Entre Rosas y Sueños Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

Por alguna razón le esperé antes de poner rumbo a la entrada del hotel donde nos reuniríamos de nuevo con los trabajadores de Dolce Vanna. Si le sorprendió o no, no lo sabía porque solo cogió su chaqueta antes de dejarme pasar primero por la puerta.

—¿Cómo habéis pasado la noche, chicos? —preguntó el manager cuando nos subimos en uno de los taxis acuáticos—. Es importante que estéis descansando bien.

—Bien, ¿hay alguna posibilidad de que se quede alguna habitación libre esta noche? —No sé cómo de desesperada pude sonar, pero pude escuchar el bufido de Dorian a mi lado.

—Yo creo que no lo has pasado tan mal —su media sonrisa amenazaba con salir, y mis ganas de mandarle de paseo crecían por momentos.

Tenía suerte de que no hubiese plantas cerca porque en mi mente se dibujó la imagen de su cuello rodeado de ramas de rosas. Y no sería algo agradable para él teniendo en cuenta las espinas.

—Por desgracia, no se va a quedar ninguna habitación libre, Alessandra. Perdona el inconveniente.

Para mi suerte, ignoraron el comentario de Dorian y comenzaron a contarnos sobre lo que haríamos el día de hoy.

Primero nos llevaron hasta un estudio donde nos echarían fotos en un fondo blanco para usarlas en la promoción, en vestuario me esperaba un vestido que parecía una rosa en todo su esplendor.

Las capas rojas y sedosas creaban un volumen espectacular y el pecho encorsetado lo hacía digno de los cielos.

Intenté no sonreír como una niña ante mi reflejo.

El color hacía mi piel radiante, rara vez me veía capaz de vestir con un color tan atrevido, así que estaba sorprendida con la imagen que encontré frente al espejo.

Además, el maquillaje era ligero pero elegante, lo cual no me hacía ver tanto como una extraña en mi propia piel.

Todo parecía estar estudiado al milímetro para que me quedase como anillo al guante.

Dorian me esperaba enfundado en un traje negro con una camisa blanca. Probablemente fuese la cosa más básica y formal en la que lo había visto, pero aun así lograba darle su toque desenfadado, no sabía si era su pelo o sus aires despreocupados, pero hacía que el traje llevase su esencia.

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Las sesiones en el estudio no eran tan interesantes como en localizaciones. El canturreo de Dorian mientras sonaban algunas canciones, moviéndose de un lado a otro, mantuvo parte de mi atención, haciendo que no me centrase lo suficiente en mi trabajo.

—Alessandra, necesitamos que mantengas toda tu atención puesta en la cámara —podía notar cómo la vergüenza subía serpenteando por mi cuerpo.

No era usual que mi rostro se tiñera de color, pero me sentía avergonzada por la regañina.

Sobre todo porque Dorian se dio cuenta de dónde estaba puesta mi atención, su sonrisa arrogante no tardó en aparecer cuando me miró.

Para mi suerte, no tardaron mucho en echarme las últimas fotos donde conseguí estar completamente atenta, o al menos no necesitaron volver a llamarme la atención.

Pero las siguientes eran con Dorian, lo cual no mejoraba mucho la situación.

No sabía si era capaz de afrontar la energía que sentía cada vez que lo tenía cerca, esa sensación que nunca antes había sentido.

—Espero que seas capaz de mantener la mirada en mí como antes —susurró cerca de mi oído mientras se colocaba a mi lado según las indicaciones.

Podía notar cómo el color quería volver a mis mejillas, pero a él solo le dirigí una mirada molesta. Podía, incluso, imaginar su sonrisa de satisfacción aunque ni siquiera me estuviese mirando.

En las primeras fotos yo estaba en el centro y Dorian me rondaba con ojos curiosos. Lo hacía tan bien que no era capaz de averiguar cuánta verdad y cuánta mentira había en cómo estaba actuando. Podía entender perfectamente por qué lo quisieron para esta campaña

—Chicos, necesitamos que os toquéis más. Sois amantes, demostradlo.

Me miró a los ojos con una pregunta reflejada.

Me estaba pidiendo permiso.

Asentí y enseguida su cuerpo, sus manos y su rostro estaban mucho más cerca de mí. Daba igual que no rozase mi piel siquiera. Mi cuerpo reaccionaba como si miles de pequeñas gotas de rocío cayeran sobre mi.

Habíamos estado tres horas entre fotografías y vídeos cortos para redes y revistas.

Por suerte, íbamos a comer para recargar energías antes de ponernos con la grabación del anuncio de televisión.

La góndola nos llevó hasta un bonito restaurante cuyo aroma delicioso hacía a mi estómago rugir como una abeja frente a una flor repleta de polen.

Nos sentamos todos en una mesa grande. Junto al equipo de producción éramos como unas nueve personas, pero tan solo había compartido más de media palabra con Dorian, por desgracia, y con nuestros representantes, que se preocupaban mucho por nosotros y porque todo fuese bien.

Mientras esperábamos a la comida, los fotógrafos nos enseñaron algunas de las fotos que nos habían hecho, cómo no, por petición de Dorian, que era incapaz de esperar a ver el resultado completo.

En cambio, yo prefería evitarlo, si no me gustaba lo que veía, era probable que mi ánimo de cara a la grabación decayese.

Nos enseñaron directamente las fotos en las que salíamos las dos y no pude evitar echarle un vistazo.

A pesar de estar en uno de mis costados, el rostro anguloso de Dorian captaba toda mi atención.

No me cabía duda alguna de que esas facciones tenían que haber sido esculpidas directamente de las manos de los Dioses.

Incluso a través de las fotos era capaz de transmitir su aura oscura y misteriosa.

Mi rostro, en cambio, era menos anguloso y mi piel varios tonos más morena que la de Dorian.

Siempre que tenía una sesión de fotos me daba miedo no lograr mostrar el sentimiento que esperaban de mí, pero el poder que emanaba mi mirada era palpable y no podía estar más contenta de ello.

Era chocante verme en esas fotos con él, sobre todo por su cercanía.

—Wow —exclamó nuestra representante—, si no fuese por cómo sois fuera de cámara, me creería que fueseis pareja.

Su compañero asintió

—Lo estáis haciendo genial, chicos. Con suerte, si seguimos así, esta tarde terminamos antes de lo previsto y podéis hacer algo de turismo. O descansar, lo que vosotros prefiráis.

El murmullo de la mesa disminuyó cuando los platos comenzaron a llegar y las palabras de nuestras bocas fueron sustituidas por la deliciosa comida que humeaba frente a nosotros.

El festín y la charla fueron interrumpidos por el sonido de mi teléfono.

Era un mensaje de Giu diciéndome que la llamara cuando estuviese libre.

No le contesté porque no me parecía de buena educación usar el teléfono en la mesa, pero me quedé con la duda rondando en mi mente.

Tal vez la sensación de incomodidad que me inundó ayer cuando Fiero se fue de fiesta fue un presagio.

Porque estaba claro que algo había pasado.

Dorian parecía haberse percatado de mi cambio de humor porque no paraba de mirarme extrañado.

—¿Todo bien? —preguntó finalmente.

Me limité a asentir. Aunque la forma en la que ladeó un poco la cabeza me indicó que no parecía muy convencido.

—Así nunca vamos a dar el pego como pareja, Alessandra —bromeó haciendo alusión a los comentarios del equipo que nos acompañaba.

Mis labios se elevaron levemente hacia arriba.

—Suficiente he tenido ya con que no se tomen en serio mi relación real —las palabras brotaron de mis labios.

Aún así era real, llevaban años poniendo en duda mi relación con Fiero por el simple hecho del poco cariño que mostrábamos en público.

—Si hay tanta duda detrás, tal vez es porque no es tan real —añadió antes de meterse el tenedor en la boca despreocupadamente, pero su mirada buscaba una reacción que no le di.

Sabía que no se refería a las dudas de los demás, se refería a mis propias dudas. Siempre lo hacía, esas frases con segundas intenciones, como si me conociese incluso mejor de lo que me conocía yo misma. Lograba sacarme de quicio.

Había logrado revolver algo dentro de mí, pero no era el momento de pensar en ello, tenía que estar enfocada porque aún nos quedaban horas de grabación. Así que lo ignoré.