo que Fiero y Agatha están hablando. Te lo dije cuando estabas en Venecia, pero creo que hay algo entre ellos.

Los sentimientos comenzaron a florecer en mi interior. Si eso era así, tenía más razones para echar a Fiero de mi vida, pero no podía creer que hiciera eso. No tras lo que habíamos vivido, tras lo mucho que se había aferrado a mí a pesar de todos los contratiempos.